Los mil hijos de Nuevo Roces: el barrio no barrio de Gijón

4 de diciembre de 202017min

Los mil hijos de Nuevo Roces: el barrio no barrio de Gijón

4 de diciembre de 202017min

Si Nuevo Roces fuese un anuncio de TV, sería uno de la última campaña de ese banco naranja: “el barrio no barrio”

“Cuando yo llegué, era un barrio fantasma, a medio construir, donde te preguntabas: dónde me he metido, qué hago aquí“, dice el presidente de la asociación vecinal

por david péreZ

Panorámica de Nuevo Roces (David Pérez)

Si Nuevo Roces fuese un anuncio de TV, sería uno de la última campaña de ese banco naranja: “el barrio no barrio“. En lo más literal del eslogan publicitario, por sus circunstancias particulares; porque habiendo sido promocionado a mediados de los 2000 por Sogepsa, la entidad semipública que impulsó su construcción, como una Arcadia verde y feliz (“una vivienda, un árbol”, rezaba el lema original del proyecto residencial), joya de la corona del renacimiento urbanístico regional, un barrio a donde llegaría incluso un hipotético tranvía, a día de hoy, en cambio, ni siquiera se puede llegar a él caminando desde Gijón, al menos sin riesgos.

Sin embargo, como si fuese una isla, desde la ronda sur y otras vías principales hacia el interior, el barrio se encuentra hoy desarrollado urbanísticamente al 70%, con una población que ha alcanzado los 5.291 habitantes en apenas una década, sin contar todavía la evolución demográfica de 2020.

Cuando la administración pública se despertó, el vecindario ya estaba allí. 

Y sus hijos: actualmente están empadronados en el barrio más de 1.000 menores de catorce años, con una media de 110 nacimientos al año. Y los problemas, con carencias estructurales entre las que se cuentan un colegio, un instituto, un centro de salud, plazas de aparcamiento o comunicaciones básicas para conectar el barrio a pie y por carretera no solo a la ciudad, sino a la vida. Y también los sueños: porque, pese a todo, Nuevo Roces es el futuro de Gijón.
 
En lo esencial, el barrio también es identificable con el spot publicitario del comienzo por su público objetivo: un barrio nuevo para un tiempo nuevo, homogéneo con una nueva forma de ver el mundo (y de habitarlo), hecho a medida de las nuevas generaciones, desde los últimos boomers a los sufridos millennialls, un segmento poblacional que ha cumplido los treinta entre dos crisis financieras, con el acceso a la vivienda como uno de sus principales problemas vitales, que Nuevo Roces ha contribuido, es cierto, a contrarrestar: el 90% de los edificios del barrio son de protección autonómica, concertada o de protección social.

 

“Cuando llegué, era un barrio fantasma”

Miguel Bernardo, gijonés de El Coto, cosecha del 68, hoy presidente de la asociación vecinal de Nuevo Roces, fue uno de sus primeros pobladores. Llegó en junio de 2010, cuando lo que hoy es una flamante llanura llena de viviendas, con las montañas de La Camocha en el horizonte, era un solar con apenas tres edificios patrullado por una furgoneta destartalada de una empresa de seguridad: la banda sonora original de las primeras noches en el barrio más joven de Gijón.
 
“Cuando yo llegué, era un barrio fantasma, a medio construir, donde te preguntabas: dónde me he metido, qué hago aquí. Todavía no entraba el autobús, ni la policía local. Estaba dominado por Leroy Merlin, que era casi como el ayuntamiento. No era el barrio de Nuevo Roces; era el barrio de Leroy Merlin”, explica Bernardo a miGijón. “Era muy solitario, todo lleno de grúas. Los habitantes nos mirábamos y nos saludábamos como colonos que hubiéramos pasado la ronda sur, y en los tiempos de las comunicaciones hubiésemos decidido irnos a un sitio incomunicado”.

