En Allande, Boal, Grandas de Salime, Illano y Villayón el nivel se mantiene ‘muy alto’, mientras que el resto de concejos del Principado lo presenta ‘alto’; las autoridades recuerdan prestar atención a las prohibiciones vigentes para evitar dramas forestales como los que asolan el centro peninsular

Mientras esos aterradores monstruos de fuego, humo y ceniza que son los incendios forestales continúan devorando distintos puntos de Ávila, Castellón, Madrid y Toledo -en los que son los sucesos de su clase más destructivos de la historia de España, desde que se tienen registros- Asturias, por el momento libre de focos de envergadura, sí se mantiene vigilante. Sobre todo, este martes, coincidiendo con el regreso del calor y, por extensión, con la multiplicación del peligro de que algo pueda romper a arder en los montes. Tanto es así que el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (INDUROT) mantiene tres concejos del Principado -Cangas del Narcea, Degaña e Ibias- en riesgo ‘extremo’ por incendios forestales, mientras que en otros cinco -Allande, Boal, Grandas de Salime, Illano y Villayón- el nivel es ‘muy alto’; finalmente, en el resto de la región se ha decretado un grado de amenaza ‘alto’. En fin, una situación alarmante ante la que las autoridades recomiendan encarecidamente repasar las medidas de precaución y prohibición vigentes.
Así, la Consejería de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias recuerda que, en el caso de los municipios declarados en riesgo ‘muy alto’ y ‘extremo’ -los ocho anteriormente citados-, está terminantemente prohibida cualquier quema, ya sea de rastrojos o de otros elementos. Más aún, se mantiene restringido el encendido de fogatas y hogueras en aquellas zonas recreativas ubicadas en terrenos forestales, y y se hace inviable utilizar ahumadores en explotaciones agrícolas instaladas en montes o en franjas colindantes con los mismos a una distancia de hasta 400 metros. Sobra decir que el empleo o introducción de cualquier clase de materias pirotécnico está fuera de lugar, y tampoco se autoriza el uso de maquinaria y equipos de trabajo que generen chispas, deflagraciones o descargas eléctricas. Cualquier persona que vulnere alguna de las medidas anteriores en los terrenos en riesgo enfrentará sanciones de gravedad y cuantía variables, y se recuerda que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están vigilantes en lo concerniente a la detección y persecución de tales infracciones.
El cambio de la realidad en Asturias llega un momento en que, en el centro peninsular, continúan ardiendo los masivos frentes identificado en las cuatro comunidades mencionadas al inicio de este texto. Allí, tras seis días de lucha incesante contra las llamas la superficie abrasada rebasa las 77.000 hectáreas, y alrededor de 90.000 personas han tenido que ser evacuadas o confinadas, si bien es cierto que, en el caso de los habitantes de Castilla-La Mancha desplazados, algunos ya han comenzado a volver a sus hogares. La clave para lograrlo ha sido una combinación de merma de las temperaturas -escasa, cierto, aunque suficiente- que, combinada con los medios disponibles, permitió que durante la pasada noche la situación mejorase sensiblemente. Pese a ello, se teme que el inicio de una nueva ola de calor pueda volver a agravar el drama, razón por la que los equipos de extinción, tanto de las regiones en cuestión como enviados desde otras partes del país, trabajan contra reloj para adelantarse al cambio de las temperaturas. Y conviene recordar que entre las aportaciones foráneas figuran fuerzas de Bomberos del Principado, movilizadas por el Servicio de Emergencias autonómico (SEPA) y enfrascadas en la liza en frentes tan dispares como los de Ávila o Navalcarnero.