Con el cambio de mes, la principal playa urbana de la ciudad vuelve a admitir la entrada de mascotas entre las escaleras 2 y 8, una tónica que se mantendrá, en ausencia de cambios, hasta el 30 de abril del año que viene
«En ningún sitio lo pasamos tan bien juntos; esto es algo así como volver a casa… ¿No?». Hay un deje de duda en las palabras de Yuni Fernández; un toque vacilación, si se prefiere, furto de su temor a haber dicho algo exagerado. Ahora bien, un simple vistazo a su perro ‘Roco’, que corretea a varios metros de ella, y cualquier incertidumbre se esfuma de inmediato. Esta joven colombiana, que ya acumula nueve años viviendo en Gijón, es una de las muchas personas que este jueves, 1 de octubre, no han querido dejar pasar la oportunidad de bajar a San Lorenzo en la buena compañía de sus respectivas mascotas, en el primer día de admisión de animales a la que es la principal playa urbana del municipio. Es, si se quiere, una de las ventajas que lleva aparejadas tanto el cambio de mes, como la llegada del otoño: desde hoy, y hasta el 30 de abril del año próximo -siempre que no haya imprevistos-, humanos y perros convivirán entre las escaleras 2 y 8. Y, por el momento, esa coexistencia está siendo de lo más pacífica.
«¿Problemas? ¿Qué es eso? Aquí todos nos respetamos; ya veníamos el año pasado, y nunca vi nada raro», apunta Fernández, pendiente de ‘Roco’ pese a su escueta conversación con este diario. Un ‘Roco’, por cierto, bastante ajeno a la aludida, y más interesado en jugar con otros canes. Su número, de justicia es decirlo, no es que haya sido particularmente elevado durante la mañana, aunque tampoco escaso. Decenas, más que cientos, pero suficientes para dar por dignamente inaugurada esta larga temporada de reinado animal en San Lorenzo. Cambio, todo sea dicho, que alegra especialmente a Herminia Corbeira; tras haber pasado los meses estivales en su Galicia natal, esta vecina del barrio de Pumarín admite que «en verano me cuesta quedarme aquí, y es por ella, porque como en esta playa, en ningún sitio se lo pasa». ‘Ella’ no es otra que ‘Luna’, una hembra de beagle de solo cinco años que, al igual que ‘Roco’, poco caso le hace a su humana. «¡Mira, mira! Pasa de mí. ¿En qué otro sitio lo podría hacer con tranquilidad?», ríe Corbeira.
Para ella, como para Fernández, la tónica dominante siempre ha sido el respeto mutuo. «Hay mucha playa y, como ya no hace tan buen tiempo, tenemos sitio para todos», reflexiona, consciente, desde luego, de que «todos tenemos que poner de nuestra parte». No es casualidad que ese último apunte -y la pregunta del periodista que lo motivó- coincidiese con un momento en que Corbeira extraía de su sudadera una bolsita de plástico con la que recoger la protocolaria deposición matutina de ‘Luna’. Un sencillo gesto que, insiste, «todos deberíamos hacer, si queremos que esto siga así de bien». Y así es, enfatiza, pues «no recuerdo haber visto nunca a nadie que dejase las ‘cositas’ de su perro en la arena, ni tampoco a gente que viniera a bañarse y que faltase a los que bajamos con nuestras mascotas». En fin, un equilibrio sano y, esperan ambas, duradero. Al fin y al cabo, concluye Yuni Fernández, «podrían levantar más la mano en verano, y dejarnos disfrutar de una parte de San Lorenzo, pero así no estamos nada mal. Ya te digo: como en casa».