Desde el principio, los vecinos fueron conscientes de que tendrían que luchar para sacar el barrio adelante. “Sabíamos que el movimiento vecinal iba a ser fundamental. Era un barrio de esperanza, pero se atisbaba un parón de la construcción por la crisis. Sabíamos que el desarrollo sería a trompicones, porque cuando llamabas preguntando por las líneas de autobús, por ejemplo, te daban largas. Se echaban la culpa unos a otros; nadie quería hacerse cargo de los problemas porque todo lo planificado eran castillos de arena, y se estaban derrumbando”, recuerda el presidente de la asociación vecinal. Todas aquellas sospechas se cumplieron.

Una pirámide poblacional perfecta

Siguiendo con el símil bancario, Nuevo Roces no cuenta en la actualidad con ninguna oficina bancaria sobre el terreno. Tampoco dispone el vecindario de un cajero automático (el más cercano está en AlCampo), circunstancia que sería incompatible, en general, con los usos y costumbres de una población envejecida, no demasiado habituada a las prácticas de la banca online o el comercio electrónico. Desde luego, no es el caso de Nuevo Roces. 
 
La pirámide poblacional del barrio roza la perfección, con una media de edad de 35 años: en España, el Valle de Egüés (Navarra) es el municipio con la media de edad (31,5 años) más baja del país. En Asturias, la región más envejecida de España, la media es de 48,28 años. 

 

Así las cosas, en Nuevo Roces, los menores de 16 años representan casi el 21% de sus residentes; los mayores de 65 años, solo el 4%. A 1 de enero de 2020, el volumen de las franjas de edad infantiles y juveniles es de 496 (0 a 3 años), 361 (5 a 9 años), 207 (10 a 14 años) y 154 personas (15 a 19 años). Seguido de Viesques, es el barrio más joven de Gijón con mucha diferencia, por eso los centros educativos son una de las necesidades más urgentes.

Sin embargo, tras años de retrasos e incumplimientos por parte de los poderes públicos, especialmente el Principado, es improbable que el colegio pueda ver la luz antes de 2023. Aunque el ayuntamiento de Gijón ha cedido los terrenos, el proyecto perdió el carro de los presupuestos de 2020. Y ahora, a la espera de que se apruebe la partida de 208.000 euros para elaborar el proyecto inicial incluida en los presupuestos regionales de 2021, la licitación de las obras no se espera hasta 2022, con el horizonte de 2023, año de elecciones, para el inicio de las obras. 

Los problemas crecen

Mientras tanto, los mil hijos de Nuevo Roces siguen creciendo y celebrando cumpleaños, de modo que lo que hoy es la carencia de un colegio, pronto será la imperiosa necesidad de un instituto. “De eso todavía no se ha empezado a hablar”, lamenta Miguel Bernardo. “Ahora los chavales van al instituto de Roces, a Montevil o a La Laboral, pero pronto veremos que institutos como el de Roces no van a soportar la presión”.

En cuanto a los colegios, hoy los niños del barrio asisten, en general, a los centros públicos Noega o Nicanor Piñole o al concertado Montedeva. “Lo que pasa es que muchos no están empadronados en la zona porque están, por ejemplo, con sus abuelos, que son los que los cuidan, entonces están registrados en otros sitios, bien por el médico o para poder ir andando al colegio”, apunta el presidente de la asociación vecinal.
 

“Un consultorio que nace pequeño”

De otro lado, en el apartado de la sanidad pública, el consultorio, otra de las demandas históricas del vecindario, avanza más rápido, con el proyecto inicial ya realizado, y la previsión de que las obras puedan licitarse en 2021, tras la inclusión en los presupuestos regionales para el próximo año de una partida superior a un millón de euros, con el objetivo de que el equipamiento pueda hacerse realidad, por fin, en 2022.
 
Sin embargo, aunque el proyecto es modular, contemplando desarrollos progresivos del centro de salud, para la asociación vecinal de Nuevo Roces “ya nace pequeño”. “Pero va a dar un servicio, y se podrá ir ampliando. Esperamos que en los presupuestos regionales exista una partida suficientemente grande para licitar la obra y comenzar la construcción, porque, actualmente, entre otros problemas, el de Contrueces es un centro de salud totalmente colapsado, al tener varios miles de cartillas extra de los vecinos de Nuevo Roces, en un momento donde la atención primaria es más esencial que nunca a causa del covid”, señala Bernardo.

