La Junta rechaza, de nuevo, la pretensión de la ultraderecha, con los votos de PP y Foro, de hacer de estas arquitecturas tradicionales alojamientos turísticos, puntos de información turística o bar-tienda

Gracias al Ministerio de Cultura sabemos, con una semana de antelación, que los hórreos de Galicia, León, Cantabria, País Vasco y, claro, Asturias serán reconocidos por el Consejo de Ministros como “vehículos de transmisión y expresión simbólica de identidad como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial”. Según este reconocimiento, los valores de los hórreos configuran un capital cultural que “contribuye a la cohesión social y al fortalecimiento de las identidades locales y regionales”. Se aprobará, supuestamente, en una semana y señala que los hórreos se diseñaron “para guardar las cosechas y alimentos y ponerlas a salvo de los roedores y alimañas”. ¿Qué sucede cuando se les quiere dar otra utilidad?
El Ministerio de Cultura no especifica ninguna función más y alerta sobre algunos riesgos que amenazan su “mantenimiento”, como la desvinculación funcional del hórreo y su homogeneización. El texto asegura que la declaración de Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial garantiza las medidas de salvaguarda, orientadas a “preservar su dimensión simbólica y social, junto con la conservación material y los oficios tradicionales vinculados a ella”.
Pero la declaración no especifica estas medidas, de competencia autonómica, y ese es parte del dilema de conservación al que se enfrentan “los hórreos del norte de la Península Ibérica”. En Asturias no se resuelve esta cuestión, crucial para evitar la pérdida de identidad ante los nuevos usos de estas arquitecturas populares. En la Ley 1/2001, de 6 de marzo, de Patrimonio Cultural, en el apartado 3 del artículo 75, se dice que el uso “será el tradicional de granero, despensa y almacenaje de enseres y herramientas”.
Vox pretende, desde abril de 2024, ampliar usos de hórreos y paneras, para adaptarlos a los modelos de vida contemporáneo y ofrecer a sus propietarios y propietarias “mayor libertad a sus propietarios”, con la excusa de “evitar su desaparición”.
Aquel primer intento fue rechazado por la Cámara y este miércoles ha regresado al Pleno de la Junta del Principado con una nueva y calcada Proposición No de Ley (PNL). El objetivo es “ampliar los usos de los hórreos y paneras, permitiendo mayor libertad a sus propietarios, de forma que puedan utilizarlos, entre otros usos, como alojamiento turístico, como punto de información turística, tienda, bar-tienda o quiosco de prensa, biblioteca, sala de lectura, cine o juegos”. Además, la propuesta del grupo de ultraderecha reclamaba “flexibilizar los requisitos para llevar a cabo la rehabilitación de los hórreos en cuanto a materiales permitidos, el cierre entre pegollos, la apertura de vanos, así como la eliminación del concepto de elementos discordantes”.
En su intervención, el portavoz de Vox, Javier Jové, acusó a la consejera de Cultura, Vanessa Gutiérrez, de no hacer nada desde hace dos años para la defensa de estos elementos y rechazar la idea de la declaración “inmaterial”, sobre la que dijo que es “humo y no sirve para nada”, sin ampliar su argumento. La solución para Vox no es invertir más en la protección, sino reformar la Ley que los protege para que sus propietarios puedan rentabilizar la inversión de la rehabilitación.
Recurrió una vez más al informe de 2019, elaborado por Cristina Cantero -actual directora del Museo de la Minería y de la Industria de Asturias (MUMI)-, para la Consejería de Educación y Cultura de Berta Piñán. Se trata de un documento marco de recomendaciones sobre la gestión de hórreos y paneras, en el que propuso, entre otras muchas cosas, el uso como alojamiento turístico, con una condición: que fueran complemento de un alojamiento ya establecido (y cuya oferta habitacional no podría superar un 30% de las plazas disponibles). El informe también reclamó mayor comunicación entre la administración y la ciudadanía para proteger el futuro del patrimonio.
Jové resumió la cuestión de la siguiente manera, para insistir en el voto de la Asturias rural: “Hay que permitir a los paisanos que den el uso que consideren”. Y fue entonces cuando su intervención entró en colisión con su PNL, al declarar que el permiso tenía condiciones: “Siempre y cuando garanticen el respeto a la fisonomía, los elementos estructurales esencial del hórreo y que no se desnaturalicen”. Jové acabó al grito de: “¡Menos patrimonio inmaterial”.
Esta contradicción fue subrayada por el portavoz del PSOE, Ricardo Fernández, que argumentó su voto en contra por la indefinición de los usos que muestra la PNL y el problema que puede ocasionar en el respeto a la fisonomía de los hórreos el uso sin restricciones de materiales, que también propone. “Esto no es libertad, es un despropósito”, indicó Fernandez, para quien la PNL de la ultraderecha “no conduce a la salvación, sino a la desaparición legalizada”.
La Proposición de Vox contó con los votos del PP y de Foro, cuyo portavoz, Adrián Pumares, reconoció la paradójica situación en la que colocaba a su partido, cuando un año y medio antes se abstuvo para la misma PNL. José Luis Costillas, del PP, denunció el recorte de inversión en los presupuestos de Protección del Patrimonio para este año y la baja ejecución de las ayudas del año pasado. Y reclamó al Gobierno del Principado un cambio de la legislación para no dejar caer más hórreos, porque dados los costes totales y las ayudas, su mantenimiento es un privilegio “de muy poca gente”.
Tanto Covadonga Tomé, de Somos Asturies, como Xabel Vegas, diputado de Convocatoria por Asturies, votaron en contra. Tomé indicó que la autenticidad del patrimonio no puede venderse ni convertirse en un decorado turístico: “Su intención es convertir hórreos y paneras en alojamientos turísticos y no puedo estar más en desacuerdo”. Vegas resumió la iniciativa de esta manera: “Quieren salvar nuestros hórreos, destruyéndolos”.
Aunque Vox aceptó la enmienda del PP, que ya propuso en 2024 y que sustituyó una frase ambigua por esta lacónica: «Para adaptarlos a la actual situación del mundo rural asturiano». El Parlamento ha vuelto a tumbar la propuesta, pero la cuestión de la protección de la identidad sigue pendiente ante la turístificación del entorno. Los carpinteros especialistas en su rehabilitación, que trabajan en sus características para no alterarlas, alertan de la intención de los propietarios por transformarlos en alojamientos turísticos.