
De Caldones, este trotamundos del mundo de la danza, que forma parte del Staatstheater de Hannover, pasó unos días de vacaciones en la tierrina junto con su marido, Carlos Lázaro

El bailarín Daniel Roces Gómez ha estado unos días de vacaciones en su tierra, en Asturias. Aunque, pensándolo bien, Daniel es del mundo en su totalidad porque ha vivido en Nueva York, Londres, Alemania… Ahora forma parte del Staatstheater de Hannover, ballet que dirige el coreógrafo madrileño Goyo Montero. Este profesional se sienta con miGijón, acompañado de su marido, Carlos Lázaro, ballet master de la compañía de Montero y anteriormente bailarín con este mismo.
Oriundo de Caldones
De la montaña, sí señora.
Ya nos puede ir contando cómo un montuno baila en Hannover en el ballet de Goyo Montero. Somos todo ojos.
Empecé bailando en las actividades extraescolares del Jacinto Benavente, colegio donde estudié y, más adelante, por cercanía a la Academia Karel, en el Instituto Calderón.
Así que comenzó en Karel.
Sí, con ocho años empecé con danza española.
¡Qué me está contando!
Sí, sí, mis inicios son de danza española porque era lo único que se cursaba en esa escuela y con ella incluso hice algún que otro bolo. Tenía ocho años.
Pero a ver si lo entendemos, ¿cómo pasa de la danza española a lo que baila ahora, que es contemporáneo?
Un día le dije a mi madre…
¿Cómo se llama?
Carmen.
Entonces…
Le dije: «Maricarmen, me gusta la danza clásica». Así que hice algún concurso.
Todos empiezan presentándose a todo tipo de concursos.
Es la única manera de que alguien profesional, que sepa de la materia, te indique si sirves o no para esto.
¿Dónde fue su primer concurso?
Aquí, en el Teatro Jovellanos. Me presenté a flamenco y estilizada, dos estilos de danza española, y en clásico. Quedé primero en las tres.
Y entonces decide.
A mí me gustaba el clásico, entonces me presenté al conservatorio, en una audición libre. Ahí ya me pasaron al tercer curso de grado medio de clásico. Me fui a Madrid y en el año 2008 entré al Conservatorio de Mariemma.
Iba al instituto…
Al Miguel de Cervantes. Al segundo año de estar en el Mariemma, me presentaron a un concurso y quedé segundo, en categoría de adultos.
Pero si solo llevaba dos años en clásico.
Fue difícil, pero seguí en mi empeño. De hecho, al año siguiente hice una audición para The School of American Ballet, y me dieron la beca de verano.
En Nueva York.
Una vez allí me la ampliaron para todo el año. Y allí estuve con 17 años.
En una escuela como la de la peli ‘Fama’.
Igual. ¿Vio la película ‘El ritmo del éxito’? Pues eso lo vivo yo en primera persona, porque se rodó allí. Ahí estudié la técnica de Balanchine.
Como no nos la explique…
Fue un hombre que vino de Rusia y colaboró en 1930 y 1940 con los ballets de Montecarlo a principios del siglo pasado.
¿No le dio pena marchar?
Allí no solo es bailar bien, es mucha política y escogen bailarines altos. Yo mido 1,71, así que…
¿A qué años se acaban las actuaciones ante el público para un bailarín?
Mire el COVID fue un parón muy grande para todo el mundo, pero para una persona que se dedica a trabajar físicamente, más. Estar retenido durante tanto tiempo… Y encima, en mi caso, con un cambio de compañía… Tardé casi un año y medio en recuperar la confianza en mí. Además, el deterioro, con los años, se nota mucho.
Ya imagino que está pensando en dedicarse a otra cosa dentro de la danza. ¿A ballet master, como su marido?
No, a mí me gusta la enseñanza y soy titulado en Pedagogía de la Danza por la Palucca, una universidad que está en Dresde, en Alemania.
Explíquese.
Gret Palucca fue una figura clave en la Pedagogía de la Danza, centrada en transmitir conceptos técnicos, creativos y expresivos a través de la danza. Yo estaba en Lausitzring y me quedaba cerca. Además, siempre dije que me hice bailarín para luego dar clases.
¿Alguien de su entorno tiene o tuvo algo que ver con la danza?
Mire, fue algo innato en mí. Cuando salían los anuncios en la tele, le hablo de cuando era pequeño, estaba todo el rato bailando, era lo que me gustaba.
¿Dónde se ve dando clases?
El sistema en España para poder ejercer es complicado. Tengo primero que hacer el superior de Danza, porque, aunque tengo un master, que son tres años de estudios, aquí necesitaría lo que le digo. En Europa no, porque funciona con créditos.
¿Sueña con algún lugar en particular?
Me encantaría venir aquí a Gijón y poder crear alguna red en la cual pudiera expandir la danza y crear nuestro espacio.
Creo que también hace coreografías.
He creado para la compañía de Lausitzring una de las piezas para un festival de Bach. Él nació allí.
Supongo que le gustará bailar más con orquesta.
Es mucho más difícil, pero te envuelve. Yo he tenido la suerte de haber bailado casi siempre con orquesta. Un ejemplo es Goyo Montero, con el que trabajo.
Volviendo a los sueños. Después de tanto baile, dirección…, ¿no les apetece meterse en una isla? Digo yo, eh…
Pues sí, además recuerde que yo crecí en Caldones, en una finca con animales, huerta… Me encanta.
¿Y podrán vivir de la danza?
Si me sigo enfocando en la pedagogía, sí, pero dependerá de nuestros ideales.
Pongámonos ahora en situación. Ahora mismo el Ayuntamiento de Gijón o el Principado se pone en contacto con su director y la compañía para venir a bailar, cualquiera de las piezas que tienen, aquí a Gijón. ¿Qué pensaría?
Me volvería loco. Sería impresionante poder bailar por primera vez en mi ciudad, en mi casa, porque no he podido bailar nunca. Y hacerlo también con otro compañero de aquí, con Nicolás Alcázar.
Pues que así sea y que yo lo vea.