El centro se impone al equipo de IES ‘Montevil’, posicionado por sorteo a favor de la medida, en una final sumamente reñida, celebrada en el CMI ‘Gijón Sur’; la joven Judit Murias, del centro vencedor, se alza como Mejor Oradora de esta octava edición del certamen

Vamos a ser directos, claros y precisos. ¿Quiere usted, estimado lector, imponerse en una conversación? ¿Desea que su idea sobre un determinado tema triunfe entre su audiencia y, puestos a fantasear con llegar un paso más allá, logre ese milagro que es cambiar la manera de pensar de las personas? Si eso es a lo que aspira, estudie en profundidad el asunto en cuestión, extraiga los argumentos más sólidos que puedan apuntalar su punto de vista, trate de prever las jugadas dialécticas de sus contrincantes… Y, sobre todo, intente llegar a la mente, sí, pero, sobre todo, al corazón. Con trazo grueso, y añadiendo a todo lo anterior una buena dosis de adiestramiento, es así como se puede llegar a perfeccionar el arte de la dialéctica. Una serie de habilidades muy concretas que ayer, en la final de la VIII Liga de Debate Escolar de Gijón, el equipo adscrito al IES ‘Jovellanos’ demostró no solo tener, sino también controlar a la perfección. O, al menos, lo suficiente, a criterio del jurado -integrado por los periodistas Marcos Martín, del diario La Nueva España; Nico Martínez, de la cadena COPE, y Borja Pino, de miGijón-, para imponerse a su rival, el IES ‘Montevil’, en un reñido último duelo verbal, librado después de que los centros públicos ‘El Piles’, ‘Emilio Alarcos’ y ‘Rosario de Acuña’, y el concertado ‘Virgen Mediadora’, quedasen en el camino. Pero, por encima de todo, fue un cara a cara centrado en un tema de rabiosa actualidad no solo para el conjunto de la sociedad, sino también – y especialmente, dada su juventud-, para los protagonistas del mismo: ¿debe prohibirse totalmente el acceso a las redes sociales a los menores de 18 años?
Lo abultado de la agenda cultural gijonesa obligó a reemplazar el Teatro Jovellanos, tradicional escenario de este acontecimiento, por el Centro Municipal Integrado (CMI) ‘Pumarín-Gijón Sur’… Pero fue el más puro azar el que quiso que, en ese debate de cierre, en el que los contendientes se jugaban el todo por el todo, los estudiantes del ‘Jovellanos’ tuviesen que posicionarse en contra de la prohibición, un papel radicalmente distinto al ejercido en el que fue el primer cara a cara de la vela, disputado contra el equipo del IES ‘El Piles’. En aquel primer lance la combinación de técnica dialéctica, lenguaje gestual, coordinación interna y argumentos sólidos en defensa de la prohibición -con ideas tales como la urgencia de combatir el acoso digital, o la necesidad de mantener a la juventud alejada del peligro de las redes hasta que se construya una nueva sociedad- hicieron a los muchachos del ‘Jovellanos’ imponerse a sus rivales, cuyas tesis contrarias a censurar el acceso juvenil a las redes -su utilidad para compartir información, para combatir la soledad o para encontrar un lugar en comunidades minoritarias-, aunque meritorias, no convencieron al jurado.

