Diez días después de las quejas que por el mismo motivo suscitaron los conciertos del Gijón Arena, el volumen del hilo musical de los pubs y bares de la zona vuelve a abrir el debate sobre la proliferación del ruido en las zonas más turísticas de la ciudad
«Mira tú por dónde… ¡Tenemos música gratis!», ironiza una de las personas consultadas para elaborar esta noticia. Quédense con ese término, por cierto: ‘ironía’. Porque la música a la que la gijonesa en cuestión se refiere no es otra que la que mana de los distintos negocios hosteleros alineados frente a la avenida José García Bernardo, en El Rinconín… Y no hay disfrute alguno en el hecho de que se escuche, ya convertida en simple ruido, «a la altura de la escalera 12 del Muro, y más allá». Podría parecer una simple anécdota, una queja puntual sin mayor recorrido. Pero el alto volumen de esos hilos musicales, sin ser constante, sí es frecuente en las franjas finales de la tarde… Y ya ha comenzado a resultar molesto para algunos usuarios de la playa de San Lorenzo y habitantes del barrio de La Arena. Una circunstancia que amenaza con reabrir el debate acerca del elevado nivel de decibelios que se da, especialmente, en las áreas con mayor impacto turístico de la ciudad apenas diez días después de que los conciertos del ciclo Gijón Arena desatasen una polémica análoga.
«Yo vivo cerca de la escalera 10, e incluso ahí oímos la música», relata María José Cuervo, presidenta de la Asociación Vecinal de La Arena. Nombres como «Pura Vida, Bellavista y hasta el hotel Abba, cuando organizan conciertos en su terraza» desfilan frecuentemente por las bocas de sus representados. Y, si bien es cierto que «no hemos recibido quejas formales por ello», Cuervo sí concede que «se comenta, y mucho; los vecinos se suelen preguntar si de verdad hace falta que pongan la música tan altísima para que sus clientes lo pasen bien». La misma pregunta se hacen a pie de calle gijoneses como N. V.; acodada junto a la 14, camino de su domicilio tras una tarde de disfrute en San Lorenzo, y con el estruendo de fondo, esta joven está convencida de que «esos bares tienen que estar incumpliendo alguna normativa, pero no parece que nadie haga nada. ¿Por qué?». A pocos metros de ella, entre la 14 y la 13, Jacobo García se muestra un poco más comedido. «El sonido es muy fuerte, pero es verdad que se acaba a eso de las diez de la noche, así que molestar, molesta solo por la tarde», detalla. No obstante, sí concede que «las normas están para cumplirlas, y si no es así, algo habrá que hacer».