El negocio de Cristina Fernández y María Eugenia Alejo vuelve por cuarto año a la Feria de Muestras de Asturias con un equipo formado por jóvenes del colegio y del club de fútbol vinculado a La Cantina, precios ajustados, una apuesta por la comida casera y «los mejores bocadillos de la Feria»
Sus hamburguesas, sus bocadillos de lomo, bacón o pollo, y una tortilla preparada cada día se han convertido en algunos de los productos más reclamados por los visitantes que repiten año tras año

En una feria con decenas de propuestas gastronómicas, hay que tener un ‘algo’ para destacar, y La Cantina ha sabido conseguirlo. Situada detrás del pabellón del Telecable, este espacio regentado por Cristina Fernández y María Eugenia Alejo vuelve por cuarto año consecutivo a la FIDMA con una fórmula que no parece fallar: comida casera, precios ajustados y un ambiente familiar que se ha convertido en una de sus principales señas de identidad. «No ponemos precios de feria, ponemos precios de La Cantina», explica Cristina. Una filosofía que mantienen desde el primer año y que, según cuenta, es una de las razones (la otra hay que buscarla en su oferta gastronómica) por las que muchos visitantes regresan cada edición. La carta mantiene los clásicos que ya forman parte de la identidad del establecimiento. Entre los más demandados están los bocadillos de lomo, los de pollo, los de bacón y unas hamburguesas que Cristina define con humor como «enormes». Productos sencillos, pero con una elaboración cuidada y que buscan mantener el espíritu de una cantina tradicional.
«La hamburguesa de La Cantina de siempre está aquí», confirma. Y es que algunos clientes acuden expresamente a su espacio en la feria para reencontrarse con sabores que ya conocen del establecimiento original. La tortilla es otro de los productos estrella: «No es congelada, ni precongelada, ni nada de eso. La preparamos todos los días», cuentan las dos mujeres que se encuentran tras una idea que, aunque comenzó como una aventura, ya se ha asentado como uno de los lugares con más solera del recinto ferial.
Un equipo con sello de barrio y cantera propia

Más allá de la comida, uno de los elementos que define a La Cantina es el equipo humano. Una docena de jóvenes, junto a las dos responsables del negocio, forman el grupo que estos días atiende a los visitantes de la feria. Muchos de ellos proceden del CODEMA y del entorno del club de fútbol vinculado a La Cantina ‘original’, situada en los campos del Claret, donde entrena el CODEMA, por lo que existe una relación previa. «Los conocemos desde pequeñinos», explica Cristina. «Son amigos de nuestros hijos, del colegio, del fútbol…». Una conexión que se refleja en el ambiente de trabajo. Entre bromas y compañerismo, el equipo mantiene el ritmo de una feria que exige muchas horas, pero en la que aseguran que el buen ambiente acaba trasladándose al público: «Los niños empiezan con 18 años y cuando terminan la carrera, hacen un máster o empiezan a trabajar ya tienen otra historia. Pero hay cantera, siempre hay gente nueva».
Otro de los mayores reconocimientos para el negocio es la fidelidad de sus clientes. Muchos visitantes repiten edición tras edición y algunos incluso se acercan a FIDMA buscando precisamente sus productos. ¿El por qué? La esencia de una cantina donde la gastronomía se mezcla con la sensación de estar en un lugar conocido, rodeado de caras familiares y de un equipo que, año tras año, mantiene la misma filosofía. Cuarto año en FIDMA y la misma apuesta: bocadillos contundentes, hamburguesas generosas, tortilla recién hecha y un ambiente de barrio trasladado al recinto ferial gijonés. Un lugar al que muchos llegan por primera vez y al que otros ya acuden directamente porque, como reconoce su equipo, «siempre vuelven».