El Gobierno del Principado firma la declaración para los tres espacios, ubicados en Gijón, Oviedo y Mieres, respectivamente, y que fueron escenarios de las acciones represivas de la dictadura franquista durante y después de la Guerra Civil

No es preciso decantarse a las claras por ninguno de los dos bandos para entender el efecto devastador que la represión franquista tuvo sobre aquellos contra los que estuvo dirigida. Aunque los totales precisos varían según la fuente, desde el fallido golpe de Estado de 1936 y el posterior estallido de la Guerra Civil, hasta el fin del régimen en 1975, alrededor de 140.000 personas fueron ejecutadas por los rebeldes, primero, y por la dictadura, después, y una cantidad análoga fue declarada como desaparecida. En Asturias, parte de esa campaña -si bien no toda- se llevó a cabo en el cementerio de ‘El Sucu’, en el barrio gijonés de Ceares; en el camposanto de El Salvador, en Oviedo, y en el pozo ‘Fortuna’, en Mieres, hoy lugares de infausto recuerdo… Y con los que, ahora, se ha querido hacer justicia. En una maniobra no exenta de polémica por parte de formaciones de derechas, la Junta de Gobierno del Principado ha acordado integrar esos tres espacios en el Catálogo de Lugares de la Memoria Democrática de la región. La entrada en vigor de la medida se efectuará en cuanto se publique en el Boletín Oficial del Principado (BOPA).
El que todos los informes especializados recibidos resultasen favorables, y la ausencia de alegaciones durante el periodo de información pública al que la declaración fue sometida, han sido los dos elementos que han permitido que el proceso avance, dotando a los escenarios en cuestión no solo de un nexo claro y directo con la represión franquista; también de una protección particular, y de una utilidad educativa para honrar a las víctimas y divulgar los valores democráticos. Nada extraño si se piensa que contra la tapia de ‘El Sucu’, por ejemplo, entre 1937 y 1951 fueron fusiladas unas 1.300 personas, en los llamados ‘paseos’ que perpetraron militantes de la Falange y otros activos paramilitares ligados al bando rebelde. El impacto de esas campañas fue tal, que en 2010 se inauguró allí un monumento que recuerda a 1.934 víctimas de la represión -cifra que incluye a los muertos en las prisiones del régimen, y en el cercano campo de concentración del Cerillero-. Por su parte, en el cementerio de El Salvador se localiza una fosa que alberga los restos de entre 1.300 y 1.500 hombres y mujeres, presuntamente ajusticiados entre 1937 y 1952. Finalmente, el pozo ‘Fortuna’ fue utilizado hasta los años 40 para arrojar en él los cadáveres de los represaliados en la cuenca, un sórdido empleo que no salió a la luz hasta fecha tan tardía como 2003.