Casi quinientas personas, apoyadas por entidades sindicales y por los partidos locales, se suman a la manifestación que avanzó de Cuatro Caminos a la plaza Mayor para exigir una ruta alternativa a Príncipe de Asturias para los camiones
Hubo pancartas, hubo bengalas, hubo consignas y proclamas… También hubo mucho hartazgo, mucho desencantado con las decisiones tomadas hasta ahora, mucha voluntad de lucha… Porque sí. La Calzada está harta. Y, por si las declaraciones a medios, las firmas recogidas y las concentraciones convocadas en Cuatro Caminos semanalmente hasta el cambio de año, y quincenalmente desde entonces, no fuesen suficientes para demostrarlo, ayer miércoles más de cuatrocientas personas -unas 450 según estimaciones oficiales de la Policía Nacional, y casi medio millar para las fuentes más optimistas- respondieron al llamamiento lanzado por la Asociación Vecinal ‘Alfonso Camín’ de La Calzada, y se sumaron a la manifestación que, desde dicho barrio, marchó hacia el centro de Gijón para exigir una solución definitiva al enquistado problema del paso de camiones pesados por la avenida Príncipe de Asturias. Definitiva y rápida, desde luego. Porque el vaso de la paciencia social hace tiempo que rebosa, y la ausencia de soluciones efectivas y prontas continúa tensando la cuerda que separa a los lugareños de las Administraciones con competencia en el caso.
Con Carlos Arias, presidente de la ‘Alfonso Camín’, encabezando el avance, y arropados tanto por cuadros de la Federación de Asociaciones Vecinales de Gijón (FAV), como por representantes de los partidos políticos con presencia en el Pleno municipal, los asistentes ya comenzaban a congregarse en Cuatro Caminos media hora antes del momento oficial de la salida, fijado para las 18.30. Y aún hubo que esperar unos minutos a partir de ese punto, hasta que hubo reunida una masa humana suficiente. Solo entonces comenzó la manifestación. Silbatos y vuvuzelas aportaron la nota ‘musical’ mientras esa marea, en la que predominaba el color naranja propio de la causa, avanzaba paso a paso, metro a metro, observaba por los transeúntes con los que se cruzaba; no pocos de esos últimos dedicaron ánimos y aplausos, al igual que aquellos gijoneses que, desde las ventanas de sus domicilios, presenciaban el momento. Y los testimonios de los asistentes daban fe de su motivación. Marina Alonso, vecina del cercano barrio de Jove, se desahogó a placer al confesar que «en el Oeste estamos hartos del peligro de los camiones, del ruido, de mierda… Que nos arreglen esto, que nos han dejado vendidos».
«todo el mundo puede hacer más de lo que está haciendo; basta de ponerse de perfil»
Carlos Arias, presidente de la Asociación Vecinal ‘Alfonso Camín’ de La Calzada
La llegada a la plaza del Marqués, con la lógica parada obligatoria ante el palacio de Revillagigedo, marcó el despliegue de las bengalas naranjas, muchas de ellas enarboladas por los jóvenes del Conseyu de Mocedá de Xixón, otra de las organizaciones alineadas con la reclamación vecinal. Por fin, los manifestantes penetraron en una plaza Mayor dominada por la pancarta instalada en el balcón del Ayuntamiento, y en la que se podía leer la leyenda ‘Accesos a El Musel; Ministerio, solución‘. Un mensaje que, sin embargo, no causó un efecto particularmente positivo entre los participantes… El propio Arias, al tomar el micrófono, advirtió de que «nuestras pancartas», y no la colocada en la Casa Consistorial, son las que verdaderamente representan su cruzada, toda vez que «todo el mundo puede hacer más de lo que está haciendo«, incluido el Gobierno local. Una dinámica de «puesta de perfil» que, añadió, no mermará el afán combativo de los afectados; especialmente a la vista de que las «promesas incumplidas» se extienden desde hace ya treinta largos años. La ‘caída’ del vial de Jove, un auténtico jarro de agua fría para el Oeste, fue la puntilla.
«Iremos a Madrid, o a donde haga falta», advirtió, matizando que, como «barrio obrero» que es La Calzada, «no estamos en contra de los camiones, ni de los trabajadores del transporte, ni de la industria; estamos aquí para defender el bienestar y el derecho a la salud de los vecinos«. Y, en aras de garantizar ese derecho, Arias enumeró un listado de exigencias concretas que incluye «la aplicación estricta del Plan de Calidad del Aire y su protocolo; restricciones reales al tráfico pesado cuando los niveles de contaminación lo exijan; el cese inmediato del paso de mercancías peligrosas por el casco urbano, tal y como permite la ley cuando existen vías alternativas; la exploración de todas las vías jurídicas disponibles, y la implementación de una política de movilidad«. Todo ello, por supuesto, con «calendarización y seguimiento» claros, para que, como parece haber ocurrido hasta la fecha, el asunto «no caiga en el olvido» para las Administraciones. Acabada la intervención del presidente de la ‘Alfonso Camín’, la voz que comenzó a sonar fue la de José Luis Rodríguez, de la FAV; mucho más breve que su predecesor, verdadero protagonista, se limitó a refrendar cada una de esas peticiones, y a sentenciar, dirigiéndose a las Administraciones, que los gijoneses «estaremos movilizados, unidos y vigilantes» hasta que se adopten las medidas adecuadas.




