Efectivos de Bomberos del Principado de Mieres y Caso tuvieron que acceder tanto por la parte inferior del vehículo, como por la superior, retirando una pieza tras otra y abriendo un camino para alcanzar al animal que, ya a salvo, ha vuelto con su dueña
Es fácil ver en los bomberos a esos abnegados y valerosos héroes que protegen al conjunto de la ciudadanía combatiendo cara a cara contra las llamas. El drama que asola desde hace una semana Madrid, Ávila, Toledo y otros puntos del centro peninsular da fe de ello. Sin embargo, de sobra es sabido que el papel de estos profesionales va mucho más allá de la mera extinción de incendios. Y este lunes, en la localidad de Felechosa, volvió a quedar probado de sobra… Y no sin su dosis de dificultad. Por espacio de varias horas, efectivos del Servicio de Bomberos del Principado movilizados desde los parques de Caso y Mieres tuvieron que esmerarse a fondo para rescatar a un pequeño gato que llevaba un día entero atrapado en el hueco del motor de un turismo allí estacionado. Una tarea inesperadamente peliaguda, ya que el felino, de reducido tamaño, se hallaba oculto en un espacio minúsculo; por ello, fue preciso desmontar parcialmente el motor para alcanzar al animal, que ya está de nuevo con su dueña, sano y salvo.
Así contado, puede resultar difícil visualizar la complejidad del operativo, pero vaya si lo fue… De entrada, el que personal destacado en dos bases distintas respondiese a la llamada de alerta da una primera medida de ello. Una vez en la zona, el primer paso fue elevar y asegurar el coche, valiéndose de ‘gatos’ hidráulicos -vamos, de esos sin pelo, ni bigotes, y sí dotados de palancas y muelles-. Con el vehículo ya en condiciones para trabajar en él con seguridad, un bombero se deslizó bajo el mismo y trató de alcanzar al minino por la parte inferior… Sin resultado. Es fácil imaginar la cara de esos curtidos profesionales al ver que sus reiterados esfuerzos se revelaban infructuosos. Por fin, ante la imposibilidad de alcanzar al felino, se optó por cortar por lo sano, abrir el capó, desencajar la batería y sacarla. Y aun así los rescatistas no consiguieron coger al animal, ya que sus brazos, literalmente, no llegaban. La papeleta se resolvió cuando un vecino -otro de los héroes de la jornada- se prestó a ayudar a los desesperados bomberos y, él sí, tomó al gato y lo liberó.
En fin… Toda una odisea felina de la que ya querría haber sabido Christopher Nolan.



