miércoles, abril 14, 2021
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Gijón, escenario de la novela negra ‘Los muertos no saben nadar’

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Asturiana de nacimiento y corazón, Ana Lena Rivera lleva muchos años viviendo en Madrid, ciudad que la adoptó como una hija y en la que construyó su hogar, pero sigue echando de menos el olor a mar y ver las olas romper contra las rocas. Quizás, por ello Gijón es la ciudad protagonista de su última novela, ‘Los muertos no saben nadar’, la tercera entrega de la serie policíaca protagonizada por Gracia San Sebastián, investigadora de fraudes financieros.

Ya desde pequeña leía libros de forma compulsiva, y soñaba con ser escritora, criminóloga o comisario de policía, pero estudió Derecho y Administración y Dirección de Empresa, y tuvo una carrera profesional emocionante en una multinacional.

Sin embargo, todo cambió cuando se quedó embarazada, el médico le pidió reposo y encontró el tiempo que necesitaba para comenzar a escribir. En ese momento la escritura la atrapó y en 2019 publicó su primer libro ‘Lo que callan los muertos’, con el que logró el Premio Torrente Ballester. En esa primera obra aunó todo lo que soñaba de pequeña.

Después de ‘Un asesino en tu sombra’, acaba de publicar la tercera entrega de esta serie de novela negra. En ella el lector encontrará eso que podemos ver cada día en cualquier telediario: blanqueo de dinero, tráfico de drogas, mafias, tráfico de armas o corrupción. Todo ello, con Gijón como escenario.

Sus personajes tenían Oviedo como escenario en las anteriores novelas, ¿por qué decide trasladarlos esta vez también a Gijón?

– Me gusta ambientar las novelas en lugares que son importantes para mí, dónde tuve vivencias que me marcaron, porque estoy segura de que puedo transmitir mucho mejor las emociones al lector si el sitio que describo significa para mí más que una imagen y me hace revivir otras sensaciones como el olor de la sal, el escalofrío de la brisa en la piel mojada, el tacto de la arena o la sensación cuando pruebas la temperatura del agua con el pie.
Gijón está muy presente en mis recuerdos porque pasé allí todos los veranos de mi infancia, adolescencia y juventud. Eran los veranos completos, no como ahora que hace siglos que no puedo tomarme más de dos semanas seguidas de vacaciones. De aquella, cuando terminaba el curso nos íbamos toda la familia para allá, hasta que llegaba septiembre y tocaba volver. Mi madre no trabajaba y mi padre iba y venía a Oviedo cada día laborable.
Por eso me apetecía mucho ambientar esta novela en Gijón, en el mar, en esa playa que para mí es y siempre será mi playa.

En San Lorenzo concretamente.

– Nosotros teníamos un piso en el barrio de la Arena y la playa era la de San Lorenzo. La de Poniente, cuando yo era niña, ni siquiera existía. Ni la del Arbeyal. Por eso la novela empieza precisamente en la playa de San Lorenzo: en la primera escena un
niño que encuentra un brazo amputado, escondido en el agujero del muro dónde suele guardar las conchas. También aparece otro miembro del cadáver, en este caso una pierna en la playa de Peñarrubia y finalmente el cadáver completo acostado, vestido impecable y seco en el camarote de un barco amarrado en el puerto deportivo.

Muchos escenarios de la ciudad ya en el primer capítulo ¿qué importancia tiene Gijón en la novela?

– La ciudad es un personaje más de la novela, es inseparable de la historia. Todas mis novelas tienen un componente costumbrista, describen como se vive allí, como es la
gente, son historias que suceden dónde suceden porque difícilmente podrían ocurrir en otro lugar. Los asturianos somos amables por naturaleza, la reacción cuando la investigadora va a preguntar a una oficina es muy distinta si ocurre en Gijón que si ocurre en una ciudad donde la gente es menos abierta. Seguro que el resultado es el mismo, pero no la forma en la que se produce la conversación. Igual ocurre con el resto de la ambientación: una casa de indianos con una palmera en el jardín, una noche de niebla que cubre la carretera de Somió, una cena en una sidrería u otras tantas escenas atan la historia a Gijón, que es totalmente reconocible en cada capítulo.

“La ciudad es un personaje más de la novela, es inseparable de la historia. Gijón es totalmente reconocible en cada capítulo”


Como reza el título, los muertos no saben nadar, pero si salen a flote. Así empieza la historia, ¿verdad?

– Así empieza la historia porque el brazo que encuentran en la playa de San Lorenzo pertenece al director financiero de la compañía que Gracia San Sebastián está investigando por encargo del comisario Miralles, InverOriental, dedicada a las inversiones inmobiliarias en economías emergentes de Europa del Este y África. Hay indicios para sospechar que hay algo turbio y la cosa se complica con la muerte de este hombre. No es el único cadáver que aparece en la novela, aunque sí el único que lo hace en el mar.

