Vecinos de ambos barrios denuncian que hace tres semanas el Ayuntamiento retiró las marcas para asfaltar y, desde entonces, «no se han repuesto»; la situación está provocando molestias, como «coches que aparcan donde no deben», a pocos metros de un geriátrico

Es frecuente que la nostalgia tenga como foco de esa añoranza a una persona, un animal de compañía, un momento particularmente feliz del pasado… Lo que no resulta tan habitual es que se eche de menos un paso de cebra. Si, como suena. Un cruce para peatones. O dos, para ser exactos. Sin embargo, esa pintoresca situación es la que se lleva viviendo desde hace tres semanas en El Llano y Pumarín. Vecinos de ambos barrios gijoneses han alzado la voz para reclamar al Ayuntamiento que reponga los pasos de cebra que, habitualmente, se encontraba en las inmediaciones del cruce de las calles Dolores y Bélgica, justo en la frontera entre ambas zonas. Y las razones van más allá de lo meramente estético; para los lugareños, la ausencia de las marcas en la calzada están llegando a producirsituaciones incómodas con los vehículos que frecuentan el lugar. Arriesgadas, incluso.
«Básicamente, como no hay líneas en el asfalto, los coches aparcan donde quieren; incluso, en las bajadas de los pasos», coinciden las voces consultadas por este diario, refiriéndose a los rebajes hechos en las aceras para que los transeúntes puedan descender al paso y, luego, ascender evitando el escalón de la acera. Y tanto los vídeos que están corriendo como la pólvora en llamas por las redes, como un vistazo físico a la ‘zona cero’, confirman la mayor. Aquí y allá vehículos de todo tipo, tanto turismos como furgonetas, apuran las plazas de aparcamiento en línea hasta los lugares en los que, de normal, estarían los marcajes de los pasos. Una situación ya de por sí molesta… Pero que gana gravedad si se piensa que a la orilla de la calle Bélgica, justo frente al lugar de la polémica, se alza la Residencia Mixta de Gijón, dependiente del Principado. En otras palabras, «por aquí pasa mucha gente mayor, que suele tener la movilidad reducida, y que tiene que andar esquivando coches, o yendo a zonas de la acera sin rebajes para cruzar… Y, encima, sin seguridad».