La isla de Nuevo Roces

Una de las promesas más pintorescas para el barrio, anterior a la recesión de 2008, consistía en un tranvía que cruzaría desde la Puerta de la Villa, pasando por la avenida Schulz, siguiendo el antiguo trazado, hasta entrar en Nuevo Roces desde Montevil. La propuesta, de Izquierda Unida, en la antigua coalición con el PSOE de Paz Fernández Felgueroso, parecía una buena idea. “Es que íbamos a ser una ciudad verde, totalmente ecológica, estilo Vitoria, pero ese castillo de naipes se vino abajo, por una parte, cuando se pusieron a hacer números y vieron lo que costaba, por ejemplo, un tranvía. Y cuando llegó la crisis, se acabó”.
 
De hecho, sobre el papel, todas las mejoras del barrio están dibujadas, aunque las separan de la realidad varios millones de euros. Está contemplado en el PGOU, por ejemplo, el túnel por debajo de la ronda sur, una vía que conectaría el barrio directamente con la calle Antonio Machado, evitando a los vecinos la obligación de salir por los extremos. “Pero una obra así cuesta entre 8 y 10 millones, y ahora no se generan las plusvalías con las que trabajaban antes… Porque en Nuevo Roces no solo se ayudaba a la vivienda joven a través de Sogepsa; también era el símbolo de la especulación social, a lo grande: con esto voy a hacer esto, y, con las plusvalías, lo otro. Nuevo Roces era un emblema que se remataba con cuatro torres de 27 pisos de altura. Era difícil llegar al barrio, pero aquellas torres tenían que verse desde Gijón”, explica el portavoz vecinal.
 
Finalmente, durante el gobierno de FORO, se logró incluir una recomendación en el PGOU para rebajar la altura de esos edificios prácticamente a la mitad. Actualmente, están en proceso de construcción, constituyendo el mayor proyecto de vivienda libre del barrio, cuya cuota total alcanza apenas el 10%.

 

También en el mandato de Carmen Moriyón se planteó una solución para solventar la congestión del tráfico en la salida del barrio por la glorieta de El Llano, en el Este: se trataba de construir una rotonda en la carretera de Siero, en las inmediaciones de la antigua cerámica, para conectar Nuevo Roces directamente con Ceares. “No era un proyecto específico para el barrio, pero se buscaba fluidez, porque a las 8 de la mañana los atascos son increíbles. Es un barrio entero que intenta salir a un cuello de botella en la rotonda de El Llano”, señala Miguel Bernardo. Finalmente, esta actuación, que llegó incluso a licitarse, tras una serie de complicaciones para disponer de los terrenos volvió a guardarse en un cajón. Y allí sigue.

Peatones encerrados

No solo en coche, los habitantes de Nuevo Roces también tienen muy limitados sus movimientos a pie. “De manera segura no podemos llegar caminando a Gijón. Por la carretera de la Carbonera hay obstáculos, aceras que no cumplen los anchos, incluso tramos sin acera… Por el lado de Leroy Merlin, se puede caminar hasta los campos de fútbol del Llano 2000, y se acabó. Lo que ahora sí se puede hacer es cruzar la pasarela de la ronda, subir a la carretera del Obispo y, desde allí, ir andando hasta los colegios”, resume el presidente de la asociación vecinal. “Pero nosotros pedimos la continuidad de la pasarela en línea recta hacia Gijón, y que se construya un vial que permita ir andando hasta el parque de Vicente Ferrer, en Contrueces, donde está el centro de salud”.
 
Por otra parte, el proyecto para conectar el barrio con la senda fluvial, situada a solo trescientos metros de Nuevo Roces, a través de una conexión por debajo de la autovía minera, también se ha frenado en los últimos años a causa de las dificultades para disponer de las fincas necesarias para acometer la actuación, en circunstancias similares al caso de la rotonda.