El segundo mano a mano lo protagonizaban el ‘Virgen Mediadora‘, al que se le asignó defender la prohibición, y el ‘Emilio Alarcos’, crítico con ella; fue, sin duda, el combate más equilibrado, y ambos conjuntos desplegaron habilidades sobresalientes, aunque insuficientes para clasificarse para la final. Una final a la que precedió la tercera y última ‘semi’: la que midió al ‘Montevil’ con el ‘Rosario de Acuña’. Por pura casualidad, el primer equipo tuvo que atrincherarse en la misma defensa de la prohibición que sostendrían en esa final que aún no sabían que disputarían. Y los intentos del ‘Rosario de Acuña’ por dominar el debate, poniendo el foco en aspectos como la limitación del desarrollo personal que supondría restringir el acceso a las redes, o la necesidad de incidir en educación, no bastaron para doblegar los argumentos del ‘Montevil’, que afeó la politización de dichas plataformas digitales, la susceptibilidad de la juventud a ser influenciada debido al insuficiente desarrollo de su corteza prefrontal, y el peligro que esas potenciales alteraciones del pensamiento podrían tener. Para el jurado, fue suficiente; por un escaso margen, el equipo del ‘Montevil’ pasaba a la final.
Ya en ese punto se había hecho patente que la calidad en el debate de las distintas formaciones, clasificadas o no, era altísima; sin embargo, la lucha final fue, como no podía ser de otro modo, titánica, si bien no exenta de errores. Cómodos al verse en la misma posición de rechazo de la prohibición que en su liza con el ‘Rosario de Acuña’, los del ‘Montevil’ abrieron repitiendo exactamente la misma introducción utilizada entonces, una adaptación del popular juego de cartas UNO a las ventajas, sin ignorar sus peligros, que las redes sociales tienen para niños y adolescentes. Ante eso, el combinado del ‘Jovellanos’, forzado a pasar del apoyo a la restricción a criticarla, bombardeó a su oponente con datos, teorías y metáforas. Es más, sus integrantes plantearon una estrategia en varias fases para combatir el peligro que suponen las redes sin recurrir a limitar radicalmente el acceso de los menores a ellas: crear perfiles infantiles y juveniles eficaces, reforzar el control parental, potenciar las verificaciones de edad y, por encima de todo, educar, tanto a los propios jóvenes como a sus familias. Se trataría, apuntaron, de evitar «quemar toda Roma para castigar a Nerón», y de no caer en la, con frecuencia, idealizada ‘retrotopía’; es decír, la involución hacia un pasado idealizado como utópicamente mejor. Por contra, el ‘Montevil’ jugó la carta de la «paradoja de la soledad», resumida en la sensación de aislamiento real pese a la abundancia de amistades digitales, e incidió en los riesgos psicológicos de la redes, acusándolas de ser pieza clave en la proliferación del ciberacoso, de la ansiedad, de la depresión y, en casos extremos, del suicidio. Fue una movilización de recursos sólida, bien acompañada de una puesta en escena efectiva… Aunque, a la postre, insuficiente. Finalmente, el jurado daba por vencedor al ‘Jovellanos’. Y no solo eso; una de sus alumnas, Judit Murias, era nombra por unanimidad Mejor Oradora de esta octava edición de la Liga.

El mismo conductor de los debates, David Vega, de la Asociación Cultural ‘Habla Gijón’, felicitó a todos y cada uno de los contendientes, al igual que Marcos Juez, a la sazón jefe del Departamento de Juventud y Educación de la Fundación Municipal de Cultura y, por extensión, principal organizador del evento. De hecho, antes incluso de que se disputasen los cuatro duelos Juez ya elogió la participación y el esfuerzo hecho por los alumnos de los diferentes centros durante el curso, enfatizando que, en un futuro cada vez más dominado por una tecnología de imprevisibles consecuencias, «estas competencias serán más importantes que nunca ante el riesgo de dejar tareas en manos de la inteligencia artificial (IA)». Con todo, el más efusivo fue Carlos Llaca, director de Proyectos Educativos y de Juventud del Ayuntamiento, y encargado de hacer entrega a los equipos de sus premios y diplomas. Llaca confesó sentir «mucho orgullo» tras haber presenciado los debates, realizados «de forma asertiva y respetuosa», y que, en último término, confirman que «la gente joven se implica». Se implica… Y tolera las opiniones diferentes.
Porque en el mismo seno de los emocionados integrantes de la formación del ‘Jovellanos’, y tras todo lo estudiado para preparar sus intervenciones, hubo quienes se reconocieron partidarios de prohibir la redes categóricamente, y aquellos -los más, todo hay que decirlo- proclives a acompañar más y mejor a los menores en la enseñanza de un uso responsable de las mismas. Sea como sea, todos los equipos, vencedores o no, podrán disfrutar ahora de abonos para el festival Metrópoli y, en el caso de los triunfadores, de una experiencia de aventura en la naturaleza de la que gozarán el 25 de junio, en Villaviciosa.