Gracia San Sebastián es la protagonista de sus tres novelas, ¿por qué una investigadora de fraudes fiscales?

– Porque es a lo que se dedican la el 50% de los detectives en España. Aquí no es legal que un investigador privado se meta un caso de asesinato: en cuanto encuentra un delito tiene que comunicarlo a la policía. En Estados Unidos es diferente por eso tenemos otra imagen de los detectives. Aquí los detectives se dedican, además de a investigar temas familiares como infidelidades, a investigar fraudes financieros para las mutuas de la Seguridad Social o para empresas privadas que creen que puede que algún empleado puede estar haciendo cosas raras con la contabilidad y, en cambio, esta realidad no tiene un reflejo en nuestra literatura. Si esto lo unimos a que el móvil de la mayoría de los asesinatos es el dinero y que donde hay grandes fraudes hay grandes cantidades de dinero, pues ya tenemos el nexo perfecto entre el
crimen y la profesión de Gracia San Sebastián.

La protagonista tiene que investigar a una gran empresa por presunta estafa. Es una novela de ficción, pero lo que sucede en ella está a la orden del día.

– Esta novela trata temas que podemos ver en cualquier telediario: el blanqueo de dinero procedentes de las mafias, del tráfico de armas, de la trata de personas y del tráfico de drogas; la respetabilidad social de los corruptos que permite que ese dinero entre en la economía.
Muchas veces tendemos a pensar que el que blanquea dinero no es tan malo como el que trafica con personas o con armas, que es un delito económico, no de sangre, pero en realidad no, son diferentes caras de las mismas mafias. El blanqueo es el que permite que las mafias se enriquezcan traficando con armas, personas o drogas, son un brazo más y tan importante como los otros.

– ¿Por qué esta temática para sus novelas?

– Elijo los temas que me preocupan, que me llaman la atención, de los que me interesa saber más. En general elijo los temas como lectora y no como escritora, escribo los libros que me gustaría leer.

“El blanqueo de dinero es el que permite que las mafias se enriquezcan traficando con armas, personas o drogas. Es un delito tan importante como los otros”.


– La novela negra está teniendo un gran éxito en España, ¿qué es lo que nos hace engancharnos a este género?

– La novela negra es el género que trata ahora mismo los problemas de la sociedad en la que vivimos, es novela social.
Igual que después de la dictadura hubo muchísima literatura sobre la guerra civil y la
posguerra, porque la gente necesitaba sacar lo ocurrido y silenciado durante aquel periodo, hoy lo que nos preocupa es la realidad que estamos viviendo. Y lo bueno que tienen los libros es que podemos enfrentarnos a hechos sórdido, inhumanos, como el secuestro, torturas y trata de menores para prostituirlas en otros países, desde la comodidad de un sillón y con la certeza de que, al final, termine mejor o peor, ganarán los buenos.

– Y cada vez son más las mujeres que apuestan por él. Se puede decir que la igualdad de género en la ficción criminal ya es un hecho.

-Cada vez hay más escritoras y escritores que apuestan por este género y, sobre todo, cada vez hay más protagonistas mujeres, escritas por hombres y por mujeres, que es dónde radica la verdadera igualdad. Es el personaje el que convive con el lector y no el autor. Cada vez son más habituales los personajes femeninos que investigan asesinatos o que ocupan puestos importantes en la escala jerárquica de la policía, guardia civil, etc. O que tienen hombres en sus equipos. A base de leer sobre estas investigadoras de ficción, normalizamos la existencia de mujeres en esos roles y eso facilita que ocurra en la realidad.

“Cada vez hay más protagonistas mujeres, escritas por hombres y mujeres, y cada vez son más habituales los personajes femeninos que investigan asesinatos o que ocupan puestos importantes”.


– Escribió esta novela durante el confinamiento, ¿cómo está afectando la pandemia a los escritores y el sector cultural?

– Todos los eventos presenciales se cancelaron desde marzo. Solo durante el verano pudimos hacer algunas firmas y rutas literarias al aire libre. Con la llegada del frío volvimos a los eventos on line. Pero la gente sigue leyendo, busca refugio en los libros y, en mi caso, lo que noto es que tienen más tirón las ediciones de bolsillo y el digital que el libro de tapa blanda. El precio siempre importa, pero en tiempos de ERTE y cierre de negocios mucho más.

– Y, por último, ¿vendrán más aventuras de Gracia San Sebastián en el futuro?

– Espero que sí, dependerá de los lectores. Si vosotros queréis leer más sobre ella, yo estaré encantada de seguir dándole vida.

Ana Lena Rivera
Por María Lastra

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