sábado, abril 17, 2021
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Ni uno más, ni una menos

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De una manifestación que no debería haberse celebrado a otra que debería celebrarse


¿Qué hay de malo en organizarnos, en protestar, en decir a viva voz todas esas verdades incómodas?


Un año más estamos aquí, aunque no todas. Han cambiando muchas cosas desde aquel último 8 de marzo en que no sabíamos, del todo, lo que se nos venía encima. 365 días de vaivenes, casi todos tristes. Doce meses de hastío, de cansancio, de estar hasta arriba de todo y muy bajos de moral. De aquel 8 de marzo a este de hoy tan solo encuentro un paralelismo: los dos están envueltos en polémica.

De una manifestación que no debería haberse celebrado a otra que debería celebrarse. Huyendo de la polémica en sí no puedo dejar de preguntarme si lo que de verdad escuece tiene algo que ver con este virus o simplemente es la excusa que muchos buscan para silenciarnos. Me lo pregunto después de ver las imágenes de manifestaciones (en coche) por la concertada, de aquella “caravana de la libertad” de VOX o estas, de aficionados del Atleti juntándose para animar a su equipo. 

Así que intuyo que lo que duele es algo más profundo. Una especie de venda colectiva donde lo que no se habla no existe. O un esfuerzo mayoritario para cerrar los ojos ante la realidad

Y aquí tengo una pregunta para todos, ¿qué nos pasa con el Día Internacional de la Mujer? ¿qué hay de malo en organizarnos, en protestar, en decir a viva voz todas esas verdades incómodas? Sigue habiendo techo de cristal, brecha salarial, discriminación laboral con la maternidad. Las parejas siguen marcadas por un amor romántico con tufillo a machista y a la vida, que es todo eso que nos pasa ahí fuera de lunes a viernes, hay quien quiere seguir mandándola fregar.

Pancarta vista en la última manifestación del 8M

Pero a lo mejor es que no se ha explicado bien. Que las mujeres lo que queremos, lo único que perseguimos, reivindicamos y buscamos es vivir una igualdad real y efectiva. Tener hijas sin madres preocupadas por si volverán a casa. Tener hijos que no entiendan cómo todo esto podía suceder. Y la única realidad es que aún queda mucho para conseguirlo.

De eso dieron buena cuenta todos los espectadores que este sábado siguieron la retransmisión de los Goya a través del Facebook oficial de RTVE. Esta es una las lindezas que varios iluminados soltaron sobre las actrices que posaban en la alfombra roja: “Y digo, no sé de donde la han sacado a esta, pero joder, esta cobra, macho. Pero puta, puta… seguro. Qué pinta, macho.”

Ojalá solo habláramos de educación, de información, de respeto

Lo peor no son los comentarios. Ni que sucediera en una televisión pública, ni que los tipos se encontraran tan cómodos en sus opiniones y en esa camaradería tan suya. No. Lo peor es que – y permitidme hablar por todas en esta ocasión- a ninguna mujer nos sorprendieron estas frases. Y no nos sorprenden porque estamos tan acostumbradas a ser juzgadas (por nuestro cuerpo, por nuestra ropa, por nuestras decisiones o por el número de camas que elegimos visitar) que, insisto, esto nos suena a cotidiano. 

Por eso, ojalá hoy fuéramos capaces del consenso. Ojalá solo habláramos de educación, de información, de respeto. De las miles de mujeres a las que, como sociedad, estamos abandonando. De que el maltrato es la última parte, pero hay muchas más detrás. Pero, sobre todas las cosas, ojalá algún día tengan razón los que hoy la pierden, y no necesitemos seguir luchando. Ojalá quienes vienen detrás celebren este día en conmemoración a lo hecho y no en necesidad de lo que queda por hacer. Ojalá, ni uno más, ni una menos.

Por Paula G. Lastra

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