Usuarios del parque se manifiestan preocupados por la supresión de varios ejemplares «aparentemente sanos»; desde Medio Ambiente llaman a la calma, y aclararan que son árboles aquejados de problemas internos, y debilitados o derribados por los vientos

El parque de Isabel la Católica, para Gijón, es un tesoro. Punto. Así de rotundo. Y sí, tendrá sus deficiencias sin subsanar, sus mejoras pendientes no del todo ejecutadas, alguna que otra necesidad por cubrir… Pero, siendo francos, es rematadamente difícil encontrar a un solo vecino -y, si se apura más, visitante- que no cante las alabanzas de semejante ‘pulmón verde’ de la ciudad. Por eso, por la admiración y el cariño que suscita entre los locales, es fácil que ciertas acciones a priori perjudiciales para el parque desaten la preocupación, la irritación y las sospechas de sus usuarios, y alimenten teorías de lo más curiosas, pese a tratarse, las más de las veces, de hechos totalmente normales. Eso es lo que ha sucedido esta semana. La reciente tala de árboles en la sección central del espacio ha llevado a algunos habituales a alzar la voz en clave de protesta, a temer por el futuro de su histórica y exclusiva flora e, incluso, a temer que sea un afán deliberado por despejar el Isabel la Católica. La Concejalía de Medio Ambiente se ha apresurado a calmar los ánimos.
«En unos años el parque será el nuevo ‘solaron’, ya que no plantan ningún árbol en sustitución de los talados», denuncia R. Z. H., uno de esos gijoneses indignados ante el espectáculo de los tocones mutilados. Es más, sobre algunos de ellos ciertas personas anónimas ha escrito mensajes críticos, con leyendas como «Gracias por dar salud a los vecinos», «También era la casa de las ardillas», o «Gracias por descontaminar el aire antes de llegar a los pulmones»; todo ello, acompañado de pequeños cirios, ramilletes decorativos y proclamas contra la tala. La acción recuerda a la llevada a cabo en septiembre de 2024 en la plazuela de San Miguel… Y es que, recuerdan los críticos, «hace tres años se talaron todos los árboles que había junto a la avenida de Castilla, y el año pasado se taló una cantidad importante cerca de Torcuato Fernández Miranda», a los que se han sumado los del centro del parque». Además, aseguran que «la gran mayoría son árboles de grandes dimensiones, totalmente sanos». De ahí que esté cobrando fuerza la creencia de que el Ayuntamiento «los tala para evitarse el mantenimiento, la poda, que es un proceso difícil por su gran altura».
¿Tiene pies, cabeza o ambas semejante teoría? Pues, para la Concejalía de Medio Ambiente, no. Nada. Cero. De entrada, porque todos los árboles del parque de Isabel la Católica, independientemente de su especie o tamaño, y al igual que los de cualquier otra área de la ciudad, «están catalogados, inventariados y monitorizados». En consecuencia, ahondan desde el Gobierno municipal, «solo se interviene sobre aquellos que verdaderamente están aquejados de enfermedades graves, o que han sido derribados por el viento». Ese último apunte, el referente a las fuertes rachas de aire, es crucial, pues el pasado 27 de mayo se registraron vientos violentos en Gijón, acompañados por una inversión térmica que elevó las temperaturas. ¿La consecuencia? Varios de los ejemplares del parque, ya antes aquejados de problemas internos, sufrieron fracturas que pusieron en peligro su verticalidad o que, directamente, los tumbaron. Más aún, en Medio Ambiente aclaran que «eran árboles que ya estaba previsto podar o talar, y que serán repuestos». Así las cosas, el Ejecutivo no ha dejado pasar la oportunidad de recordar que, «solo este año se han hecho más plantaciones de árboles que el anterior equipo de Gobierno en todo el mandato; llevamos unos 950, y pretendemos sumar otros 350 hasta el 31 de diciembre».




