Figura imprescindible de la música, la poesía y la fotografía, la estadounidense se ha convertido en la primera galardonada de esta edición en ser desvelada; su obra va de la mano del compromiso con múltiples y variadas causas solidarias

Cualquiera que se autoproclame fan del punk rock debe, si quiere conservar tan honroso título, haber oído hablar de ‘Horses’. Y eso, siendo tolerantes, y descartando el haberlo escuchado, vuelto a escuchar y hasta adorado. No en vano, con la publicación de ese álbum, en pleno ecuador de la década de 1970, la simpar Patti Smith estaba construyendo, sin saberlo, uno de los cimientos fundamentales de dicho género. Ese es uno de los muchos y variados méritos que la han convertido en figura clave de la cultura de las últimas cinco décadas, en la ‘madrina del punk’ por derecho propio, en una inspiración para generaciones enteras por todo el mundo… Y, desde este miércoles, también en merecedora del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026. En efecto, el jurado de la Fundación homónima, presidido por María Pagés, ha decidido dar paso a la candidatura propuesta por la escritora Inés Martín Rodrigo, y ha anunciado la concesión a la estadounidense del prestigioso galardón, primero desvelado de los ocho que se otorgarán en esta edición. Un gesto que, como no podía ser de otro modo, ha tenido por escenario el Salón Covadonga del Hotel Eurostars de La Reconquista, sito en Oviedo.
Nacida en Chicago, la más poblada ciudad del estado de Illinois, en 1946, Smith se ha labrado una reputación difícil de igualar no solo en el plano musical, sino también en los de la poesía, la fotografía y la creación de performances. Hija de un empleado de la multinacional Honeywell y de una cantante de jazz, la formación cultural fluyó hacia ella desde edad temprana, al igual que la educación religiosa. En 1967, tras un breve periodo trabajando en una fabrica de bicicletas, abandonó la universidad y se trasladó a Nueva York; fue allí, en ‘la ciudad que nunca duerme’, donde comenzó a forjarse su leyenda. Pintando, escribiendo y actuando por igual, en 1974 obtuvo sus primeros laureles musicales con el sencillo ‘Hey Joe / Piss Factory’. Fue una entrada en el mundo de la música por la puerta grande, seguida al año siguiente por el mencionado ‘Horses’, y continuada en las décadas siguientes por trabajos imprescindibles, como ‘Easter’, lanzado en 1978 y que incluye la conocida canción ‘Because the Night’; ‘Wave’, de 1979; ‘Dream of Life’, publicado en 1988, o ‘Gone Again’, que vio la luz dieciséis años después.
Esa producción musical fue de la mano de incursiones constantes en otros terrenos, destacando entre ellos el de la lírica. Una puerta que abrió en 1972, con el poemario ‘Seventh Heaven’, y al que siguieron criaturas como ‘Because The Night’, de 1976, escrito a dúo con Tom Verlaine; ‘Woolgathering‘, del 92, o ‘Auguries of Innocence’, escrito en 2005. Todo ello, sin olvidar memorias de gran reconocimiento, como ‘Just Kids’, que data de 2010, galardonado con el National Book Award; ‘M Train’, de 2015, o su pieza más reciente, ‘Bread of Angels’, del año pasado. Y todo ello, sin dejar de lado su compromiso con múltiples causas sociales y políticas, a las que ha dedicado buena parte de sus instantáneas e instalaciones. Sirva como ejemplo el reciente proyecto ‘Correspondences’, junto a Soundwalk Collective, centrado en la crisis climática. Un amplísimo y ecléctico currículum que le ha valido reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Premio Polar de la Música o su inclusión en el Salón de la Fama del Rock, amén del cariño y la admiración de un público tan entregado como repartido por todos los confines del globo.