
«Atrapada en viejas epifanías urbanas, Gijón tendrá que empezar a superarlas si quiere avanzar hacia un presente que, me temo, ya no se mueve solo en coche»

Después de unas semanas de debate público sobre el famoso proyecto de soterramiento del Muro, Gijón ha vuelto a poner la mirada en otro sitio, otro proyecto u otra promesa. La lista es larga, así que no habrá problema.
La falta total de una idea integral de la movilidad en la ciudad, más allá de epifanías ochenteras, hace que el amplio catálogo de promesas o proyectos a medias sirva más como lugar donde poner los focos que como base de un proyecto sólido capaz de darle un giro a la ciudad.
De esta manera, las necesidades de Gijón se convierten en performances mediáticas con las que traficar, con resultados tangibles tirando a mediocres, en los que rara vez se aporta un valor diferencial real.
Ejemplos hay muchos: el mega plan de asfaltado municipal, donde se asfalta el carril del medio o se parchean cruces a duras penas; o una renovación del saneamiento que sí está siendo intensiva, pero que en muchos casos no aprovecha para resolver ningún problema de movilidad real ni de la propia calle en general. Se parchea y se levantan aceras y asfalto, pero se deja todo prácticamente cómo estaba, cuando ya se parte de unas condiciones propias de otra época.
Cada departamento va haciendo, pero como muchas veces ni coinciden afinidades ni partidos, se avanza, sí, pero siempre en mínimos, aunque la venta sea en máximos.
Respecto a la cansina idea de soterrar parte del Muro, en la que no entraré en grandes detalles, hemos visto cómo la contestación social ha sido clara y ni siquiera los amplios reportajes, con la venta de ventajas surrealistas, como que poco menos va a ser una barrera contra la subida del nivel del mar , han podido afianzar la idea. También podríamos verlo al revés, porque puede que la intención real fuera deshacerse de ella a base de plantearla ya de mano como algo manifiestamente innecesario e inasumible, por mucho que se intentara defender lo contrario. Podría ser. Las estrategias de los partidos y algún grupo mediático, cuando parten de la idea de que la gente siempre es manejable y poco más que tonta, menos sus allegados, llegan hasta ese punto.
El caso es que, si los ideólogos municipales han sido un poco suspicaces y han leído diagonalmente los muchos comentarios que se han emitido durante este episodio, también se habrán dado cuenta de que las ideas sobre movilidad que vendían en 2023, que ya eran del siglo pasado, ya no tienen por qué resultar sexys en 2026, y menos aún lo serán en 2027. Han caducado definitivamente.
De hecho, tengo incluso la convicción de que la vuelta atrás en el Muro, después de dos años abierto a las personas y cerrado parcialmente al tráfico, no solo no ha traído grandes ventajas, sino que ha demostrado que los hábitos han cambiado. Ya ni siquiera es como antes, cuando los de StopMuro lo llamaban “La arteria norte de la ciudad”. Basta pararse un poco a observar para comprobar cómo ya no se usa de la misma manera ni con la misma intensidad. Salvo algún pico diario y el verano, el aspecto de autopista vacía es la tónica habitual.
Y es que el mundo ha cambiado. Basta ver los datos de uso del pírrico a propósito, y aun así exitoso servicio municipal de bicis, para darse cuenta de que eso de ir en coche hasta comprar el pan o bajar a La Tropical ya no se lleva tanto.
Lección que creo que espero que también hayan aprendido en parte del grupo municipal socialista, que en la época del ‘Cascayu‘ veía aquello de soslayo como una ocurrencia de su antigua compañera y de las malas compañías de Aurelio. Le pasaba algo parecido a Collboni en Barcelona con Colau. No siempre fueron precisamente compañeros, y sin embargo, ahí está ahora afianzando todas y cada una de las supermanzanas, ejes verdes y lo que haga falta. Y recogiendo los éxitos y las alabanzas con alegría. Los StopMuro florecían en la ciudad condal debajo de las piedras; ahora ya no sabemos muy bien a qué se dedican.
A veces hay quien tiene la visión suficiente para meterse en jardines ganadores a medio plazo. Pero una vez que uno se mete, si su propia gente no está al quite, el barco se hunde con todo el mundo.
Es decir, que si hubieran tenido un poco más de confianza en el futuro, entendiendo que este se construye paso a paso, con creatividad y valentía, y no necesariamente gastando una millonada en cada pisada, hoy gran parte de la ciudadanía ya tendría integrado un Gijón mucho más peatonal y estaríamos hablando de lo siguiente. No de debates que hace casi una legislatura deberían haberse superado. Porque, insisto, así lo han hecho muchas ciudades del estado, una vez que se ha reducido el ruido mediático. También ciudades gobernadas por la derecha que, una vez a los mandos y a su manera, han sabido recoger el guante de algo que siempre beneficia al conjunto de la ciudadanía. En definitiva: la gente se mueve y viaja, y ha visto la evolución a su alrededor, no muy lejos de Gijón. Y por tanto sabe que más zonas peatonales, verdes, más calidad ambiental y menos coches para todo, ya no son ningún compendio de ideas radicales. Son la normalidad. Y además, también saben que para eso no hace falta, ni mucho menos, hipotecar la ciudad.
Siempre es un placer leer esta columna. A ver si la lee el gobierno municipal y se inspira un poco
«no sólo el coche»
Pero siempre el coche
Cosas de una población ochentera 😉
Que mayoritariamente se mueve en autobús, sobre todo si son muyeres
Como siempre 30 párrafos para no decir absolutamente nada…