jueves, febrero 25, 2021

“Belleza, trascendencia e inmensidad”: este es el rincón favorito de la galerista Gema Llamazares en Gijón

Apasionada del arte desde joven, Gema Llamazares tenía un propósito que cumplir, y hace tiempo que lo hizo realidad. En 2005 abría su propia galería en el centro de Gijón. Y desde entonces, ha trabajado para difundir y promocionar el arte contemporáneo en la ciudad. Más de 15 años después puede decirse que lo ha conseguido con creces. El espacio se ha convertido en una de las salas de arte de mayor prestigio de toda Asturias. Y parece que será así por mucho más tiempo.

Hace tan solo unos días su hija Diana tomaba el relevo de la dirección en la Galería Llamazares, después de años trabajando mano a mano con su madre. Juntas han construido un proyecto que pone en valor el arte en la ciudad. Ésta ha sido su profesión durante tres lustros, pero también su pasión. Así no es de extrañar que de todos los rincones de Gijón, Gema elija como su favorito un icono de la ciudad y una de las creaciones más emblemáticas: el Elogio del Horizonte. “Me transmite trascendencia, plenitud, belleza, inmensidad… Hay muchos lugares bonitos en Gijón, pero de todos éste es el más especial”.

¿Por qué el Elogio del Horizonte?

Para una enamorada del arte como Gema, el Elogio del Horizonte es un imprescindible. “Me quedo con la zona que va desde San Pedro hsta la atalaya, donde siempre me hipnotiza el Elogio del Horizonte”, explica Llamazares.

La escultura, que celebró en 2020 su 30 aniversario, es obra del artista vasco Eduardo Chillida y se ha convertido en todo un símbolo de la ciudad. Chillida quería un lugar privilegiado para esta obra, y se quedó fascinado cuando visitó por primera vez el sitio en el que está ubicada en la actualidad. El autor buscaba un enclave extenso y alto, acorde con las dimensiones que le quería dar a la escultura, y lo encontró en el cerro de Santa Catalina.

“Son muchos los momentos mágicos allí vividos”, relata Llamazares, aunque recuerda como especialmente “entrañable” cuando lo visitó con Pedro Chillida, el hijo mayor de Eduardo, y su mujer Idoia. Allí, ante la obra y frente al Cantábrico, “me relató los numerosos viajes que hizo desde San Sebastián a Gijón con su padre durante la construcción”.

Gema tiene muy buena relación con Pedro porque él, al igual que su padre, es artista. “Pedro es pintor y escultor expuso en dos ocasiones en nuestra galería, la primera en el 2007 y la segunda en el 2011”. Entre ellos se ha forjado una relación profesional, pero también de amistad, y ha tenido la suerte de estar con él en su estudio y casa de San Sebastián. “Toda la familia heredó de su padre la bonhomía, son encantadores”, asegura Llamazares.

La pasión de Gema Llamazares por el arte

Licenciada en Historia del Arte en Oviedo, fue socia y trabajó durante varios años en una sala de arte. “Así me adentré en este mundo”, cuenta. Aunque fue más tarde cuando se dio cuenta de que “lo que realmente quería era una galería de arte contemporáneo”. De ahí surge la galería que vio la luz en el 2005.

La galería Gema Llamazares fue su “gran apuesta personal y profesional”. En estos 15 años al frente, ha habido mucho esfuerzo detrás, pero también muchas satisfacciones. La sala destaca por su marcada identidad femenina, priorizando el trabajo y las colaboraciones con mujeres artistas y comisarias. Y ahora es otra mujer, su hija, Diana Llamazares, la que toma las riendas.

Gema cuenta que ceder el testigo a su hija “ha sido una de las decisiones que más satisfecha me hace sentir”. Si echa la vista atrás piensa en todo el trabajo compartido con ella durante todos estos años, “tantos retos y proyectos que no han hecho más que enriquecer su bagaje profesional, con el que ella ahora cuenta para ponerse al frente de la galería”. Ahora su deseo es que la Galería Llamazares siga creciendo, “a pesar de los tiempos complicados”. El trabajo, ética, coherencia y tesón que las caracteriza hará que sea posible.

Llamazares asegura que puede pasear por las inmediaciones de su rincón favorito mucho menos de lo que le gustaría. Ahora que su carrera profesional le da un pequeño respiro, quizás tenga tiempo para hacerlo con más frecuencia, para disfrutar de ese entorno “ya por sí único”, al que si le añades “la inmensidad del tótem se convierte en un lugar mágico”.

Por María Lastra

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