
«No hay mayor utopía del aparcamiento que las casas de La Tejerona, un espacio dominado por el asfalto donde uno puede aparcar literalmente donde quiera. Sin embargo, y sin sorpresas, no funciona»

Cada cierto tiempo y recursivamente, aparece en los medios el problema del aparcamiento en Gijón. Sin embargo, el tiempo avanza y no se atisba solución alguna bajo el prisma de ir cediendo cada vez más espacio para aparcar. ¿Cuáles son las razones? ¿Qué se puede hacer? Espero dar con algunas ideas en este artículo.
Volvamos a La Tejerona, porque es un ejemplo bastante utópico para los muchos que desean prácticamente asfaltar la ciudad para aparcar: No hay normas, ni líneas siquiera, con lo que uno llega y se acopla donde se pueda. ¿Resultado? A veces es tan desastroso en términos de accesibilidad y espacio vecinal, que se han tenido que ir vallando los jardines que rodean al barrio porque hasta en el verde se metían a aparcar. Recientemente, EMULSA renunció a recoger los contenedores dentro del barrio. La gota que colma el vaso de una situación que no es para nada nueva.
Por ejemplo, a principio de mandato, los vecinos hablaron con el Ayuntamiento para que les habilitara más aparcamiento en la calle Daniel Palacio, fuera, pero junto a la casas. Esto no solo no funcionó, sino que ahora la visibilidad en los pasos de peatones junto a una escuela infantil, se ve todavía más comprometida.
En otra parte de la ciudad, en Eleuterio Quintanilla, ocurrió lo mismo: al renovar la calle se renunció a un carril bici para rellenarla aún más con coches en batería. Se hizo con el miedo a las plazas que se perdían renovando el entorno de La Serena. ¿Qué ocurre? Lo mismo, rápidamente se llenan las plazas y el problema, o más bien la experiencia de aparcar, sigue igual.
Cálculos de servilleta
Según el padrón de vehículos de la DGT, en Gijón había censados en 2024 aproximadamente 120.000 turismos. Es decir, aproximadamente un vehículo cada dos personas y media, más o menos. Por supuesto, esto varía porque hay gente que tiene varios, empresas, tamaños diferentes, gente que no está empadronada y vive aquí y al revés, etc. Tampoco estamos reflejando los vehículos que no están empadronados en la ciudad y que si aparcan también en la ciudad.
Si contamos con que estos necesitan unos 12 metros cuadrados para aparcar, nos sale una necesidad de espacio de unas, arriba o abajo, 144 hectáreas. Es decir, unos cientos de campos de fútbol, superando en tamaño a algunos de los barrios más grandes de Gijón, contando que no tuvieran ni un solo edificio. En realidad, mucho de este espacio está en garajes, bajo tierra, y el espacio ocupado en la calle es menor. Pero es obvio que necesitamos servicios, aceras, contenedores, pasos de peatones, espacios verdes, etc, con lo que tampoco podemos dedicarlo todo, como sí ocurre en parte en La Tejerona. Las últimas estimaciones que se hicieron en la ciudad, calculaba un 70 % del espacio, incluyendo carreteras. Muchísimo espacio.
¿Qué problema hay entonces con las peticiones de más espacio para aparcar? Que las calles no son chicle, no se pueden estirar, ni podemos hacer aparcamiento en vertical o apilando los coches. Lo que se puede conseguir es rascar aquí y allá, como así ha demostrado este ayuntamiento. Asfalto allí, asfalta allá, pero en ningún momento la situación ha cambiado mucho, salvo para la comodidad de no aparcar en un prao de alguna zona periférica.

Rotación y abandono
La cuestión es que si no hay rotación y uno puede dejar el coche en el mismo sitio durante meses, nos encontramos con que los vehículos no se mueven y no dejan espacio a quien realmente lo necesita. Esta situación lleva a que incluso algunos queden abandonados, de tal manera que hasta sus propietarios pueden incluso fallecer y el vehículo se queda tirado en la calle durante años. No se rían, en el Observatorio Xixonés de Movilidad, solo con los reportados por los vecinos, llegamos a confirmar más de ciento cincuenta en toda la ciudad. Otros cuantos campos de fútbol.
