domingo, abril 18, 2021
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¡Qué grandes somos!

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El grandonismo gijonés es una seña de identidad irrenunciable aunque también es cierto que muchas veces se nos va lo fuerza por la boca


“¿Aquí todo lo tenéis grande?”, me preguntaba con ironía hace unos años un amigo


Dicen que los de Bilbao nacen donde quieren; que para los catalanes “la pela es la pela”; que los cántabros son poco comunicativos y que los de León son cazurros. Estos daguerrotipos se reparten a lo largo de todo el país y me acordé de ellos al enterarme esta semana que las conocidas como “Letronas” de Gijón han cumplido diez años. Una década de un símbolo más de una ciudad cuyo daguerrotipo no puede ser otro que el “grandona”.

Porque quien se acerque o conozca Gijón tiene claro que esta ciudad es aumentativa desde su propio nombre. Gijón y los gijoneses, a los que y de los que escribió con mucho tino mi pariente Mauro Muñiz, forman una simbiosis tan estruendosa en ocasiones que no deja indiferente a nadie.

“¿Aquí todo lo tenéis grande?”, me preguntaba con ironía hace unos años un amigo que vino a visitar la ciudad y que al bajar del autobús lo primero que se encontró fue con la Acerona. La primera página del diario EL COMERCIO informaba en enero de 1962 de la remodelación de la plaza de los Mártires y sus alrededores, en el barrio del Humedal. “Como principal novedad, la acera de la calle Palacio Valdés pierde la línea de tranvía eléctrico número 36, que enlazaba el propio Humedal con El Llano. En su lugar, una amplia acera surcada de árboles hará las delicias de las cafeterías situadas frente a la Gota de Leche, lugar idóneo para grandes terrazas veraniegas en un lugar de paso casi obligado para los centenares de viajeros que las estaciones de tren y autobús dejan en la ciudad cada día”. En un alarde muy gijonés, los vecinos comenzaron enseguida a referirse a la acera más ancha de la ciudad, como la Acerona. 

“(…) ubicada en la que irónicamente muchos “playos” y “areneros” definen como la playa más larga del mundo”

En su inmersión en el grandonismo gijonés, mi amigo enfocó la calle Jovellanos hasta topar con la Basílica del Sagrado Corazón. Aquí descubre no solo que el templo construido en 1918 pronto recibió el apodo popular de “la Iglesiona”, sino que la gran escultura que Sebastián Basterra modeló para su campanario fue bautizada hace muchos lustros como “el Santón” de Gijón.

Poco más de doscientos metros fueron suficientes para encontrar el tercer hito y posiblemente el más destacado y reconocido de nuestra forma de ser: la escalera monumental y de abanico de la playa de San Lorenzo. Así la definió su escultor Gargallo tras inaugurarse en el mes de julio de 1933. Alabada y ponderada por todos los usuarios y visitantes a la playa en aquel verano de los años treinta, pocos días hicieron falta para que la ahora escalera cuatro quedase popularmente bautizada y para siempre como la “Escalerona”. Por cierto, ubicada en la que irónicamente muchos “playos” y “areneros” definen como la playa más larga del mundo ya que comenzaba en Casablanca (popular merendero ya desaparecido) y acaba en “casa San Pedro” (en referencia a la iglesia ubicada en el Campo Valdés).

No creo que hiciesen falta más ejemplos para certificar nuestro grandonismo, pero no puede contenerme y apelando al más puro espíritu gijonés le recordé a mi amigo que en el barrio de Moreda estuvo la “Fabricona”, apelativo heredado por la antigua Ensidesa; que el campo de fútbol más antiguo de España se llama El Molinón, y que cuando el enterrador llevaba los cadáveres al cementerio de Ceares, éstos esperaban la sepultura sobre la frialdad de “la piedrona”. También le conté que poca gente sabe que la escultura de Fernando Alba que todo el mundo conoce como “las chaponas”, se llama” Sombras de Luz”; que “El Elogio del Horizonte” de Eduardo Chillida es conocido como el “váter de King-Kong” o que el obelisco de Rubio Camín se le llama el “Pirulí” y a la Madre del Emigrante la “lloca del Rinconín”.

El grandonismo gijonés es una seña de identidad irrenunciable aunque también es cierto que muchas veces se nos va lo fuerza por la boca. En todo caso: ¡qué grandes somos!

Nacho Poncela es periodista y colaborador de miGijón

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