El delantero colombiano, integrante de la plantilla del Sporting 06-07 bajo las órdenes de Manuel Preciado, participó en el podcast ‘El cafelito’ de Josep Pedrerol, donde habló de su etapa en Gijón; «ese año fue espectacular, teníamos un equipazo, pero eran todos niños. Quini me ayudó mucho», confiesa
Recordó su gol ante el Numancia: «Si no hubiese entrado, el Sporting no estaría donde hoy está. Era una situación muy delicada y el equipo estaba a punto de desaparecer; mucha gente no sabe la magnitud de ese partido»

La etapa en el Sporting ocupó parte de la entrevista de Josep Pedrerol a Edwin Congo en su podcast ‘El cafelito’. Mareo, Quini, el partido con el Numancia y la entrega del Molinón de Plata salieron a coalición en una charla en la que el delantero colombiano, como es habitual, dejó varios titulares. «La imagen mía la di en el terreno de juego. No dejé ni un ápice de sudor; con dos jugadores menos, el que más corría era yo. Yo amo al Sporting de Gijón y quiero mucho a toda la afición», afirmó.
Fue sólo un año, el primero de Preciado, después de la dura temporada del proceso concursal en el que Ciriaco Cano hizo un milagro con una plantilla justa y llena de chavales de Mareo. Una temporada, la 06-07, donde se pusieron las bases del ascenso de la campaña siguiente y en la que el delantero colombiano salido de Once Caldas y con pasado en el Madrid, el Toulouse o el Levante, donde coincidió con el técnico cántabro, fue crucial. «Ese año fue espectacular. Éramos sólo 3 personas mayores, Juanmi y Sastre, el resto todo chavalitos de 18 años. Pablo de Lucas… Teníamos un equipazo, pero todo niños, todos de Mareo», donde «se percibe fútbol al llegar».
«Quini me ayudó mucho», apuntó el de Bogotá. «Un día estábamos haciendo ejecución y bajó y me dijo: ‘¿Por qué te lo piensas tanto? No pienses, sólo tienes que ejecutar; en tu cabeza ya está tu ejecución, ya lo tienes en la mente’. Y yo lo empecé a hacer. Te lo está diciendo el goleador de goleadores, te está dando la clave el goleador de goleadores», relataba con emoción.
No podía faltar en la conversación el gol de ante el Numancia, clave para amarrar la permanencia ese año y para el futuro de la entidad. Fue en el minuto 85, en un partido en el que Mateu Lahoz había expulsado a Samuel y a Míchel. «Si ese gol no hubiese entrado, el Sporting no estaría donde hoy está. Era una situación muy delicada y el equipo estaba a punto de desaparecer; mucha gente no sabe la magnitud de ese partido», remomeró.
«Noto muchísimo el cariño de la gente de Gijón. Allí quedó la espinita de que yo renové», señaló antes de entrar con una de las anécdotas que más se recuerdan sobre el colombiano. Ganador del Molinón de Plata que entregaba la Federación de Peñas Sportinguistas al mejor jugador de la temporada, su salida de Gijón para jugar finalmente en el Recreativo hizo que este colectivo se lo enviara por correo, dejando para la historia aquella imagen de un trabajador de Seur con el entonces presidente, Pepín Braña, recibiendo la placa. «No me ofrecieron ir a recogerlo. Hubiese ido si me dicen de ir a por él», expresó el colombiano, que confesó que «guardo el trofeo y lo tengo en casa. Orgullosamente me lo gané: Molinón de Plata número 50». Y en el tramo final del programa, cuando se le pidió una respuesta sobre equipos y personas concretas , a «Sporting de Gijón» Congo respondió «ilusión».