Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente los centros de conservación de Gijón, Fuengirola y Valencia refuerzan su llamamiento a «pasar de la preocupación a la acción», siempre de la mano de la ciencia
Episodios veraniegos en mayo, olas de calor cada vez más numerosas e intensas, sequías donde no debería haberlas, episodios meteorológicos extremos… Hoy, en pleno siglo XXI, hay que estar rematadamente ciego, o no desear ver deliberadamente, para ignorar que la Tierra está enferma, y necesita ayuda. Urgentemente, además. Así, Administraciones de todo el mundo, colectivos concienciados y ciudadanos comprometidos diseñan, aplican y perfeccionan estrategias para tratar de detener el avance de ese mal. Sin embargo, existe una fórmula de probado éxito, y en absoluto revolucionaria, que podría marcar la diferencia: el cuidado de la biodiversidad. Y esa es, precisamente, la estrategia que este viernes, Día Mundial del Medio Ambiente, ha querido poner en valor la Fundación BIOPARC, que tiene en el Acuario de Gijón a su máximo exponente en el norte de España. En consecuencia, tanto el centro asturiano como los de Valencia y Fuengirola ha implementado un programa específico de actividades educativas, visitas guiadas y encuentros divulgativos, con el objetivo de acercar la naturaleza a las personas, y transformar la emoción de ese contacto con la naturaleza en compromiso real.
«Conservar especies y ecosistemas no solo protege la vida silvestre, sino que también contribuye a mantener el equilibrio ambiental del que depende nuestro futuro», insisten hoy desde la Fundación BIOPARC, defendiendo una cruzada que, en el caso de las instalaciones de su propiedad, se traduce en la preservación de especies en peligro de extinción, o amenazadas de distintas maneras. Sin ir más lejos, es a esa tarea a la que ha consagrado su actividad el Centro de Recuperación de Animales Marinos (CRAMA), adscrito al Acuario de Gijón, con labores como el cuidado y la devolución a su ecosistema de decenas de ejemplares de tortuga boba (Caretta caretta). En ese sentido, también jugó un papel esencial la incorporación del centro, en 2018, al grupo Rain Forest, lo que consolidó su papel dentro de la red BIOPARC, con su integración en la European Association of Zoos and Aquaria (EAZA), la colaboración con el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y la alianza con la Fundación ‘Príncipe Alberto II de Mónaco’, suscrita esta semana. Pruebas todas de que, para la Fundación, «la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad son desafíos inseparables».



