El popular influencer acudió a Gijón para presentar la nueva línea de deportivas diseñadas Siroko, en cuyo desarrollo ha colaborado; por ver a su ídolo, hubo quienes llegaron al punto se subirse a los árboles de la atestada calle Fernández Vallín
No importa que los años pasen, que otros influencers lleguen, que sus polémicas decisiones en materia fiscal hayan alimentado algún que otro debate… Allá donde va, ‘El Rubius’ -apodo bajo el que se oculta el veterano creador de contenido digital Rubén Doblas Gundersen– sigue desatando pasiones. Y, para muestra, un botón… O, más bien, un cordón. Porque ayer miércoles, alrededor de las seis de la tarde, cientos de personas -más de un millar, según las fuentes más optimistas- se concentraron en la calle Fernández Vallín para contemplar de cerca -o lo más cerca posible, mejor dicho- a su particular ‘héroe’ del streaming. ¿La razón de su presencia en Gijón? La presentación, en la tienda que la firma de moda deportiva Siroko mantiene en esa arteria, de la nueva gama de zapatillas Siroko ONE, en cuyo diseño ‘El Rubius’ ha colaborado… Y que, gustos estéticos y detalles ergomómicos al margen, fue la excusa para que esa legión de seguidores se arremolinase en la céntrica vía, enarbolando smartphones e, incluso, encaramándose a los árboles.
«No sé qué hago aquí; yo iba a comprar hilo, pero de camino me he enterado de que venía… Y aquí me he quedado», relataba, entre desconcertado y entusiasmado, cierto veinteañero apostado en la acera opuesta de la calle, y que, haciendo ímprobos esfuerzos, intentaba más de sí la longitud de su brazo, y alzar la cámara de su móvil sobre las cabezas de quienes le separaban de su ídolo. En efecto, la juventud resultó ser la norma -cosa lógica, de todos modos, si bien ‘El Rubius’ inició su andadura digital allá por 2006-, aunque entre el público no faltaron rostros más curtidos… Ya fuese por pura curiosidad, por verdadero interés o por el muy noble deseo de escoltar a hijos y nietos, en previsión de que semejante marea degenerase en algún incidente. Tal cosa no ocurrió, afortunadamente; además de los vigilantes de seguridad privada contratados por Siroko, y que tuvieron que llamar la atención a los más intensos, varios agentes de la Policía Local permanecieron vigilantes todo el tiempo, atentos desde ambos extremos de la arteria.
Por fin, tras una espera cargada de ansiedad, el gran protagonista de la jornada hizo acto de presencia. A bordo de un SUV negro que se las vio y se las deseó para abrirse paso, el influencer malagueño penetró en Fernández Vallín desde la calle Padilla. Ataviado con una gorra del equipo de béisbol estadounidense Los Ángeles Dodgers, una camiseta blanca y un raído pantalón vaquero, ‘El Rubius’ se subió al techo del vehículo, y se regaló su particular baño de masas, ofrecido por esa cohorte de seguidores que gritaron, silbaron y hasta lloraron al verle. Su entrada en escena marcó la apertura de la tienda y, de inmediato, la formación de largas colas para acceder a su interior y contemplar las Siroko ONE de cerca. Una serie de calzado formada por varios modelos, de calla alta y baja, cuya principal particularidad, aparte de la participación de ‘El Rubius’ en el diseño y la promoción, es que se venden individualmente, y no por pares; los precios oscilan entre 39,95 y 59,95 euros, en función del modelo. Cada zapatilla, ojo.
Sea como sea, la experiencia pareció satisfacer al creador de contenido, que no ha dudado en compartir algunos vídeos y fotografías en sus redes sociales. Las mismas, por cierto, a través de las cuales se ‘movió’ la convocatoria, que a muchos -como al estimado joven ‘cazador’ de hilo- pilló con la guardia baja. Ese fue, por ejemplo, el caso de otra veinteañera, no muy convencida de querer estar allí, que confesaba a este diario que «vine porque una amiga me lo pasó por TikTok, y por algo de FOMO («Fear of Missing Out«, el miedo a perderse lo que está de moda); si no, estaba en casa». De todos modos, ‘El Rubius’ se ha valido de las redes para disculparse por «no haber podido firmar o sacarme fotos con todos», y agradecer esa entrega con mensajes como «Puxa Asturies», un sorprendido «WTF» (acrónimo de «What the fuck«, o «Pero qué coño», usado como expresión vulgar de sorpresa), o la promesa de volver «algún día». Todo un gesto de quien en 2021 fue duramente criticado por su decisión de mudarse a Andorra, que muchas voces identificaron como un intento de eludir la presión fiscal española. Si bien, en origen, alegó que lo hacía para «estar más cerca de mis amigos», y eludir su fama, más tarde admitió haberse sentido «tratado como un delincuente» por Hacienda, pese a «haber pagado casi la mitad de lo que he ganado en impuestos».



