El diario británico pone el foco en la recuperación del oso pardo y en el creciente turismo de observación que atrae visitantes hasta espacios como Somiedo

Asturias vuelve a colarse en uno de los grandes escaparates internacionales del turismo, aunque esta vez el protagonista no es una playa, un pueblo marinero ni una fabada. Tiene varios cientos de kilos, vive entre las montañas y durante décadas estuvo peligrosamente cerca de desaparecer: el oso pardo cantábrico.
El diario británico The Guardian ha puesto este martes el foco en el norte de España y en el fenómeno generado alrededor de la recuperación del oso, con especial atención a Asturias y a territorios como Somiedo, uno de los grandes referentes nacionales para la observación de esta especie en libertad.
El reportaje aborda la relación entre conservación y turismo y muestra cómo la presencia del oso se ha convertido también en un atractivo para visitantes extranjeros dispuestos a desplazarse hasta la Cordillera Cantábrica con prismáticos y telescopios para intentar contemplar uno de los grandes mamíferos salvajes de Europa.
El cambio experimentado durante las últimas décadas resulta especialmente llamativo. The Guardian recuerda que la población de osos de la Cordillera Cantábrica llegó a encontrarse en una situación crítica durante los años ochenta, cuando quedaban menos de 60 ejemplares.
Actualmente las estimaciones sitúan la población por encima de los 500 osos, una recuperación que ha cambiado radicalmente el escenario y que convierte al caso cantábrico en una historia internacional de conservación.
Asturias ocupa un lugar privilegiado dentro de ese mapa.
El Parque Natural de Somiedo es uno de los territorios más asociados a la especie y se ha convertido además en destino para aficionados a la fauna salvaje. En determinadas épocas del año es habitual encontrar visitantes apostados en puntos de observación tratando de distinguir algún ejemplar en las laderas.
No existe, por supuesto, ninguna garantía de conseguirlo. Precisamente ahí reside buena parte del atractivo: no se trata de animales en cautividad ni de una atracción turística programada, sino de fauna salvaje moviéndose libremente por un territorio de montaña.
El fenómeno genera también oportunidades económicas. Alojamientos rurales, empresas de turismo activo, guías especializados, restaurantes y otros negocios pueden beneficiarse de visitantes cuyo principal motivo para viajar hasta estas zonas es la naturaleza.
Que un medio internacional como The Guardian dedique espacio a esta realidad proporciona además una promoción difícil de cuantificar para Asturias. El periódico británico cuenta con lectores repartidos por todo el mundo y su sección de viajes constituye un importante escaparate para destinos interesados en atraer un turismo especialmente vinculado a la naturaleza.
Pero el éxito plantea igualmente desafíos.
El crecimiento del interés por observar osos obliga a extremar las precauciones para evitar molestias a los animales. La observación responsable debe realizarse desde lugares adecuados, manteniendo las distancias y evitando cualquier comportamiento que pueda modificar las rutinas naturales de los ejemplares.
También existe una cuestión especialmente sensible: cómo compatibilizar la recuperación de la especie con la actividad ganadera y la vida cotidiana de quienes habitan en estos territorios. La expansión del oso implica una convivencia que no siempre resulta sencilla y que exige medidas de prevención y compensación ante posibles daños.
El caso asturiano muestra así las dos caras de una recuperación extraordinaria. Lo que hace apenas unas décadas era fundamentalmente una batalla para impedir la desaparición de la especie se ha convertido ahora en un reto mucho más complejo: gestionar su crecimiento y aprovechar las oportunidades económicas que genera sin convertir al propio oso en víctima de su éxito.
Mientras ese debate continúa, las montañas asturianas siguen despertando interés fuera de España.
Y miles de lectores británicos tienen desde hoy una razón más para colocar Asturias en el mapa: la posibilidad de contemplar, desde la distancia y con algo de suerte, a uno de los animales más impresionantes de la fauna europea caminando en libertad por la Cordillera Cantábrica.