‘La Sociedad Automática’ pone frente al espejo nuestra dependencia de los algoritmos y advierte sobre las decisiones que estamos dejando en sus manos
¿Acabarán los algoritmos dominando el mundo o, en cierta medida, ya lo están haciendo? Esa es una de las preguntas que plantea una nueva entrega del Canal Prestosu de Caja Rural de Asturias, que se adentra en La Sociedad Automática, la exposición que puede visitarse en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial y que coloca al espectador ante un futuro —y un presente— en el que las máquinas ocupan cada vez más espacios tradicionalmente reservados a las decisiones humanas.
El vídeo cuenta con la participación de Patricia Villanueva Illanes, responsable de Exposiciones y Residencias de LABoral Centro de Arte, quien analiza algunas de las cuestiones que plantea la muestra de Félix Luque. El punto de partida resulta inquietante: imaginar una sociedad en la que las máquinas continúan funcionando aunque el ser humano haya dejado de ocupar el centro.
«Vamos delegando poco a poco nuestras decisiones en máquinas y en algoritmos pensando en una supuesta eficiencia, pero no estamos pensando cuáles son las consecuencias», advierte Villanueva. Una realidad que, lejos de pertenecer únicamente a la ciencia ficción, ya se encuentra presente en numerosos aspectos de la vida cotidiana.
Los algoritmos determinan rutas, recomiendan películas, series o canciones y condicionan buena parte de lo que los ciudadanos encuentran en sus pantallas. Pero la automatización también alcanza terrenos mucho más sensibles. Villanueva señala, entre otros ejemplos, las decisiones relacionadas con determinados entornos laborales o incluso con los posibles receptores de ayudas públicas.
La cuestión, sostiene, no pasa por rechazar los avances tecnológicos, sino por decidir dónde deben situarse sus límites. «Qué queremos que decidan las máquinas, qué queremos seguir decidiendo nosotras y qué consecuencias tiene el generar esa infraestructura de decisión», resume.
La exposición también invita a mirar detrás de conceptos como comodidad, velocidad y eficiencia. Según Villanueva, bajo ese aparente orden pueden esconderse «relaciones de dependencia, de fragilidad, de desigualdad o incluso de explotación». La responsable de LABoral alerta además sobre un modelo que puede contribuir a enriquecer a grandes compañías tecnológicas mientras aumenta la precariedad, el consumo de recursos y determinadas desigualdades.
Frente a ese escenario, la cultura aparece como un espacio especialmente importante para mantener vivo el pensamiento crítico. «El arte, la música, el cine, la literatura… la cultura es uno de los espacios de resistencia», afirma Villanueva, que reivindica estos ámbitos como lugares desde los que observar la realidad desde perspectivas diferentes e incluso incómodas.
Ese enfoque forma parte precisamente de la identidad de LABoral, donde el debate tecnológico trasciende las máquinas para detenerse en sus efectos sociales, económicos y medioambientales. Desde las consecuencias de implementar tecnología sin regulación en el mercado laboral hasta el impacto energético y climático de la proliferación de centros de datos.
Pese a las inquietudes que plantea, La Sociedad Automática no pretende ofrecer únicamente una visión apocalíptica. La muestra también explora alternativas, desde una tecnología diseñada poniendo a las personas y al resto de seres vivos en el centro hasta el papel de la educación para que niños y jóvenes desarrollen una relación más crítica y democrática con ella.
«Las cosas pueden ser de otra manera», concluye Villanueva, que apuesta por un uso responsable y creativo de la tecnología. La Sociedad Automática, coproducida por LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, iMAL, Art Center for Digital Cultures & Technology, Europalia y la Federación Valonia-Bruselas, podrá visitarse en LABoral hasta el 17 de octubre.