El asesinato a golpes del ganadero José Antonio Otero Toraño, en Cuevas del Agua, continúa sin esclarecerse. El coronel jefe de la Comandancia de Asturias asegura que la investigación sigue abierta y pide entender que las pesquisas avanzan «poco a poco».

Un año después del asesinato de José Antonio Otero Toraño, conocido como Toño, la investigación sigue sin arrojar una respuesta pública sobre quién mató al ganadero de 60 años en su casa de Cuevas del Agua, en Ribadesella. La Guardia Civil continúa trabajando en un caso que desde el principio estuvo rodeado de incógnitas y en el que, a lo largo de los últimos meses, han trascendido nuevas diligencias y elementos que los investigadores han tenido que analizar. «No lo olvidamos, ahí seguimos investigando», ha asegurado este lunes el coronel jefe de la Zona-Comandancia de Asturias, Francisco Javier Puerta, que ha recordado que las pesquisas avanzan «poco a poco». «Esto no es una serie de televisión americana», ha advertido.
El responsable de la Benemérita ha realizado estas declaraciones antes de participar en los actos conmemorativos de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona del cuerpo. Puerta ha reconocido que el homicidio continúa pendiente, aunque ha expresado su confianza en que se produzcan avances. «Queda pendiente, pero no está olvidado», ha insistido. El caso permanece bajo secreto de sumario desde el 18 de septiembre de 2025, seis días después de la muerte del ganadero, por decisión judicial. Esta reserva impide conocer de forma completa el contenido de las diligencias y el estado de las distintas líneas de investigación.
Toño murió el 12 de septiembre de 2025 tras recibir varios golpes muy violentos en la cabeza. En las primeras declaraciones conocidas, su pareja, María del Mar Berjón, relató que dos hombres encapuchados habían irrumpido en la vivienda y atacado al ganadero antes de escapar. También afirmó haber sufrido una agresión. Sin embargo, desde los primeros días surgieron interrogantes sobre esta versión y sobre las circunstancias del suceso. Las declaraciones de la mujer y de su hermana, Magdalena Berjón, que también se encontraba en la casa, presentaban diferencias. La hermana llegó a cuestionar públicamente algunos aspectos del relato inicial y posteriormente matizó que no había visto directamente a los supuestos atacantes, sino que había encontrado al ganadero herido y a su hermana junto a él. Estas discrepancias pasaron a formar parte de las incógnitas del caso, sin que permitan por sí solas establecer qué ocurrió.
Otro de los elementos que adquirió relevancia fue la aparición de una maza de madera utilizada para elaborar productos lácteos, un objeto que, según las informaciones publicadas en marzo de 2026, resultaría compatible con las lesiones sufridas por Toño. La existencia de esta herramienta abrió nuevas preguntas sobre lo sucedido en el interior de la vivienda, aunque su compatibilidad con las heridas no demuestra por sí misma que fuera el arma homicida. María del Mar negó haber atacado a su pareja y sostuvo que los responsables habían sido los dos hombres encapuchados. También explicó que había manipulado la maza después de la agresión, para justificar la posible presencia de sus huellas.
Las pesquisas incluyeron asimismo el análisis de cuestiones relacionadas con el patrimonio del ganadero, cuyo testamento dejaba sus bienes a su pareja, y la tramitación del seguro de vida tras su fallecimiento. Estos movimientos se incorporaron a las diligencias conocidas públicamente, pero no constituyen por sí mismos una prueba de culpabilidad. A finales de mayo, la Guardia Civil regresó a la vivienda de Cuevas del Agua para practicar nuevas comprobaciones, recabar pruebas y volver a tomar declaración a testigos, entre ellos la viuda. La investigación también debe mantenerse diferenciada de otro procedimiento judicial relacionado con el estado de los animales de la explotación ganadera de María del Mar, un asunto distinto del homicidio.