Diáspora

15 de octubre de 20205min

Diáspora

15 de octubre de 20205min

“Recién aterrizada en la capital belga tras tres meses de verano playu (…) crucé la puerta del aparentemente oscuro y pequeño establecimiento para encontrarme un auténtico chigre astur

“Lo cierto es que a la decoración del Centro no-y falta detalle: llaman la atención las bufandas del Sporting y del Oviedo –ay, la equidistancia…”


Hace unos meses, la periodista de Televisión Española Almudena Ariza relataba en su cuenta de Twitter un encuentro fortuito con tres taxistas, dos gallegos y un asturiano, en la ciudad suiza de Ginebra. Todos ellos, explicaba la corresponsal, emigrantes de la década de los 60, cuando dos millones de españoles partieron hacia el norte de Europa huyendo de la pobreza y la falta de oportunidades de la España franquista.

La huella de quienes abandonaron nuestro país hace ahora 60 años permanece indeleble en Suiza, Alemania, Luxemburgo y, por supuesto, Bélgica. En el caso de Bruselas, destaca particularmente la presencia de centenares de familias asturianas que, como es habitual entre los migrantes, se sirvieron de las redes creadas entre ellos para ayudarse en sus primeros pasos en ese nuevo mundo al que llegaban tras abandonar la tierrina

Basta con darse un paseo por los alrededores de la Gare du Midi o por el castizo y céntrico barrio de Les Marolles para comprobarlo. Así lo demuestran los restaurantes Asturias, El Fontán o Los Picos de Europa –afamado por su fabada-, y, sobre todo, el popular e irrepetible Centro Cabraliego de Bruselas.

Aunque había oído hablar mucho sobre él, he de confesar mi sorpresa la primera vez que pisé el Cabraliego. Recién aterrizada en la capital belga tras tres meses de verano playu al finalizar mis estudios de máster en Polonia, crucé la puerta del aparentemente oscuro y pequeño establecimiento para encontrarme un auténtico chigre astur. De esos que escasean ya en las ciudades y pueblos de nuestra región. 

Lo cierto es que a la decoración del Centro no-y falta detalle: llaman la atención las bufandas del Sporting y del Oviedo –ay, la equidistancia…- que coronan la barra, las guirnaldas con bandera de Asturias y España que cruzan el alargado local, los escudos de distintos concejos e imágenes del picu Urriellu y otros lugares del concejo de Cabrales y, mi elemento preferido, una fotografía del gobierno autonómico presidido por Tini Areces.

Lo habitual antes de la pandemia era que cientos de jóvenes –mayoritariamente españoles, pero también belgas e italianos– abarrotaran el local cada fin de semana y se mezclaran con los clientes de toda la vida, con los miembros del grupo folclórico asturiano que con frecuencia amenizaban las cenas y, sobre todo, con los hombres que regentan el bar

Siguen siendo los mismos que lo abrieron hace ya muchos años. Los mismos que llegaron a Bélgica en los 60 y que llevan en Bruselas más de medio siglo. Los mismos que, como uno de ellos me comentaba en una ocasión, tienen su vida aquí pero no olvidan su infancia en Asturias, a donde vuelven anualmente.

Lo mejor de pasar una noche en el Cabraliego es tener la oportunidad de conversar con estas personas, conocer sus experiencias e impresiones tras décadas en Bélgica e, inevitablemente, establecer paralelismos entre sus vivencias como migrantes y las de los jóvenes que ahora llegamos a Bruselas. 


En mi último artículo en este periódico hablaba precisamente de esos jóvenes que desembarcan cada mes de octubre en la capital belga para tratar de abrirse paso en el mercado laboral vinculado a las instituciones de la Unión Europea (UE). Siendo una más de esos jóvenes hace ahora dos años, descubrir el Centro Cabraliego y charlar con sus trabajadores significó la constatación de que, si por algo merece la pena el proyecto europeo, es por acabar definitivamente con situaciones como las que empujaron a millones de españoles en los años 60 a partir hacia otros países ante el atraso del suyo. 

Las políticas de cohesión, desarrollo regional y lucha contra el desempleo y la precariedad laboral son claves para lograrlo, y la estrategia europea de recuperación (el fondo Next Generation EU y el Marco Financiero Plurianual 2021-27), una oportunidad única para hacerlo. Por la memoria de quienes emigraron ayer y por quienes hacen las maletas hoy: no la dejemos escapar.


Ana Martínez es colaboradora de miGijón y asistente en el Parlamento Europeo
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