El proyecto traslada conocimiento técnico al tejido empresarial y advierte del papel clave de la gestión hídrica ante el cambio climático

Gijón volvió a mirar este jueves hacia uno de esos debates que ya no son solo ambientales, sino claramente económicos: cómo gestionar el agua en un contexto cada vez más exigente. El Edificio Impulsa, en el Parque Científico Tecnológico gijonés, acogió la jornada de clausura de AquaSmart Transfer, una iniciativa impulsada por la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y Gijón Impulsa que ha trabajado durante meses en trasladar conocimiento especializado sobre gestión sostenible del agua al tejido empresarial local. La sesión, bajo el título «Hacia una gestión inteligente del agua», sirvió para poner negro sobre blanco una conclusión que sobrevuela ya buena parte del sector: gestionar bien el agua no es solo una cuestión de responsabilidad ambiental, sino una condición creciente para la competitividad empresarial.
Durante la jornada intervinieron representantes institucionales y técnicos vinculados al proyecto, entre ellos la directora del Área de Desarrollo Empresarial de FADE, Leticia Bilbao; la vicealcaldesa de Gijón, Ángela Pumariega; el ingeniero consultor César Prieto; y Santiago Lanza, responsable de la asistencia técnica. Todos ellos coincidieron en subrayar el cambio de paradigma que atraviesa este ámbito. El proyecto, financiado a través de la convocatoria de incentivos al ecosistema empresarial de 2025 de Gijón Impulsa, da continuidad a una primera fase -AquaSmart Gijón- en la que se analizó cómo gestionaban el agua las empresas locales y cuáles eran sus principales debilidades. A partir de ese diagnóstico, AquaSmart Transfer ha desarrollado cuatro talleres técnicos entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, centrados en cuestiones clave como la digitalización del ciclo del agua, la adaptación al cambio climático, la economía circular o la medición de la huella hídrica.
En ellos participaron compañías y entidades de peso -desde industria pesada hasta ingeniería o gestión pública del agua- en un formato que combinó ponencias, casos prácticos y espacios de intercambio. Una fórmula que, según los organizadores, ha permitido conectar el conocimiento técnico con la realidad operativa de las empresas. Una de las ideas que más se repitió durante la jornada fue la necesidad de desmontar ciertas percepciones arraigadas. «En Asturias existe la sensación de abundancia de agua, pero ya hemos vivido episodios de sequía y todo apunta a que serán más frecuentes», advirtió Leticia Bilbao. Un aviso que sitúa a la región en un escenario donde la planificación deja de ser preventiva para volverse necesaria.
En esa misma línea, la vicealcaldesa Ángela Pumariega insistió en que la eficiencia en el uso del agua forma parte ya del núcleo duro de la competitividad empresarial. No solo desde el punto de vista ambiental, sino también económico. «Hablamos de sostenibilidad en sentido amplio», señaló, vinculando el proyecto con la estrategia de ciudad y con la necesidad de que el tejido empresarial mantenga una visión de futuro sólida. Las conclusiones del informe final apuntan precisamente a ese cambio de enfoque. La gestión del agua deja de ser una cuestión meramente operativa para convertirse en un elemento estratégico que condiciona la resiliencia de las empresas. La digitalización, la reutilización del recurso o la medición de su uso aparecen como líneas de trabajo prioritarias en un contexto marcado por el cambio climático y por futuras exigencias regulatorias.
Entre las recomendaciones, el proyecto plantea avanzar en sistemas de monitorización, incorporar el riesgo hídrico a la planificación empresarial, reforzar capacidades técnicas y mantener espacios de colaboración estables entre empresas e instituciones.