Empresarios del tabaco, la banca, el azúcar y la siderurgia protagonizaron historias extraordinarias que comenzaron en pequeños concejos asturianos

La historia de Asturias no puede entenderse sin mirar al otro lado del Atlántico. Durante siglos, miles de asturianos dejaron atrás sus pueblos, sus familias y sus raíces para emprender un viaje hacia América que, en muchos casos, no tendría retorno. Lo hicieron buscando oportunidades económicas, escapando de las limitaciones de su tierra natal y confiando en encontrar un futuro mejor. Algunos acabaron amasando grandes fortunas, aunque la inmensa mayoría simplemente consiguió construir una nueva vida.
La relación de Asturias con América comenzó mucho antes de las grandes oleadas migratorias. Ya en el siglo XVI, marinos asturianos participaron en las expediciones de la Monarquía Hispánica. Uno de los más destacados fue Pedro Menéndez de Avilés, nacido en 1519, que fundó San Agustín, en Florida, en 1565. También sobresalió Diego Flores de Valdés, natural de Somiedo, que encabezó una expedición destinada a fortificar y poblar el estrecho de Magallanes.
Sin embargo, fue durante los siglos XIX y XX cuando la emigración adquirió una dimensión mucho mayor. Cuba se convirtió en uno de los principales destinos, seguida de México, Argentina, Chile y Puerto Rico. Muchos jóvenes llegaron a América gracias a familiares o vecinos que habían emigrado anteriormente y que les proporcionaban alojamiento y sus primeros empleos.
De dependientes a grandes empresarios
Entre quienes consiguieron prosperar destaca Anselmo González del Valle, nacido en Oviedo en 1820, que desarrolló una importante trayectoria empresarial vinculada al negocio tabaquero en La Habana. También Juan Antonio Bances, natural de San Román de Candamo, que se convirtió en un destacado comerciante y banquero en Cuba.
Otro caso fue Ramón Argüelles Alonso, nacido en Garaña de Pría, en Llanes, en 1832. En Cuba levantó una considerable fortuna gracias a sus inversiones en el tabaco, los ferrocarriles, la banca y el sector inmobiliario.
México también fue escenario de algunas de las mayores historias de éxito empresarial protagonizadas por asturianos. Íñigo Noriega Lasso, nacido en Colombres, Ribadedeva, en 1853, llegó a convertirse en uno de los grandes empresarios y terratenientes del país durante el Porfiriato, con negocios agrícolas, industriales e inmobiliarios.
Por su parte, Adolfo Prieto y Álvarez de las Vallinas, natural de Sama de Grado, desempeñó un papel destacado en la industrialización mexicana, especialmente en la siderurgia de Monterrey.
En Uruguay sobresalió José María Argul Martínez, nacido en Samartín de Oscos en 1863, que llegó al Río de la Plata en 1876 y desarrolló una importante actividad hotelera e inmobiliaria en Montevideo.
Los asturianos que construyeron una comunidad al otro lado del océano
Pero la emigración asturiana no se limitó a las grandes fortunas. Miles de personas trabajaron en comercios, talleres, explotaciones agrícolas y pequeños negocios. Su principal apoyo fueron las redes de paisanos, que facilitaron la integración de los recién llegados.
En Cuba, estas relaciones dieron lugar a instituciones como el Centro Asturiano de La Habana y la Quinta de Salud Covadonga, que proporcionaban asistencia sanitaria y apoyo social a los emigrantes.
También surgieron auténticas dinastías empresariales. Una de las más conocidas fue la familia Rionda, originaria de Noreña. Manuel Rionda emigró a Cuba en 1870 y desarrolló una destacada trayectoria en la industria azucarera, que acabaría proyectándose internacionalmente a través de sus sucesores.
Aquella emigración dejó una huella que continúa presente en las relaciones entre Asturias y América. Los hijos y nietos de quienes cruzaron el océano mantuvieron, en muchos casos, los vínculos con sus orígenes familiares.
Detrás de los grandes apellidos y las fortunas hubo miles de historias anónimas. Personas que salieron de pequeños pueblos asturianos sin saber si regresarían algún día y que contribuyeron a construir una comunidad cuya influencia económica, social y cultural trascendió generaciones.