Tras cinco años de ausencia, el veterano comercio gijonés regresa a la Feria a lomos de las exitosas Husqvarna y Cyclone, sus dos marcas de referencia, y con Voge como nueva incorporación; su vuelta coincide con un momento dulce para las dos ruedas motorizadas

1987 fue un año cargado de hitos. En su marzo -concretamente, el día 17- el mundo del cine español aclamaba la magia de ‘El viaje a ninguna parte’, ganadora indiscutible de la que fue la primera edición de los Premios Goya. Un mes más tarde, el 19 de abril, el ya extinto programa de televisión estadounidense ‘The Tracey Ullman Show‘ emitía el corto fundacional de lo que llegaría a ser la emblemática serie de animación ‘Los Simpson’. Y, mientras todo eso ocurría, millones de habitantes del globo caían rendidos a la pasión por el motociclismo, inmersa, gracias a la proliferación de las llamadas superbikes, en una de las épocas más dulces de su historia. Fue al calor de ese amor internacional por las dos ruedas que ese mismo 1987, en Gijón, nació Reveymo, un nombre llamado a convertirse en uno de los referentes del sector en la ciudad asturiana. A solo un año de cumplir las cuatro décadas de actividad, este comercio ha rebasado con creces el ecuador de 2026 sumando otro hecho digno de recuerdo a su longevo historial: el regreso, tras cinco años de ausencia, a la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA). Una vuelta hecha a lomos de Husqvarna y Cyclone, sus mascarones de proa, pero también de Voge, y que coincide con el inicio de lo que promete ser una nueva ‘edad de oro’ para el motociclismo español.
«Estamos sorprendidos; en este momento, el mercado español es de los que más está creciendo, y si el año pasado ya fue bueno, en lo que va de 2026 las matriculaciones han crecido un 30%», detalla, satisfecho, Ramón Trancho. En su calidad de administrador de Reveymo, este enamorado confeso de las dos ruedas lleva desde el pasado apostado en la FIDMA, comprobando de primera mano hasta qué punto ese interés por tales vehículos continúa al alza. Y es que las circunstancias del momento lo propician… A fin de cuentas, «si cada vez es más difícil aparcar, y el precio de los carburantes sube, una moto ofrece mejores opciones en ambos sentidos, además de consumir menos que un coche, y tener un coste general más reducido; ya no solo es una compra pasional, sino también funcional, práctica, fruto de la necesidad». La validez de la teoría de Trancho la prueban los perfiles mayoritarios de sus clientes. «Si, hace años, eran los jóvenes los que notaban más la picadura del ‘gusanillo’ de las motos, ahora, superados aquellos años en los que la demanda bajó cuando la reemplazó el interés por los ordenadores y los smartphones, hay un público más variado», profundiza. Dentro de esa tendencia, hay un dato que a Trancho satisface especialmente: «cada vez más mujeres se animan a dar el paso, y comprar su propia moto; lo notamos desde hace tiempo».
¿Qué es lo que aquellos que desean satisfacer ese deseo, y recurren para ello a Reveymo, pueden encontrar en sus dependencias de la gijonesa avenida Príncipe de Asturias y, hasta el 16 de agosto, también en la FIDMA? De entrada, algo lógico y evidente: motocicletas. Muchas motocicletas. De hecho, una variedad amplísima de ellas. Como concesionario oficial de Husqvarna y Cyclone que es, y servicio oficial de Voge, esta empresa despliega un catálogo que abarca desde vehículos polivalentes y funcionales, eminentemente pensados para satisfacer la movilidad urbana, hasta motos de turismo diseñadas para largos viajes, cruisers con las líneas clásicas de los diseños estadounidenses de los años 50, o máquinas de gran cilindrada, creadas para lucirse en los circuitos llanos, o para desafiar los trazados de trail de todo el globo. Ahora bien… ¿Qué es una moto, por alta que sea su calidad, sin repuestos, sin asistencia técnica, sin manos profesionales que garanticen su correcto desempeño? Bien, pues todo eso también lo brinda Reveymo. «Cubrimos todo el espectro: desde distribución de recambios a particulares y profesionales, hasta servicio de taller multimarca; cualquier cosa relacionada con las dos ruedas, nosotros la hacemos», acota Trancho. De ello se encarga su equipo, formado por once personas, entre las cuales figuran «apasionados, antiguos pilotos… Es un bagaje fundamental para dar al cliente tanto la calidad que exige, como la confianza que necesita».
Y ese es, precisamente, el dúo de valores con el que esta pequeña tropa de profesionales permanece desplegada estos días en la FIDMA, en su gran regreso tras el parón impuesto por la pandemia de 2020. «Teníamos que volver; eso estaba claro», ríe Trancho, plenamente consciente del potencial de esta cita emblemática del verano asturiano. Porque, aunque marcas como Husqvarna sean de sobra conocidas, «la llegada de nuevas firmas asiáticas hace impresindible visibilizarlas, darlas a conocer entre el público para que sepan de su existencia, de sus prestaciones, de su grado de calidad…». Nada de todo ello, claro, puede lograrse únicamente desde la distancia; hay que acercarse a estas máquinas, hay que palparlas, hay que sentarse en sus sillines y, sobre todo, hay que dejarse enamorar por la fuerza, la potencia, la polivalencia y la sensación de libertad que contagian. He ahí, concluye Trancho, la esencia pura de esa pasión por tantos compartida. «Por eso estamos aquí; para que otras personas la sientan, y se animen a disfrutarla con nosotros».



