Directora de La Peseta Teatro y docente en la Universidad Popular, su muerte ha generado una amplia reacción de pesar en el ámbito cultural y vecinal. Bravo estaba casada con Manuel Cañete, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Gijón

La directora teatral Cristina Bravo ha fallecido a los 63 años en Gijón, una noticia que ha provocado una notable conmoción en el ámbito cultural y social de la ciudad, donde era una figura ampliamente conocida y valorada. Vinculada durante años a la formación y la creación escénica, Bravo desarrolló una intensa labor como docente en la Universidad Popular de Gijón, donde impartía clases de teatro y participaba activamente en la dinamización cultural. Su trayectoria estuvo estrechamente ligada al ámbito amateur, especialmente a través de La Peseta Teatro, grupo que dirigía y con el que impulsó diversos montajes a lo largo de más de dos décadas.
La compañía, surgida en el año 2000 a partir de talleres teatrales, se consolidó como un espacio de experimentación escénica y formación continua, integrando disciplinas como la expresión corporal o el clown. Bajo la dirección de Bravo, el grupo llevó a escena producciones contemporáneas y adaptaciones que obtuvieron reconocimiento en distintos certámenes, con representaciones dentro y fuera de Asturias. En el plano personal, Cristina Bravo estaba casada con Manuel Cañete, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de la Zona Urbana de Gijón (FAV) y de la asociación vecinal de El Polígono, y con el que tuvo un hijo, Hugo.
Una larga enfermedad, diagnosticada hace ya dos años, ha sido la causa del fallecimiento. Son muchas las condolencias que a esta hora está recibiendo la familia, y que pueden leerse también en el último mensaje que Manuel le dedicaba esta misma mañana en sus redes sociales: “Mi amor. Buen viaje”. Y es que su muerte ha generado una amplia reacción en la ciudad, tanto en el entorno cultural como en el tejido asociativo, donde su figura era reconocida por su implicación y cercanía. Compañeros, alumnos y vecinos han destacado su compromiso con el teatro como herramienta de expresión y su papel en la formación de numerosas personas a lo largo de los años. Con su desaparición, Gijón pierde a una de sus figuras más activas, que ayudó a posicionar el teatro amateur local, y cuya labor contribuyó a consolidar espacios de creación y participación cultural en la ciudad.