
Convendría comenzar a pensar que, a este ritmo, en 10 años Cimavilla, y todo el centro de Gijón, pasará a ser del estilo de Nueva (Llanes), un pueblo fantasma nueve meses al año y donde, a la vez, es imposible encontrar una vivienda para residir los doce meses
Esta semana toca abordar la tensión en Gijón. No me refiero a la arterial de cada cual, ni la eléctrica, ni cualquier otro chascarrillo que se os pueda ocurrir, sino la tensión en referencia al mercado de la vivienda en la ciudad. Estos días pasados el consejero de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Derechos Ciudadanos, Ovidio Zapico, anunció la declaración de Cimavilla y La Arena como zonas de mercado residencial tensionado.
Explicar en estos poco más de quinientos caracteres que voy a escribir lo que significa esto de que se declare una zona tensionada se me hace complejo, pero creo que podríamos resumirlo muy mucho. Básicamente significa que el Gobierno asturiano se ha dado cuenta de que alquilar o comprar una vivienda en estos barrios es poco menos que imposible para los residentes de ese entorno, y que tiene que tomar medidas para intervenir en el mercado, más bien en el precio que se fija para los alquileres, así como ofrecer ventajas fiscales a los propietarios de viviendas para que estas entren en el mercado. Dicho así, parece que se va a imponer un precio y listo, pero ni por asomo. Sólo se interviene sobre nuevos contratos, y se establece que el precio del alquiler no pueda subir de manera, por ser suaves, arbitraria. En definitiva, medidas para intentar frenar la expulsión de residentes que está sucediendo en Cimavilla desde la pandemia, o que en el barrio de la Arena alquilar un piso no suponga de 900 euros en adelante. Medidas que, en la práctica, se quedarán muy cortas. Bueno, salvo para el Gobierno de la ciudad, cuyo concejal de Urbanismo ha salido como un elefante en una cacharrería diciendo que todo esto es una afrenta al Ayuntamiento de Gijón y que barajaban interponer un recurso ante la sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Asturias.
Mas allá de la vergüenza ajena que produce este enfrentamiento entre administraciones, cabría preguntar al Ayuntamiento de Gijón qué proponen ellos para facilitar que una persona pueda alquilar una vivienda donde poder vivir de forma habitual en su ciudad. La respuesta fácil, cierto es, sería decir que los votos los avalan; es decir, ganan unas elecciones y ejecutan unas políticas que, en el caso del Gobierno actual, y refiriéndonos al urbanismo y a la vivienda, consisten básicamente en que se permita construir recrecidos sobre edificios históricos, y que todos los desarrollos de viviendas sean exclusivamente de iniciativa privada, lo que conduce a que los precios dependan del beneficio que quiera sacar el promotor, por lo que son accesibles en ocasiones solo para el mejor postor. Y como esta tierra está de moda como destino residencial y vacacional, pues ya estaría. Convendría comenzar a pensar que, a este ritmo, en 10 años Cimavilla, y todo el centro de Gijón, pasará a ser del estilo de Nueva, un tradicional pueblo llanisco -por el que os recomiendo dar una vueltina si no lo conocéis- que es un pueblo fantasma nueve meses al año y donde, a la vez, es imposible encontrar una vivienda para residir los doce meses.
La realidad del problema de la vivienda ya se percibe en otras ciudades de España, no es nada nuevo y, si no se hace nada para solucionarlo -como parece que quiere la administración local- el peaje que paga y pagará la ciudad hará que dentro de pocos años lo que era una villa animada se convierta en el retiro balneario de cualquiera que se pueda permitir alquileres de 2000 euros y pisos de 400.000. Es decir, ni tú ni yo, querido lector.
Un poco cansino que solo hables de tu barrio Cimavilla…
Vete a vivir a tu ciudad Oviedin si no tas a gusto .
Menudo argumentario que traes, como siempre, berridos y poco más
Pues mas o menos berridos como tu…Berri …jeje