Cristina Caldueño, directora general de Castroalonso, reflexiona desde el pabellón de Caja Rural de Asturias sobre la urgente necesidad de enseñar no tanto a manejar las nuevas herramientas, como a reflexionar sobre las implicaciones de su empleo
¿Bendición o maldición? ¿Horizonte de oportunidades o foco de amenazas? ¿Un potencial capaz de transformar el mundo en algo mejor, o un arma que, mal utilizada que podría llegar a destruirlo? ¿Qué es, en definitiva, el vertiginoso desarrollo tecnológico en que se halla sumida la Humanidad? Resulta imposible acotarlo con precisión… Probablemente haya un poco de todo lo anterior, y no una respuesta categórica. Pero sí existen ciertos hechos, como mínimo, inquietantes, y uno de ellos resulta cada vez más evidente: ese avance imparable -cuyo último hito está siendo el desarrollo de la inteligencia artificial (IA)- parece estar relegando al olvido la capacidad humana de pensar por sí misma, de reflexionar, de analizar una cuestión en profundidad, y de tomar una decisión en consecuencia. Una tendencia contra la que se rebela Cristina Caldueño, directora general de Castroalonso, una de las empresas participantes en la XXIX Escuela de Verano EVADES; y lo hace desde el nuevo pabellón inaugurado por Caja Rural de Asturias en el Recinto Ferial ‘Luis Adaro’, en plena 69ª edición de la Feria Internacional de Muestras de la región (FIDMA), y en este vídeo del Canal Prestosu de dicha entidad bancaria.
«Seguimos enseñando a utilizar herramientas, aplicaciones para móviles, sistemas de IA que todos manejamos con tranquilidad… Pero lo que no somos capaces de enseñar es a pensar, a tener ese pensamiento crítico que te va a ayudar a decidir lo que te gusta, lo que no, lo que está bien, lo que no lo está…», teoriza Caldueño en el vídeo, respondiendo así a la cuestión primigenia planteada por la presentadora, Juncal Herrero. La cuestión, prosigue la invitada, no es menor, y se traduce en decisiones adoptadas, incluso, en contra de las auténticas apetencias del individuo. «Nos dejamos llevar; si una plataforma de streaming me recomienda una serie romántica, ¿por qué la vemos si, en realidad, nos puede estar apeteciendo ver una película del Oeste?», plantea. Y puede parecer algo frívolo, pero su traducción podría alcanzar otras esferas de la vida mucho más serias. De ahí que Caldueño insista en la necesidad de tomar medidas, y cuanto antes, para fomentar ese pensamiento crítico. De lo contrario, advierte, «tendremos un problema importante», y una flagrante falta de recursos para atajarlo.
Buen, hasta aquí, la teoría general, pero… ¿Cómo revertirlo, cómo cambiar esa tónica y volver a inculcar la capacidad reflexiva en el ciudadano de a pie? También para esto la directora general de Castroalonso tiene una respuesta: con educación. No con cualquier clase de educación; con una enseñanza que ponga el foco en el razonamiento. «Quizá sea hora de volver al ‘ momento Platón’, a aquella filosofía del debate en la que el profesor, el senior de la época, exponía su punto de vista, y había un intercambio de ideas con sus alumnos», sugiere. Y no solo en las aulas puede ejercitarse esa habilidad; también en la escena privada, dedicando tiempo a pensar, a desgranar fruto a fruto una determinada cuestión. Claro, que hacerlo exige invertir un recurso mencionado hace un instante: tiempo. Y ahí surge un obstáculo capital, pues «muchas veces parece que no lo tenemos; antes el tiempo jugaba más a nuestro favor, pero ya no». Aun así, insiste en la búsqueda de espacios para ello, y sin dejarlo correr. Al fin y al cabo, concluye Caldueño, «vamos a tener que tomar una decisión, que gestionar esto de otra manera; la realidad nos está obligando a ello».