La joven, de 14 años, no regresó al centro en el que reside; fuentes cercanas afirman que sus compañeras «no sueltan prenda», por lo que plantean la posibilidad de una fuga, aunque la familia teme que pueda ser «un secuestro», teoría no confirmada

En Villalegre, ese populoso barrio fronterizo que delimita el fin del municipio de Avilés, y el inicio de Corvera, aún persiste el buen sabor de boca dejado por las fiestas patronales del pasado fin de semana. Sin embargo, una nota oscura amenaza con agriar dicho regusto. Desde el pasado sábado Alejandra B. R., de 14 años y residente en un centro tutelado ubicado en el lugar, permanece en paradero desconocido, al no haber regresado a las instalaciones tras haber disfrutado de las celebraciones en compañía de varias amigas. Por el momento, son pocas las informaciones sólidas de que se disponen, más allá de la existencia de una denuncia interpuesta de manera telemática; no obstante, fuentes cercanas al caso han asegurado a este diario que, al menos, dos de esas amigas, compañeras de la ausente en el centro, se están negando a facilitar información sobre lo ocurrido aquella noche, lo que da fuerzas a la posibilidad de una fuga voluntaria. Una opción que, hoy por hoy, descarta la familia de la joven, convencida de que pueda estar siendo víctima de una retención contra su voluntad o, incluso, de un secuestro. En cualquier caso, ninguna de esas posibilidades cuenta aún con confirmación oficial, y el hecho de que la aludida no llevase consigo su teléfono móvil en el momento de los hechos añade un plus de dificultad a la cuestión.
«Estamos destrozadas; no sabemos cómo manejas esto, ni dónde está, ni nada», confiesa Raquel, madre de Alejandra, refiriéndose a sí misma y a la hermana de la desaparecida. Esta última lleva alojada en el equipamiento de Villalegre desde hace unos tres años y, según sus familiares, en este tiempo «nunca había dado problemas, ni había hablado de escaparse, ni nada parecido». Los testimonios aportados a este periódico por quienes la acompañaron parecen confirmar ese punto. Según dichas jóvenes -todas ellas mayores que Alejandra-, conocieron a ésta y a sus dos compañeras de centro el viernes, en la propia fiesta. «Se acercaron a nosotras, nos preguntaron si se nos podían unir, y si podríamos acompañarlas de vuelta cuando llegase la hora de volver; nos pareció bien, y aceptamos», narran las aludidas, que prefieren mantener su anonimato. La velada de esa primera noche transcurrió sin incidentes, y las jóvenes acordaron volver a reunirse el sábado. Sin embargo, esa vez las tres menores tuteladas «bebieron más de la cuenta, y Alejandra hasta fumó unos porros; luego conoció a un chico, y se quiso ir con él». En un momento dado -las fuentes no se ponen de acuerdo en si fue sobre las 22 horas, o alrededor de las 2.30-, la ahora ausente y una de sus dos compañeras se alejaron para buscar un lugar recogido donde orinar. Fue la última vez que la vieron.

«Cuando la otra llegó, borrachísima, empezó a gritar y a insultarnos, a decirnos que estaba harta del centro, que quería fugarse…», ahondan las testigos, que tuvieron que llamar a la Policía Nacional para que la devolviese a las instalaciones. Por su parte, tras percatarse de que Alejandra no estaba, «la buscamos por Villalegre, por La Luz, por Las Vegas… Pero nada, no la encontramos». En este punto, la madre y la hermana de la desaparecida afirman que un vecino no identificado contactó con ellas para informarles de que vio a Alejandra subir a un coche del brazo de un hombre de unos 35 años, caucásico y calvo. Esa información ha corrido como la pólvora por el barrio, llegando a oídos de las amigas a las que la ausente y sus compañeras conocieron ese fin de semana; sin embargo, ninguna de ellas presenció tal cosa, ni tampoco se ha podido localizar al testigo en cuestión, por lo que la veracidad de semejantes afirmaciones están en tela de juicio. Además, al ser un caso que atañe a una menor, ningún organismo oficial -Delegación del Gobierno, Policía Nacional, el propio centro…- está autorizado a facilitar informaciones sobre el particular. Y eso es lo que más exaspera a la familia.
«Nos hemos enterado de todo por las amigas, por las redes sociales y por la gente que nos está llamando, pero nadie con autoridad nos dice nada, y eso no es justo», se lamenta, indignada, Raquel. La familia asegura que, al existir una denuncia previa interpuesta por la desaparición de Alejandra, «no se nos ha dejado denunciar», aunque sí ha recurrido al teléfono 116000, la línea directa para casos de menores desaparecidos gestionada por la Fundación ANAR. Además, existe un punto que escama sobremanera a los allegados de Alejandra: que, tras su regreso al centro de Villalegre, ninguna de sus dos compañeras «ha querido soltar prenda» sobre el destino de la pequeña. Ni siquiera aquella que la acompañó a orinar. «Saben algo, estamos seguras; si hasta en el centro reconocen que es así, pero que no se animan a decir nada», plantea la madre. El flujo de información sin contrastar ha llegado a tal nivel, que determinadas fuentes afirman haberla visto en una vivienda del barrio avilesino de Miranda, datos todos a los que la familia se aferra. «Estamos desesperadas; el centro no coopera, han pasado cuatro días y no hacemos más que pensar en qué le pueden estar haciendo. Esto nos tiene sin vivir», concluye Raquel. Aun así, ruega que todo dato que ayude a esclarecer el paradero de su hija sea transmitido al teléfono 633618390.