
Reconocida por su premiada novela ‘La caja de los miedos’, que le abrió las puertas de la profesión literaria, esta experta en Mediación y Resolución de Conflictos analiza su presente y futro, la situación del sector… Y el nombre que se pondría en caso de que la industria del cine llame a su puerta

Arancha García Roces es licenciada en Derecho y experta en Mediación y Resolución de Conflictos, desarrollando su carrera de letrada en Derecho de Familia y Derecho Civil. Un buen día, en el año 2022, una llamada de teléfono cambia su vida. Acababa de ganar el Premio Literario ‘Marta de Mont Marçal’ con su novela ‘La caja de los miedos’.
Esta es su historia.
Ahora solo se dedica a escribir…
Y a cuidar de la familia porque, cuando dejas una profesión, los de casa se acostumbran a que los cuides.
¿Tiene hijos?
Una hija de 19 años, y un marido.
(nos reímos) Oiga, ¿y se puede vivir de la venta de libros?
No, ahora mismo no, aunque tengo esperanzas, porque es una carrera que va poco a poco. ¡Bueno! También es como una lotería, porque es un mundo muy difícil.
Como quien dice, «hay que dar el campanazo». ¿Qué hay que hacer para darlo?
Escribir una historia muy, muy interesante. No le diría tanto que fuera comercial, sino que llegue a la gente, que sea diferente, distinta… Que enganche. Y, por supuesto, contar con un buen marketing.
Y tener algún libro publicado, ¿también?
¡Claro! Y una carrera profesional previa también es importante tenerla, aunque, como sabe, no es imprescindible.
Su primer libro.
‘La caja de los miedos’.
¿Pero no se llamaba ‘Fatalidad’? ¡Meca, me estoy liando!
No, no se está liando. En un principio la titulé ‘Fatalidad’ porque me molaba muchísimo, me parecía genial…
Pero la editorial se lo cambió.
Blanca Rosa Roca era una editora independiente que, en su día, decide unirse a Penguin Random House. Ella fue la que pensó en el título con el que se publicó. Por cierto, Blanca Roca hizo un trabajo admirable ella sola, hasta que se unió a Penguin.
Con esa novela, ‘La caja de los miedos’, gana un premio importante…
Sí, el ‘Marta de Mont Marçal’ que, desafortunadamente, ya no existe. Era un galardón literario internacional creado para dar voz y visibilidad a mujeres escritoras.
Creado por mujeres para mujeres.
Exacto. Esos premios, que son ‘pequeñitos’, permiten que todo el mundo pueda llegar a ellos. Sobre todo, son premios honestos. Y aquí estoy yo para demostrarlo. A mí, en Roca no me conocía nadie (se ríe). Para nada… Pero, al ganar el premio, me publicaron el libro.
Cuando toma la decisión de dirigir su carrera laboral por otra vertiente, digamos, tan abstracta, ¿cómo hace? ¿Escribe para presentarse a concursos?
No, yo empecé presentando mi trabajo a editoriales, pero la mayoría de ellas dan la callada por respuesta. Cuando me di cuenta de que eso no surtía efecto, probé con los concursos. Sabía que era muy difícil también, pero pensé que no perdía nada.
Mejor eso que se quedara el escrito en un cajón.
¡Claro! Mire, yo respeto totalmente la autopublicación, pero quería formar una carrera literaria y, también, dar seguridad al lector.
Que pasara un filtro.
Para demostrar la calidad literaria y que no me comprara el libro mi familia y amigos y además autoengañarme.
(Nos reímos) Y que le dijeran, aunque no, que era estupendísimo.
Por eso decidí presentarme a concursos. Hice una ronda y me decidí por el ‘Mont Marçal’. Fue como una intuición.
¿Qué hizo cuando le avisaron de que era la ganadora?
Estaba durmiendo la siesta, y mi hija me llevó el móvil y me dijo que era un número muy largo, que debía de ser algo comercial.
¡Vaya!
Mire, y cuando me dicen que soy la ganadora… ¡Uf! Es un subidón de alegría, de ilusión… Felicidad pura. Yo solo sabía decir «Me habéis cambiado la vida».
Y hasta hoy.
Nunca olvidaré cuando tuve que ir a recoger el premio a Barcelona. Me hicieron entrevistas…
Bien, tiene el premio y dos libros publicados. ¿Ahora?
Pues seguir escribiendo. Porque lo más difícil después de un premio es mantener los pies en la tierra, y seguir escribiendo para que me sigan publicando. Menos mal que el premio incluía una agencia literaria que es Imc, porque si no… Cuando la editorial Roca cambió a Penguin, se olvidaron no solo de mí, sino de mucha más gente.
Tener un agente es lo más importante, por lo que me dice.
Lo más importante, sin duda, porque es el que se encarga de mover el libro por las editoriales.
Este se lo publicó Almuzara.
Eso es, y ahora ya quiero publicar otro.
¡Pero bueno!
Ya lo tengo escrito y corregido. Los abogados tenemos que escribir mucho. Yo creo que tengo mucha inspiración. O, mejor, mucha imaginación. Soy una Géminis de manual. Me gusta el salseo… Porque la gente, en general, me parece muy interesante.
¡Cómo nos parecemos!
Soy fan de los misterios clásicos. Me fascina Agatha Christie. ¡Bueno, y veo ‘Se ha escrito un crimen’! ¡Yo quiero ser Jessica Fletcher!
¡Oiga, que eso es un titular!
Me encantaría vivir en un sitio parecido, porque tendría que ser en Asturias y, por supuesto, sin matar al marido (se ríe).
Y si le ofrecieran hacer una película, ¿qué nombre se pondría? Porque ya sabe que los artistas buscan eso, un nombre artístico.
Tengo que pensarlo…
Y después de unas cuantas risas más, antes de despedirse de miGijón, dio el nombre elegido por si, dentro de un tiempo, vuelve a tocarle la barita del éxito y los cambios.
Fascinada también por otro personaje de ficción, Sherlock Holmes, y por Irene Adler, protagonista de una de las historias del famoso detective, Arancha García Roces pasaría a llamarse Marina Adler.
No descarten nada.