El Principado plantea ampliar los usos permitidos en hórreos, paneras y cabazos para combatir el abandono de uno de los grandes símbolos del patrimonio asturiano

Asturias busca una nueva fórmula para garantizar el futuro de uno de sus símbolos más reconocibles. Hórreos, paneras y cabazos podrían ampliar considerablemente sus posibilidades de utilización gracias a los cambios normativos que prepara el Principado, una transformación que pretende evitar que estas construcciones tradicionales queden condenadas al abandono por falta de uso.
La medida supondría un giro importante en la manera de entender la conservación de este patrimonio. El objetivo ya no sería únicamente proteger físicamente los hórreos, sino facilitar que puedan volver a tener una utilidad compatible con sus características y su nivel de protección.
Según ha explicado la directora general de Patrimonio Cultural, Marta del Riego, la intención es ampliar los usos admitidos en aquellos hórreos, paneras y cabazos que cuenten con protección parcial o ambiental. Entre las posibilidades planteadas aparecen actividades profesionales, turísticas, hosteleras o culturales, siempre sujetas a las condiciones correspondientes y a la preservación de los elementos patrimoniales.
El cambio abre un escenario hasta ahora difícil de imaginar para muchas de estas construcciones. Un hórreo podría albergar determinados usos vinculados a un establecimiento turístico, convertirse en un espacio profesional o incorporarse a una actividad hostelera. No significa, sin embargo, que vaya a permitirse cualquier transformación.
Una de las líneas rojas estaría precisamente en su conversión en viviendas independientes. La ampliación de usos busca proporcionar alternativas a los propietarios sin desvirtuar la naturaleza de estas construcciones ni provocar una transformación indiscriminada del paisaje tradicional asturiano.
La cuestión tiene especial importancia por las dimensiones del patrimonio existente. Asturias conserva alrededor de 14.000 hórreos, paneras y cabazos, repartidos por buena parte de su territorio. Durante generaciones fueron piezas fundamentales de la economía rural, utilizadas principalmente para almacenar y conservar alimentos protegidos de la humedad y los animales.
Los cambios económicos y sociales del campo asturiano han provocado, sin embargo, que muchos hayan perdido su función original. Y cuando desaparece el uso también aumenta el riesgo de abandono, deterioro e incluso desaparición.
Ahí se encuentra una de las claves de la reforma: conseguir que conservar un hórreo no sea únicamente una obligación para su propietario, sino que pueda convertirse también en una oportunidad.
La iniciativa podría tener además consecuencias en el turismo rural. Asturias ha convertido su paisaje, arquitectura tradicional y patrimonio etnográfico en importantes elementos de su oferta turística. Poder incorporar determinados hórreos o paneras a proyectos económicos podría proporcionar una segunda vida a construcciones que actualmente permanecen cerradas o infrautilizadas.
El debate, no obstante, estará en encontrar el equilibrio. Una flexibilización excesiva podría provocar intervenciones incompatibles con el carácter histórico de estas construcciones, mientras que unas restricciones demasiado severas pueden dificultar que los propietarios encuentren incentivos para mantenerlas.
La futura regulación deberá determinar precisamente hasta dónde puede llegar cada transformación, qué construcciones pueden beneficiarse de los nuevos usos y qué condiciones deberán cumplir.
Lo que parece claro es que el Principado quiere cambiar la filosofía con la que Asturias afronta la conservación de uno de sus grandes símbolos. Después de siglos almacenando maíz, fabes, embutidos y otros productos del campo, algunos hórreos podrían entrar ahora en una etapa completamente diferente.
El reto será conseguir que esa nueva vida contribuya a mantenerlos en pie sin hacerles perder aquello que precisamente los convierte en una de las imágenes más reconocibles de Asturias.