Más de 300.000 personas se congregaron en San Lorenzo, en el Cerro y en otros puntos clave para presenciar las evoluciones de los aviones, helicópteros y equipos participantes; no faltaron recuerdos para quienes combaten los incendios en Madrid y Ávila

¿Qué son veinte años en una vida? Pues… Mucho, ciertamente. Al fin y al cabo, dos décadas conforman un margen suficientemente largo para crecer y cambiar, para perseguir sueños y llegar a alcanzarlos, para fracasar y para triunfar… Y ayer domingo, en la vigésima edición de su ya dilatada existencia, el Festival Aéreo Internacional de Gijón volvió a saborear las mieles del éxito. Una impresionante marea humana –más de 300.000 personas, según la propia organización del certamen- se congregó en San Lorenzo, en el cerro de Santa Catalina, en el entorno del Rinconín y en otros puntos aledaños para presenciar las evoluciones, piruetas y progresos de los diversos aviones, helicópteros, equipos paracaidistas y destacamentos acrobáticos participantes. Fue, eso sí, un despliegue marcado por la actualidad que calcina parte de España; así, como ya se había advertido un día antes, ni el hidroavión Canadair CL-215 del Ejército del Aire y del Espacio, ni el helicóptero pesado CH-47F ‘Chinook’ adscrito a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), pudieron sumarse al espectáculo, al ser necesarios para combatir los masivos incendios forestales que continúan activos en Ávila y en Madrid.
Las muestras de cariño y los agradecimientos dedicados a quienes, a estas horas, siguen midiéndose con las llamas en ambas regiones estuvieron muy presentes durante la cita, y varios de los aviadores, en sus retransmisiones por radio -emitidas por la red de megafonía de San Lorenzo-, hicieron guiños a los múltiples cuerpos enfrascados en esa tarea. Aun así, la preocupación por los fuegos no ensombreció una edición que arrancó a las doce, cuando los ultraligeros motorizados (ULM) procedentes del aeródromo de La Morgal aparecieron desde el oeste, apareciendo entre las estribaciones del Cerro y el skyline de Cimavilla para, acto seguido, sobrevolar el Cantábrico a pocos metros del atestado Muro. A partir de ahí, todo fueron cuellos inclinados para no perder detalle, y smatphones y cámaras inmortalizándolo todo. Tres de los instantes más aplaudidos fueron los lanzamientos de Daniel Román, miembros del equipo Red Bull, embutido en su wingsuit, quien descendió como un cohete hasta posarse en San Lorenzo; de la Patrulla Acrobática de Paracaidistas del Ejército del Aire (PAPEA), cuyos militares, en dos saltos consecutivos, desplegaron las banderas tanto de su unidad, como nacional y de Gijón; y del equipo de paracaidistas de la Guardia Civil, que se estrenó el año pasado en el Festival, y que hizo lo propio con la enseña del instituto armado.
Finalizado el turno de los lanzamientos, llegó el instante de las acrobacias. Fue entonces cuando se personaron ante el público los grandes esperados de la velada. Equipos como el Aerosparx demostraron por qué siguen siendo uno de los equipos acrobáticos más laureados del panorama aeronáutico, al igual que los pilotos del grupo Yakstars, todos ellos a los mandos de veteranos y robustos monoplanos de construcción soviética Yakovlev. Dos formaciones civiles a los que, a lo largo de la mañana, se fueron sumando las aeronaves de titularidad pública. Más allá de las implicadas en los saltos de los paracaidistas, la primera en aparecer fue el helicóptero AW-139 de la Sociedad Española de Salvamento Marítimo (SASEMAR), que hizo un vuelo lento de lazo a lado de la playa, entre aplausos y vítores. También se llevaron su dosis de elogios los helicópteros de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, así como el puntero NH-90, apodado ‘Lobo’ por el Ejército del Aire, y el veterano SH-60 ‘Seahawk’ de la Armada, llamado cariñosamente ‘Toro’.
El gigantesco avión de transporte estratégico A-400M, o los bimotores tácticos CASA, tampoco se quedaron atrás, aunque las presencias mecánicas más impresionantes fueron las del avión de ataque ‘Harrier’ de la Armada, el caza Eurofighter ‘Typhoon’ del Ejército del Aire, y la patrulla acrobática ASPA, formada por helicópteros de ese último cuerpo, y que cerró el Festival con una espectacular sucesión de composiciones. Entre medias, la gran curiosidad -y novedad- fue el vuelo de uno de los aviones ‘Texan’ del Daedalus Demo Team, el equipo acrobático de la Fuerza Aérea Griega… Si bien muchos lamentaron que su participación hubiese sido mayor de un único avión. En cualquier caso, la impresión estuvo servida durante las más de tres horas y media que duró la cita, al tiempo que los puestos de artículos militares instalados en el paseo del Muro hicieron su agosto -en julio, sí- vendiendo parches, pegatinas, mochilas, camisetas y los icónicos llaveros con la leyenda ‘Remove before flight‘, utilizados en el mundo aeronáutico para indicar aquellos elementos de los aviones que han de ser retirados antes de emprender el vuelo. Fue, en suma, una velada completa, y una respuesta que sus organizadores quisieron agradecer a través de sus redes sociales, celebrando su convicción de que «no hay nada más hermoso que compartir un sueño», y preparándose, con un año de antelación, para la próxima edición.










