
El artista moscón expone en la Galería Llamazares una selección de obras que permite acercarse a su investigación pictórica, y que bebe, en buena medida, de sus largos periodos de estancia en el extranjero

El artista asturiano Hugo Fontela vuelve a Asturias, a la Galería Llamazares, con una exposición monográfica de nombre ‘Pinturas de Invierno’, que se podrá visitar hasta el 24 de octubre.
Se trata de una selección de obras que permite acercarse a la investigación pictórica que el artista ha ido desarrollando a lo largo de los años, y que tuvo sus inicios, precisamente, colaborando con la galería que hoy le recibe con los brazos abiertos.
Fontela nació en Grado y, aunque comenzó su formación aquí, en Asturias, con dieciocho años decidió trasladarse a Nueva York, donde residió durante una década. Pero, como todo buen viajero de talento incansable, sus visitas a Florida, México, Puerto Rico o Río de Janeiro dieron los frutos esperados, con exposiciones tan renombradas como ‘Nowhere Island’ y ‘The River’.
El historiador Santiago Martínez desglosó la obra del artista ante los muchos conocidos y coleccionistas que asistieron a la inauguración, o colegas de profesión, como Adgar Plans.
No faltaron la consejera de Cultura, Vanesa Gutiérrez, ni la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón.
Tampoco perdieron la oportunidad de saludar al artista sus amigos de la peña taurina ‘Dávila Miura’, así como la directora de Igualdad, Goretti Avello; la exalcaldesa Ana Rodríguez; Pilar Martínez, presidenta de Asturmanager; la notaria Montserrat Martínez, y el que lo fuera, además de magistrado en la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Ángel Aznarez, junto con su mujer, la restauradora Amelia de Aubarede; Ignacio Adaro, Isabel Viña…
Antes de que las puertas de la galería Llamazares se abrieran al público, Fontela se sentó con miGijón e hizo un pequeño recorrido de lo que ha sido su vida desde su última obra expuesta en Asturias hasta ahora.
¡Cuántos años sin verle por aquí!
La última vez que expuse en Gijón fue en el 2008, con ‘New York, New York’, que pudo verse en el Palacio de Revillagigedo.
Y, después, en Avilés.
En el Niemeyer, en 2011, y hace un par de años, en 2024, en la Universidad de Oviedo.
Y, ahora, en una galería.
Sí, digamos que es una exposición en mi vida adulta.
En todo este tiempo ha tenido tiempo de crecer. ¿Sigue la misma línea de creación o ha ido variándola?
Sigo siendo el mismo. Me obsesiona la pintura y el alcanzar ese estado; es decir, alcanzar la pintura de alguna manera. Lo que sí es vedad que vas adquiriendo experiencia y, en mi caso, se ha ido trasmutando en libertad.
Explíquenos eso.
Pintar lo que me sale de los pinceles; es decir, pintar cosas diferentes, o lo mismo, pero con mirada distinta.
¿Es la mirada de la madurez?
¡Bueno! Podríamos decir que es la primera madurez, porque la pintura no tiene estados definitivos, sino que va generando un camino del que no puedes cercenar ninguna de las partes.
Lo dice con satisfacción.
Sí, porque vas avanzando y te vas liberando de cosas, y probando otras nuevas.
¿Por qué tardó tanto en volver?
Yo nunca he perdido el vínculo con Asturias; soy de Grao. Pero otra cosa muy distinta es el vínculo artístico. Si estoy en un sitio no puedo estar en otro, y la vida me ha ido llevando… Ahora, de nuevo, me trae a éste. No hay otra razón.
Vive en Madrid pero, como dice, la vida le llevó a otros muchos lugares.
Viví una década en Nueva York.
Y en Río de Janeiro. Personalmente, recuerdo la exposición del Niemeyer, de la que le digo, en confianza, que me impactó, aunque, desgraciadamente, no tenía yo mucho ojo para entenderla. ¿Hay que entender la pintura?
Cuanto más vea, más alcanzará ese conocimiento y esa capacidad para entenderla, pero la pintura tiene el arte del sentimiento. Es como una canción que te gusta. Cuando sabe su significado -hablo del idioma-, va a entenderla mejor, aparte de disfrutar de su melodía.
¿Tiene algún momento preferido para pintar? Porque… ¿La inspiración existe?
La inspiración existe, pero no tiene horario; surge cuando estás en el estudio. De repente lo ves y lo haces, así que tienes que tener el estudio como un quirófano, para cuando surja. Yo paseo mucho por el estudio.
¿Cuántas horas pasas en él?
Pues desde por la mañana hasta media tarde. Es mi sitio de reflexión, de pensar lo que quieres hacer.
Le noto muy pausado, muy tranquilo.
Es que lo estoy. Hago lo que quiero, y con libertad. Luego tengo la suerte de que surgen proyectos como éste, en donde puedo mostrarlo. Además, ésta es mi casa, no puedo pedir más. Siempre me he sentido muy reconocido, y mi pintura tiene como origen Asturias, así que exponer aquí tiene mucho sentido.
Con ese verde…
Es que Asturias es verde, es azul, también negra… He escogido ese verde para pintarlo a mi manera.
¿Algún proyecto en mente?
Sí, con la Calcografía Nacional, para realizar unos grabados y seguir pintando. Con eso me conformo.







