sábado, abril 17, 2021
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Los festivales

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diario pop firma

“Sólo ha afirmado que a partir del sábado, el toque de queda será a las once de la noche y los hoteles volverán a estar abiertos. Barbón habla como el conserje de una residencia de ancianos”


Ha anunciado Pedro Sánchez que en mayo se acaba el estado de alarma y yo ya me he puesto a mirar festivales. Por ahí ya se anuncia el Low Cost que es un festival para pobres en Benidorm y el Mad Cool que es un festival para madrileños sin Madrid. El Primavera Sound está cancelado. Seguiré buscando más festivales, porque la cosa no se va a quedar en eso, tal y como tenemos la agenda de apretada los pobres. Ya se están confirmando carteles y anda uno salivando como el perro de Paulov porque estamos en un sinvivir desde que nos confinaron. Me gustan los festivales porque son una recreación de un mundo azul y rosa chicle, siempre eléctrico, lírico, onírico y anfetaminado. Los festivales son el springbreaker de los españoles. El desmadre, el desfase, la locura padre, entre el indie rock y el garaje extranjero, entre el trap y el pop. Entre la Mahou y el cacharro. Entre el barro y el asco. Después llegará el día señalado y Barbón nos dirá que Asturias seguirá chapada, ¿y por qué? Por sus huevos morenos.

Necesitamos oxígeno como necesitamos verano, vacaciones, fornicio, fuegos artificiales y así en este plan. El caso es que uno no ha empezado a trabajar y ya está pensando en escaparse, en irse, en fugarse. Me gustaría escuchar a Adrian Barbón mirar a los asturianos y decir algo así, como Lola Flores dijo en su día, entre folclórico y sentimental, en su próxima rueda de prensa: «Si me queréis, irse». De momento, quieto todo el mundo. Sólo ha afirmado que a partir del sábado, el toque de queda será a las once de la noche y los hoteles volverán a estar abiertos. Barbón habla como el conserje de una residencia de ancianos. En los clubs liberales de Asturias ya se frotan las manos, los brazos, toda la piel, todo el cuerpo, hasta el climax total, frote y refrote. Viva Barbón.

“La pobreza ya no está en el barrio de Roces, que se nos ha quedado pobre, según afirma en sus calles Ana González”

Ando yo con la electricidad en el cuerpo, sólo de pensar en los festivales y en las playas de Levante. En Gijón no han anunciado ninguno todavía. La realidad es que no habrá dinero para mucha fiesta. Ayer me paseé por los centros comerciales y eran lugares espectrales, vacíos, maravillosamente kitch, divinos. Por un momento fui el hombre más feliz de Gijón, con todo el centro comercial para mi, con todo el personal a mi disposición, con toda la gloria de El Corte Inglés antes de que la gloria se derrumbe o se la lleve el viento del próximo ere y me lleve a mí también.

Este año, la ropa de temporada viene con colores muy apagados. Yo iba buscando una sudadera amarilla, como el amarillo de Van Gogh, alegre y resultón. Porque en los festivales es lo que se lleva. Eso y unas Vans. Pero no encontré ninguna sudadera amarilla porque se ha impuesto la estética de la pobreza. Antes de que llegue el primer festival, ya se ha instalado una estética de camisetas y sudaderas otoñales, tristes, cobrizas y melancólicamente pobres. Faltan reporteros retratando el vacío de los centros comerciales. La pobreza ya no está en el barrio de Roces, que se nos ha quedado pobre, según afirma en sus calles Ana González. La pobreza para un burgués está en el vacío de los grandes almacenes, en ese silencio de maniquíes elegantes, entre Carolina Herrera y Emporio Armani entre Pepe Jeans y Scalpers. La pobreza es un cuadro de David Hockney visto con distancia social. Porque uno sabe que no tiene esa casa pintada por Hockney, ni esa piscina, ni esas palmeras, ni esos verdes ni esos azules. Por eso nos quedan los festivales low cost y sueño con ellos desde que Pedro Sánchez dijo que en mayo se acaba el estado de alarma. Sueño con escenarios en un bosque, en la playa, en el balcón de una casa en La Manga del Mar Menor. Porque el verano busca el ruido extranjero de los festivales, la droga de los festivales, el amor de los festivales. Porque el amor, querido y desocupado lector, te busca a ti.

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