Desde esta mañana el que fuese encargado de inaugurar la temporada del año pasado permanece amarrado en el muelle Romualdo Alvargonzález, y ha dejado en tierra a muchos de sus casi 2.000 pasajeros; zarpará a las cinco hacia Santander

Reino Unido está hoy en boca de todo el mundo. Es lo esperable después de que ayer, en un mano a mano memorable, la Selección Inglesa de Fútbol se viese superada por la de Argentina por dos goles a uno, cerrando a los súbditos de Su Majestad el camino hacia la final del Mundial. Sin embargo, este jueves hay una segunda razón por la que, en Gijón, la nación insular está en boca de buena parte de los vecinos de la ciudad. Y esa razón es la presencia en El Musel, desde primera hora de la mañana, de un monstruoso buque de pasajeros de casco blanco, sí, pero con una gigantesca ‘Union Jack‘, la enseña nacional británica, pintada en su sección de proa. Toda una declaración de intenciones para un crucero que es, de hecho, ya conocido para los gijoneses. Se trata del MS ‘Arcadia’, uno de los veteranos de la naviera angloestadounidense P&O Cruises, enfrascado de una singladura de siete días desde y hasta su puerto base, Southampton. Su viaje, que ya ha incluido La Coruña, proseguirá esta tarde hacia Santander y Guernesey, antes de regresar a casa el 20. Un regreso a celebrar para un barco que, en abril del año pasado, inauguró aquella temporada crucerista.
El ‘Arcadia’ puede presumir de rezumar un inconfundible toque british por sus cuatro costados. Y eso que fue un astillero italiano, el reputado Fincantieri de Marghera, el receptor del encargo, hecho en 2000 por la naviera estadounidense Holland America Line para dotar a su flota de un quinto buque de la exitosa ‘clase Vista’. Así, la quilla del futuro ‘Arcadia’ fue puesta en grada el 12 de julio de 2003, con la idea de que se integrase en la histórica Cunard Line, subsidiaria de Holland America; sin embargo, poco antes de su botadura -ocurrida el 26 de junio del año siguiente-, se decidió transferirlo a la también subsidiaria P&O. Fruto de aquel cambio de última hora, el ‘Arcadia’ puede presumir de contar con algunos detalles exclusivos de los buques de la Cunard -que, no lo olvidemos, fue la gran rival de la White Star Line, propietaria del malogrado ‘Titanic’, en la época dorada de los trasatlánticos-. Los más evidentes son el diseño del mástil que se yergue sobre el puente de mando, y la chimenea, calcada de la del ‘Queen Elizabeth II’, orgullo de la Cunard. Basta comparar ambos elementos del ‘Arcadia’ con los de sus gemelos de la P&O, el ‘Oriana’ y el ‘Aurora’, para comprobar tales diferencias.
Por lo demás, no cabe duda de que el crucero que hoy descansa en el muelle Romualdo Alvargonzález es un titán de los océanos. Con casi 290 metros de eslora, 32,2 de manga, un calado de ocho metro y un desplazamiento de 84.342 toneladas, el ‘Arcadia’ cuenta con la friolera de once cubiertas, que dan servicio a los alrededor de 2.000 cruceristas que disfrutan de sus instalaciones. Piscinas, salones de baile, gimnasios y otras comodidades integran la oferta de un ‘hotel flotante’ cuyo funcionamiento está en manos de una dotación de 866 profesionales, entre personal de hostelería y marinos de distintas especialidades. En fin, una criatura marina grande, elegante y pesada, muy pesada, a la que dan propulsión seis motores diesel capaces de producir, una vez combinados, hasta 69.520 caballos de potencia, lo que se traduce en una velocidad punta de veintidós nudos. Un poder que convierte al ‘Arcadia’ en una auténtica joya oceánica, y cuya inconfundible silueta los gijoneses podrán contemplar hasta que, a las 17 horas, suelte amarras y se interne en el Cantábrico, aproando al este.