sábado, abril 17, 2021
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Hacia la igualdad: Un largo camino por recorrer en toda Europa

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Más de la mitad de las europeas, un 55%, reconoce haber sido acosada sexualmente


La igualdad entre mujeres y hombres está recogida en los tratados de la Unión Europea (UE) como un valor fundamental de la misma. Sin embargo, la igualdad efectiva sigue muy lejos de alcanzarse en la Unión. Aunque existen diferencias entre los distintos Estados miembros, lo cierto es que en ninguno de ellos se ha alcanzado aún la plena igualdad de género. En las líneas que siguen desgranaré algunos datos que ilustran las desigualdades que siguen vigentes en nuestro continente, y el camino que, por tanto, aún debemos recorrer para erradicar estas discriminaciones.

La violencia machista es una lacra mundial que golpea sin excepción a todos los países del mundo. Según cifras del ministerio de Igualdad, en España, 1.082 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas desde el año 2003, cuando los crímenes machistas comenzaron a ser contabilizados oficialmente. Este dato no está disponible para el conjunto de la UE, ya que países como Bélgica no cuentan con un registro oficial de asesinatos machistas. Sin embargo, datos de la Comisión Europea recogen que, en la UE, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual. De ellas, un 22% han sufrido violencia por parte de sus parejas o exparejas. Asimismo, más de la mitad de las europeas, un 55%, reconoce haber sido acosada sexualmente.

La igualdad en el mercado laboral también sigue estando muy lejos. En la UE27 -es decir, sin Reino Unido-, un 67,3% de las mujeres contaba en 2019 con un empleo frente a un 79% de los hombres. Además, las mujeres cobran de media un 14,1% menos que los hombres por hora de trabajo retribuido. Esto se debe, entre otros motivos, a que ellas ocupan mayoritariamente los puestos de trabajo a tiempo parcial. Esto es una consecuencia del tradicional rol de las mujeres como cuidadoras: casi siempre son quienes renuncian a avanzar en su carrera profesional para conciliar vida laboral y familiar. La brecha salarial, que sigue existiendo en todos los países europeos sin excepción, se debe en buena parte a los llamados suelos pegajosos y techos de cristal: la carga que ejerce sobre ellas el trabajo doméstico y de cuidados, hace que las mujeres tengan más dificultades para incorporarse al mercado laboral, y, consecuentemente, su ascenso a las posiciones de mayor responsabilidad y retribución también se vea limitado. A esto se suma la existencia de estereotipos de género que contribuyen a perpetuar las desigualdades, encasillando a cada persona en el rol preestablecido por su género en el imaginario patriarcal.

España se sitúa en cuarto lugar, con un 42,2% de presencia femenina en los poderes ejecutivo y legislativo

Muy ligada a esto último está la brecha de género en la presencia en espacios de toma de decisión política. Aunque queda mucho por hacer, es cierto que tanto en las instituciones de la UE como en los parlamentos y Gobiernos de los Estados miembros, la situación ha mejorado en los últimos años. Así, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, son las primeras mujeres que ocupan estos puestos desde la creación de sus respectivas instituciones. Además, la actual Comisión Europea es la que más cerca se sitúa de la paridad: trece de los 27 miembros del Gabinete de von der Leyen, o lo que es lo mismo, un 48,14%, son mujeres. Es importante subrayar, por un lado, que la paridad completa no se ha alcanzado y, por otro, que este porcentaje ligeramente superior al 48% de mujeres solo se alcanzó en octubre de 2020, cuando la salida de Phil Hogan del Ejecutivo europeo por saltarse las restricciones en su país, Irlanda, motivó la entrada de Mairead McGuinnes a la Comisión como responsable de la cartera de Servicios Financieros, Estabilidad Financiera y Unión de los Mercados de Capitales.

En cuanto a los Estados miembros, sólo cuatro de los 27 cuentan con una jefa de Estado o de Gobierno mujer. Se trata de Alemania, Finlandia, Dinamarca y Estonia. Según Eurostat, la presencia femenina en los parlamentos y Gobiernos nacionales en la UE es de un 32,7% de media. El país con un porcentaje más alto de mujeres parlamentarias y ministras es Suecia, con un 49,6%, seguido de Finlandia, con un 46%, y de Bélgica, con un 43,3%. España se sitúa en cuarto lugar, con un 42,2% de presencia femenina en los poderes ejecutivo y legislativo. Resulta llamativo -e ilustrativo de lo mucho que aún debemos avanzar- que ninguno de los 27 Estados miembros de la Unión llegue a la mitad de mujeres en sus parlamentos y Gobiernos.

Estos son solo algunos de los ámbitos en los que se evidencia la persistente desigualdad que aún hoy existe entre hombres y mujeres en la Unión Europea. Unas desigualdades que, si no se actúa adecuadamente, se verán incrementadas como consecuencia de la crisis económica y social desatada por la pandemia de la COVID-19: las mujeres siempre son más vulnerables a los efectos de las crisis. Así pues, es fundamental que no solo se cumpla con las prioridades establecidas en la estrategia de la UE en materia de igualdad de género, presentada por la Comisión Europea en marzo de 2020, sino que, tal y como ha pedido el Parlamento Europeo, esta estrategia se complemente con otras medidas como una directiva europea contra la violencia de género o un plan contra la brecha salarial. El camino por recorrer para alcanzar la igualdad es aún muy largo, y no hay tiempo que perder.


Ana Martínez es colaboradora de miGijón y asistente en el Parlamento Europeo

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