
El gobierno asturiano, por un puñado de votos, por un puñado de la nada, se está dejando arrastrar por el discurso anticientífico y el trumpismo agrario que alimenta las matanzas de lobos y que desangra y desgarra nuestro patrimonio natural

Una manera bastante fiable para conocer el pulso político y social de una sociedad es fijarse en los pánicos morales que lanza la Reacción y que alimentan cierta prensa sin escrúpulos. Por ejemplo, la génesis del culto MAGA de los Estados Unidos se puede trazar con precisión en el estallido del pánico satánico que asoló el país entre los años ochenta y noventa y que vivió su máximo esplendor en zonas muy castigadas económicamente por la desindustrialización y la crisis agraria, que llevaban abandonas por las instituciones durante décadas -especialmente en todo lo concerniente a la educación y las políticas sociales- y que contaban con una población mayoritariamente blanca, iletrada y muy influenciada por un tipo de cristianismo muy infantiloide, literal y fundamentalista.
Lo mismo podría decirse también del pánico moral que alentaron algunas autoproclamadas maestras del feminismo contra las personas del movimiento LGTBI+, especialmente contra las mujeres trans. Una campaña de odio y mentiras que destapaba las miserias de un feminismo ejercido por mujeres blancas, eurocentristas y privilegiadas que sentían que las nuevas generaciones las iban dejando atrás.
Y es que los tiempos cambian. A veces para mejor, a veces para peor. Y cada generación siente en un momento dado que la vida les va dejando de lado, que avanza y que ellos y ellas se van volviendo irrelevantes, pasados de moda. Ante esto caben dos alternativas: abrir los oídos y la mente, acercarse a las nuevas generaciones con curiosidad y establecer con ellas puentes de comunicación y entendimiento mutuo o enfadarse y patalear porque se ha dejado de estar en el centro del relato, porque el mundo que conocías ha dejado de existir.
Es así cuando los pánicos morales nacen, pues surgen del miedo, la desconfianza, las pataletas y la absurda pretensión de que todo siga como estaba antes. Ese antes indefinido en el que se era más joven o se estaba más seguro ante la realidad que te rodeaba simplemente porque el mundo estaba hecho para ajustarse perfectamente a nuestras siluetas. Y no pasaría nada si los pánicos morales se quedaran simplemente en una pataleta, el problema es que esas pataletas suelen tener consecuencias nefastas, ya que todo discurso de odio -y los pánicos morales lo son- alimenta la violencia política y física contra el sujeto al que se teme, al materializarse en políticas discriminatorias, crueles y ridículas que ponen el peligro la convivencia y están elaboradas desde criterios anticientíficos y cortoplacistas y que tienen además consecuencias irreparables y trágicas.
Porque el pánico satánico se saldó con decenas de personas que acabaron en la cárcel -algunas en el corredor de la muerte- acusadas de delitos delirantes que, a pesar de haber sido exoneradas cuando la histeria colectiva se desvaneció, siguen sufriendo a día de hoy las secuelas de la persecución social, política y judicial. Y lo mismo ha ocurrido con las mujeres trans, que están siendo expulsadas de los espacios públicos, especialmente del deporte, por culpa de unas políticas que desoyen la ciencia y, por encima de todo, le dan la espalda a la ética y los derechos de esas mujeres.
En Asturies por desgracia no estamos libres tampoco de generar nuestros propios pánicos morales, pues llevamos décadas alimentando el odio hacia una especie, la del lobo ibérico, que se ha convertido en la diana favorita de todo el pensamiento reaccionario y en la excusa perfecta para evitar aceptar que la Asturies que conocíamos, la Asturies del Paraíso Natural, es simplemente una ilusión que hace tiempo que se ha desvanecido.
Parece que no acabamos de entender que patrimonio natural de Asturies no les pertenece a las personas del medio rural, de la misma manera que el patrimonio lingüístico no les pertenece exclusivamente a los hablantes de asturianu, sino que es un regalo que toda la sociedad asturiana está obligada a cuidar, defender, proteger, preservar y entregar a las generaciones futuras en mejores condiciones que como se lo encontró. Y estas a su vez han de hacer lo mismo en un ciclo interminable de cuidados y respeto por el medio natural. Y cuando antes entendamos esto, antes podremos ponernos manos a la obra para reconstruir la convivencia -necesaria, obligatoria, indispensable- entre el ser humano y la fauna salvaje, entre el mundo que fue, el mundo que es y el mundo que vendrá.
Sin embargo, el gobierno asturiano, por un puñado de votos, por un puñado de la nada, se está dejando arrastrar por el discurso anticientífico y el trumpismo agrario que alimenta las matanzas de lobos y que desangra y desgarra nuestro patrimonio natural. Una política ciega y sorda ante la realidad, la ética, la ciencia y la sociedad asturiana que contempla con horror las batidas de lobos.
La sentencia del Tribunal Supremo ha supuesto, por el momento, el fin de estas matanzas innecesarias e inmorales, aunque nuestro Consejero de Medio Rural, Marcelino Marcos, no parece haberse dado por aludido, de la misma forma que el propio Gobierno asturiano y sus socios tampoco quieren entender lo que la sociedad les está reclamando, pues la postura que han adoptado con respecto a la pesca de la angula augura un futuro siniestro para todo el patrimonio natural de Asturies y, por eso mismo, para toda la ciudadanía.
Bienvenidos entonces a esta Gran Extinción Asturiana. No tardarán, eso sí, en llegar los lamentos y los golpes en el pecho. Pero llegarán, como siempre, demasiado tarde.
Curioso que todo desacuerdo rural se convierta automáticamente en “pánico moral”.
Debe de ser que cuando te matan ganado no estás perdiendo dinero, estás manifestando un trauma generacional mal gestionado.
Igual el problema no es que exista el lobo, sino que el coste no lo asume quien lo defiende con entusiasmo desde la ciudad.
Hablar de trumpismo agrario queda muy bien en columna cultural.
Pero una oveja muerta no es una metáfora. O las mordeduras son un constructo social?
Soy bisnieto y nieto de cabrero y ovejero, y siempre me fascinaban las historias de dormir en el monte, los mastines y perros que acompañaban, vigilar a las cabras, no sólo del lobo, al que escuchaban en las largas noches al raso, sino de que no se pierdan, de que no se despeñen o incluso, que no las roben.
Porque hay que dejar las vacas en el monte, a veces a km de «casa» con 2 alambres ??? Quizá sea pk hay una app que te monitoriza el cercado y no tienes que subir al monte na más que para sacar beneficio??
Quizá sea pk pastan en terrenos que no son propios….???
La ganadería será dura, pero ya vale de quejas. Subvencionados a tope (no conozco ningún negocio que tenga pérdidas año a año y siga en pié.), y cualquier pérdida de un animal es por el lobo . Sólo tiene que firmarlo el agente del SEPRONA (con conocimiento de causa).
En Asturias hay animales salvajes, muchos depredadores, pero para los grandes defensores de la naturaleza, como son los cazadores, pescadores y ganaderos extensivos, (nótese la ironía). son amenazas…
Casi acaban con el corzo, con el urogallo, con el oso, con el gato montés, con la anguila y angula, con los oricios, con la trucha y el salmón….
Sí trumpismo agrario, pk sólo sirve una dirección… matar al lobo… después será el oso. Cuando no haya lobo y se desequilibre el hábitad, veremnos….