Si además, dejarlo durante tanto tiempo es gratis o no incluye ninguna facilidad, reserva o compromiso con la gente cercana, lo que ocurre, como en La Tejerona, es que cualquiera que no encuentre sitio para ir a algún lugar en El Coto, Ceares y Viesques, lo dejá ahí porque sabe que siempre puede encontrar un sitio aunque sea de mala manera. Durante el día, no solo es posible, si no que es un truco conocido para los que tienen autocaravana o furgo camper de grandes dimensiones. Conozco personalmente personas que lo hacen así, o incluso otras que dejan su coche a primera hora como si el barrio fuera un parking disuasorio en sí mismo. Personas que tienen parking y capacidad de sobra para pagar por un espacio para aparcar.
Recuerden que si algo es barato y fácil, aumentaremos la demanda y por tanto esa facilidad atraerá a más coches. Invitas a coches y tienes más coches. No en vano, quitar plazas en zonas donde no se pretende que haya, está empezando a ser una política común en muchas ciudades que están intentando meterle mano al asunto. Suena contraintuitivo, pero así es.
Regulación
En un artículo publicado en este medio, los representantes vecinales valoraban cerrar el barrio con barreras para los propios vecinos, algo que sin duda sería una solución drástica pero efectiva, ante la falta de regulación adaptada a cada tipo de barrio y zona de la ciudad. Hay que recordar que mientras la gestión de la ORA es más que discutible, la falta de Ordenanza de Movilidad impide establecer zonas para poder regular el aparcamiento de manera efectiva.
Esta situación nos lleva a conocer gente que aparca en El Coto porque vive en La Arena, a gente que vive en El Coto o Ceares y aparca en La Tejerona, o a gente que vive en La Tejerona y no tiene más remedio que aparcar en Viesques. El problema se va extendiendo como una mancha de aceite, pero nadie se hace cargo de él. Todo el mundo quiere aparcar cerca de su casa pero se encuentran con que no puede ser.
Una empresa de movilidad municipal
La única forma de paliar este problema en cualquier barrio de la ciudad partirá del acuerdo entre vecino/as y administración, negociando con las cartas que hay encima de la mesa. Aceptando que todos los que tenemos coche, tenemos que responsabilizarnos de él y entender que los recursos, ni el suelo, son infinitos. Y no, lo siento, con los impuestos municipales que pagamos no da para todo, ni nadie nos puede asegurar una plaza debajo de casa.
Además, nos toca explorar qué nuevas formas de gestión tenemos del aparcamiento en la ciudad. ¿Cómo? Integrando todas los aparcamientos municipales, ORA, incluyendo el reciente de la avenida Portugal, avenida Castilla, etc., en una red inteligente de aparcamientos cuyos espacios se exploten debidamente y se reviertan los beneficios en mejorar esta cuestión.
Una empresa de movilidad con mayúsculas, como si hace Bilbao, Valladolid o Barcelona, en las que se incluyen el autobús y la bici municipal. Y sí, también hablamos por tanto de colaboración público-privada para generar aparcamiento bajo tierra, pero no piensen ingenuamente que nadie se va a interesar con el libre albedrío actual. No sale a cuenta. Por supuesto, estos tienen que estar debidamente conectados y combinados con el transporte público, piedra angular en la ciudad y sin la cual será imposible mejorar paralelamente el espacio público y la movilidad en general.
Estamos ante una cuestión compleja, con muchos más matices que los que se puedan argumentar en un artículo como este o en un comentario vecinal que no tenga en cuenta esta complejidad. A la ciudad le toca ponerse a trabajar, mucho, e hilar más fino que la política de brocha gorda actual, la cual, como pueden comprobar, tampoco está ayudando mucho.