16 paneles con fotografías recorren diferentes espacios de la instalación gijonesa, claves para su funcionamiento, que quedan fuera de los ojos de los visitantes; su director, Alejandro Beneit, anunció en la inauguración la instalación de dos tipos de barreras anticontaminación para estudiar el comportamiento de las carabelas portuguesas

La celebración del vigésimo aniversario del Bioparc Acuario de Gijón, que comenzó en marzo con el depósito en el fondo del oceanario de una cápsula de tiempo para abrirla dentro de otros 20 años, en 2046, sale a la calle para compartir la labor que se desarrolla en su interior, y que hace posible su funcionamiento, con toda la ciudadanía. Desde ayer, y hasta el 16 de agosto, 16 paneles con fotografías del gijonés Daniel González Fernández, acompañadas de un breve texto explicativo, mostrarán en Francisco Tomás y Valiente espacios habitualmente inaccesibles para el público, como las salas técnicas, la cocina, el laboratorio o las áreas veterinarias. Se trata de la exposición ‘Lo que no se ve’, que en un primer momento fue proyectada como ‘El acuario oculto’, muestra que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento a través de la concejalía de Relaciones Institucionales y Juventud.
Esta iniciativa busca además poner en valor el trabajo de los profesionales que hacen posible su labor de conservación, investigación y educación ambiental. «Hay muchísimo trabajo detrás y es un poco el homenaje que queríamos hacer hoy —por ayer—», explicó el director del Acuario, Alejandro Beneit, que se refirió a las fotografías de los paneles como «muy divulgativas», una oportunidad «enorme» para dar a conocer esa labor y que gijoneses y visitantes puedan descubrir todo aquello que sucede detrás de los acuarios y que hace posible el cuidado diario de la vida marina.
Proyecto con el CSIC y la Universidad de Oviedo
En la inauguración de la exposición, Beneit, que estuvo acompañado por empleados y por el concejal Jorge González-Palacios, avanzó la instalación de dos tipos diferentes de barreras anticontaminación frente a la instalación situada en Poniente para estudiar cómo se comportan con las carabelas portuguesas y comprobar si tiene sentido su colocación para frenar su cada vez mayor llegada a nuestras costas, situación vinculada a los efectos del cambio climático. Se trata de un proyecto iniciado el año pasado para el estudio de estos ejemplares y que cuenta en la actualidad con la colaboración del propio Ayuntamiento, el CSIC y la Universidad de Oviedo.