“A nivel cotidiano, este aislamiento nos afecta en todo. Porque para que el ciudadano pueda decidir cómo quiere moverse primero tiene que tener opciones, y ahora mismo hay una dependencia del vehículo muy fuerte. Para poder utilizar el transporte público en el ámbito laboral, por ejemplo, tendríamos que disponer de una gran cantidad de tiempo que la gente no tiene, y además todas las líneas pasan por el centro. Se necesita una oferta ágil para interconectar los barrios: ir a La Calzada sin pasar por el centro, o al hospital, o que exista una línea que pase cerca del ALSA”, reclama Miguel Bernardo. “Se criminaliza mucho el coche hoy en día, pero en Nuevo Roces no se puede, porque es una herramienta imprescindible”.

Aparcar: misión imposible

En ese sentido, uno de los problemas más presentes en la vida cotidiana de Nuevo Roces tiene que ver con la falta de aparcamiento. En un barrio con numerosas parejas jóvenes, donde trabajan dos, la existencia de dos vehículos es un caso frecuente, pero no siempre existe plaza de garaje para ambos. “Un millón de metros cuadrados, pero no tenemos aparcamiento. La gente llega por la noche y está dando vueltas. A veces, llevan el coche al polígono de Roces”, señala el portavoz vecinal. “Y eso que estamos al 70% del desarrollo del barrio. Esto va a ser un problema inminente; y va a movilizar a la ciudadanía porque es un problema que tienen cada día”.

Todos los problemas de Nuevo Roces conducen a la madre del Cordero: la falta de planificación. Desde la asociación vecinal, no hablan de culpas, pero sí de responsabilidades. Y estas son paladinas. “Nuevos Roces fue un proyecto público, que partió de una empresa semipública, Sogepsa. Se diseñó un barrio sin pensar en la conexión con Gijón. Les pudo el ansia de querer construir antes de planificar lo que estaban construyendo. Los responsables son los poderes públicos, empezando por el Principado, porque es un Plan Especial, y a continuación el ayuntamiento de Gijón. Luego pueden decir que vino la crisis: pero la responsabilidad de un barrio que surge desde lo público, sigue siendo de lo público”, expone Bernardo.

Mientras tanto, en los últimos años se ha fraguado una red comercial cada vez más diversa, vertebrada principalmente por la hostelería y el pequeño comercio, un entramado de negocios a los que el vecindario agradece su apuesta por el barrio, en muchos casos desde el principio, cuando algo tan simple como conseguir cambio podía ser una odisea. “Como vecinos no nos corresponde presionar a las empresas privadas; vendrán cuando quieran venir. Ahora bien, si hay algún sector privado que ha abandonado Nuevo Roces, es precisamente el que más beneficios ha sacado, las entidades bancarias. Porque todos tenemos hipotecas con esos bancos, y en los contactos que hemos tenido como asociación todo son buenas palabras, pero no han tenido ni la delicadeza de colocar un cajero”, reclama el presidente de la asociación vecinal.

 

Desde la pasarela inaugurada en junio para cruzar la ronda, tras cuatro largos años de espera, hoy se puede contemplar y también entender Nuevo Roces. Y lo que se ve allá abajo, en la llanura, con el Pico del Sol y el monte de Lavandera al fondo, no es solo un barrio ganado a pulso por los vecinos día a día, sino, mucho más lejos, el ancho futuro del concejo: el Gijón no Gijón.

Así lo cree Miguel Bernardo. “Nuevo Roces se está formando desde la juventud, y no me cabe duda de que es el futuro de la ciudad. Hasta ahora no hemos roto la idea de ser un barrio dormitorio, pero cuando se consoliden los servicios públicos el barrio tendrá una estructura. A pesar de la desidia de quienes nos gobernaron, que nunca sintieron Nuevo Roces como parte de la ciudad, sino como un pegote, el trabajo del vecindario yendo a protestar a los plenos, o saliendo a las ventanas, ha hecho posible que hoy sea conocido como un barrio de Gijón, como dice nuestro lema”.

Quince años después del comienzo de la historia, #NuevosRocesTambiénEsGijón

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