«Gijón es antitaurina, y eso, precisamente, queremos reivindicar», destacan los organizadores de la protesta, convocada en un momento en que vuelve a estar sobre el tapete la prohibición del acceso de menores a los espectáculos taurinos

Puede que la ‘segunda vida’ de las corridas de toros en Gijón esté a las puertas de alcanzar su cuarto año, tras recuperarse en 2023, poco después de la llegada al poder municipal del parcialmente disuelto trío Foro-PP-Vox. Sin embargo, eso no significa que los críticos con semejantes espectáculos estén dispuestos a dar la batalla por perdida. Más bien, todo lo contrario. Con el debate en torno a la posible prohibición de los menores de edad a tales eventos puesta sobre la mesa, el colectivo Asturies Antitaurina ha convocado para este jueves, a la sazón designado el Día Mundial Antitaurino, un acto reivindicativo frente a las ‘letronas’. La concentración, fijada para las 19.30 horas, tiene un objetivo bien claro: visibilizar el rechazo de la mayoría de la población a lo que sus organizadores entienden como una forma de maltrato animal, y ejercer aún más presión en aras de lograr su completa y definitiva desaparición.
«Gijón es antitaurina, y eso, precisamente, queremos reivindicar», afirman los portavoces del colectivo en la convocatoria remitida hoy, un texto en el que insisten en que «la mayor parte de la sociedad asturiana está en contra de las corridas de toros, por mucho que algunos políticos nos quieran vender otra cosa, o los medios de comunicación dediquen páginas y páginas a la tauromaquia». Podría parecer una afirmación hecha a la ligera, pero en Asturies Antitaurina la acompañan con datos. En palabras de su presidenta, Medea López, «el 77% de los españoles rechazamos esta cruel tradición», y las manifestaciones que se celebran frente a la plaza de El Bibio en el arranque de cada nueva Feria de Begoña figuran «entre las más numerosas del país, a pesar de que mucha gente está de vacaciones». Una dinámica que, confía López, se repetirá el próximo mes de agosto.
Y es que, consideran en el colectivo, el mantenimiento de la tauromaquia hace aguas a través de varias vías. Dejando a un lado el hecho incontestable de que «ninguna tradición justifica la violencia», económicamente esa clase de eventos «ni siquiera genera grandes beneficios; si así fuera, ¿por qué cada vez recibe más subvenciones millonarias de las comunidades autónomas para promocionarla? Sin subvenciones, no son nada». Pero es que, además, los defensores del mantenimiento de la tradición «dicen, en contra de toda evidencia científica, que el toro no sufre, o que no es una práctica violenta; simplemente con tener ojos en la cara, este argumento se desmonta». Un conjunto de elementos que, esperan en Asturies Antitaurina, llevará a la Junta General del Principado a decretar la prohibición de asistencia de menores, en aras de «alejarlos de la violencia».