viernes, mayo 7, 2021
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“Ser la ‘familia pumata’ es nuestra seña de identidad”: C.B Pumarín

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“No crecemos más por problemas de espacio”


“Unos padres del club nos realizan tests cada semana

Integrantes del C.B Pumarín

Pocos clubes son capaces de identificarse tanto con su gente. Desde 1999, en Pumarín se respira baloncesto. Desde aquellos primeros botes en la pista del colegio Elisburu, ahora renombrado como colegio Pumarín, han pasado muchos jugadores por la entidad. Todos y cada uno de ellos se han ido marcados por un club cercano que no se separa de sus raíces. El Club Baloncesto Pumarín lleva a su barrio por bandera vaya a donde vaya. 

“Somos un club de barrio. El 80 % de nuestros niños son de esta zona. Si no viven en Montevil bajo, viven en Nuevo Gijón, en el Polígono,…” De esta forma, se puede llegar a entender ese sentimiento de pertenencia del club con su barrio. Son palabras de su presidente, Carlos Blanco. Tras una vida ligada al club, ahora, desde la presidencia, es el encargado de gestionar a la ‘familia pumata’. “Intentamos fomentar ese sentimiento de familia. Aquí no se está por dinero, nuestro sueldo es ver llegar a nuestros niños a lo más alto”, explica. 

Uno de los primeros equipos del CB Pumarín. Como no, apoyando al comercio del barrio de Pumarín.

Con cantera y con Pumarín

Junto a su barrio, su cantera es otro de los factores que hace al CB Pumarín un club único. Antes de la llegada de la pandemia, las categorías del club aglutinaban a 370 niños. Una cifra que les coloca en lo más alto en cuanto a conjuntos de baloncesto en Gijón. “Si miras las subvenciones de ayuntamiento, es probable que de baloncesto seamos los que más recibimos, todo en función del volumen de jugadores que tenemos”, cuenta Carlos Blanco. Un trabajo de cantera que, incluso, no es todo lo grande que podría ser debido a la falta de capacidad. “No crecemos más por problemas de espacio. El pabellón de Perchera o el de Gijón Sur están muy saturados como para meter nosotros a más equipos”, explica el presidente. 

Sin piedad con los equipos más humildes, la pandemia también ha causado estragos en el club. Gracias a un sinfín de apoyos, entre ellos el del Instituto Jovellanos (el cual cede sus pistas al club para facilitar el trabajo deportivo), la temporada ha podido continuar con los menores contratiempos posibles. Algo que, para Carlos, es de agradecer. “Asumimos tener que pagar, por ejemplo, la caja de test antes de cada partido. Nuestro problema es tener a alguien que nos los haga. Afortunadamente, unos padres del club nos los realizan cada semana”. 

Sobreviviendo a una época difícil para el deporte base

Al igual que otros muchos clubes de la ciudad, en Pumarín sobreviven a base de malabares económicos. Pese a ello, no cobran entradas por acudir a sus partidos y las cuotas para los jugadores son más que asequibles. “Pagamos 18 euros al mes a partir de los jugadores en categoría Infantil, los más pequeños no pagan. Con eso se financia pagar los pabellones, la ropa de los jugadores o los arbitrajes”. Unos gastos que, junto a las cuotas, se sufragan con el apoyo institucional y a la ayuda, como no podía ser de otra forma, de los negocios del barrio de Pumarín. “Todos nos echan una mano con lo que buenamente pueden”, cuenta, agradecido, el presidente. 

En cuanto a las ayudas institucionales, desde Pumarín admiten la importancia de las mismas para poder solventar los presupuestos. Al mismo tiempo, y al igual que pasaba con otros clubes playos, lamenta la cuantía a pagar por las entidades por utilizar las pistas municipales.”Estamos pagando 1.300 euros al mes solo de alquiler de pabellones. Con un presupuesto de unos 70.000 euros que tenemos, mucho dinero se va en las pistas. Es cierto que te dan subvenciones amplias (unos 25.000 euros), pero alquilar las canchas te quitan mucho”, añade Carlos.

Con el trabajo de todos, el club consigue salir adelante en unos tiempos difíciles para el deporte base. “Hemos perdido muchos niños en sus primeros años, una de las fases más importantes para un chico que está empezando en el deporte”, lamenta Carlos que, también, teme a lo que pueda llegar. “A los que no hemos podido captar estos meses, sacarlos del mundo de las videoconsolas va a ser muy complicado. Los niños tienen que hacer deporte, es parte de su educación”, comenta Carlos Blanco, presidente de un club con unos principios muy definidos. C.B Pumarín: un club de barrio y de familia. De familia pumata. 


Borja Fernández es colaborador en miGijón y periodista en Radio Marca Asturias


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