El Centro de Recuperación de Animales Marinos del Principado da por finalizada la rehabilitación de los ejemplares, que llegaron a las instalaciones el pasado octubre; la reinserción en su hábitat se ha realizado en la playa del Parque de Calblanque, en Cartagena

Intenten, por un instante, imaginar la siguiente secuencia de acontecimientos: unas crías de cierta especie animal permanecen solas y desamparadas en el interior su nido, a orillas del Mediterráneo, sin adultos que velen por ellas, sin alimento ni protección, agazapadas y desesperadas… Sin embargo, esta vez la suerte está de su lado, y no es un depredador el que da con ellas, sino un equipo de profesionales preocupados por su cuidado y supervivencia. Es el comienzo de un viaje hacia el lejano norte, al bravo Cantábrico, donde durante meses las crías son atendidas, nutridas, cuidadas… Hasta, un buen día, estar en condiciones de regresar a su hogar. Pues bien, esa misma odisea, matiz dramático arriba o abajo, es la que llevaban protagonizando desde mediados de 2025 veinte tortugas bobas (Caretta caretta) halladas en Murcia, y que, tras crecer y fortalecerse en el Centro de Recuperación de Animales Marinos del Principado (CRAMA), adscrito al BIOPARC Acuario de Gijón, la semana pasada fueron reintroducidas en su hábitat natural, en un emotivo acto oficiado en la playa del Parque Regional de Calblanque, en Cartagena. Además, no lo hicieron solas; con ellas volvieron a casa ocho ejemplares más, atendidos en otros centros participantes en el programa ‘Headstarting‘.
De entrada, no te puede entender entender la dimensión de este hito sin conocer un detalle crucial: hoy por hoy la tortuga boba figura como especie ‘vulnerable’ a la extinción en la Lista Roja que elabora la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pues desde años es víctima de una pesca descontrolada y de los efectos de la contaminación marina. En el caso concreto de esta veintena de crías, fue hallada hace un año en la playa de Calblanque por el equipo de la iniciativa Territorio Tortuga, y trasladada a varios centros dentro del territorio nacional en cuanto eclosionó. En estos meses, cada animal ha sido identificado mediante un microchip, a fin de monitorizar sus movimientos y comportamientos futuros, y se le sometió a controles periódicos de crecimiento, revisiones clínicas, análisis sanguíneos y programas específicos de bienestar animal y enriquecimiento ambiental. En ese sentido, fueron rotando entre distintas instalaciones, y participaron en diferentes estrategias de enriquecimiento ambiental destinadas a fomentar comportamientos naturales, y favorecer su adaptación al medio marino. Todo ello, hasta la llegada del ansiado momento, en que, además de autoridades murcianas y cartageneras, estuvieron presentes representantes de los distintos centros implicados; entre ellos, el CRAMA del Acuario de Gijón.

«Acompañar a estas tortugas desde sus primeros días de vida, hasta verlas iniciar esta nueva etapa, es la mejor recompensa al trabajo diario de todo el equipo», ha apuntado Susana Acle, a la sazón directora de Biología, Veterinaria e Investigación del BIOPARC gijonés. Fruto de su experiencia, esta profesional está firmemente convencida de que «cada ejemplar representa esperanza para salvar esta amenazada especie y demuestra el valor de la colaboración entre administraciones y centros especializados». Y los datos parecen avalar su punto de vista… No en vano, desde 2019 alrededor de 300 tortugas bobas, tanto nacidas en las playas de la Región de Murcia como recuperadas por sus programas de conservación, han sido reintroducidas en el Mediterráneo, convirtiendo dicho territorio en uno de los principales enclaves de anidación de tortuga boba en el litoral español, con once nidos registrados desde que existen datos; dos de ellos localizados durante la presente temporada. Estos resultados «reflejan el éxito del trabajo coordinado entre administraciones, centros especializados, entidades científicas y redes de voluntariado para favorecer la conservación de esta especie vulnerable».