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«Todo molesta»: el hartazgo de algunos comerciantes de Gijón ante las quejas y restricciones

Redacción por Redacción
30/08/26
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Los afectados aseguran que el problema no son nuevas normas, sino una aplicación más rígida y una creciente intolerancia hacia situaciones propias de la actividad urbana

Autónomos y empresarios de distintas zonas de Gijón denuncian las dificultades que, aseguran, encuentran para desarrollar su actividad diaria en calles peatonales y semipeatonales, especialmente a la hora de realizar operaciones de carga y descarga. Tras ponerse en contacto con este diario, hablan abiertamente de una sensación de «persecución» y reclaman un modelo que permita compatibilizar la mejora del espacio urbano y el descanso vecinal con la supervivencia del comercio y la hostelería.

Los afectados introducen, no obstante, un matiz importante: no hablan necesariamente de restricciones nuevas. Muchas de las normas que regulan el acceso de vehículos, los horarios o las operaciones de carga y descarga llevan tiempo vigentes. Lo que algunos comerciantes aseguran percibir es una aplicación cada vez más estricta y, sobre todo, una menor tolerancia hacia determinadas situaciones que consideran habituales e inevitables en el funcionamiento cotidiano de una ciudad.

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«Los comerciantes necesitamos facilidades de acceso a nuestros locales», resume uno de los afectados consultados. El malestar se concentra especialmente en las restricciones de circulación, la instalación de pivotes y las dificultades que encuentran proveedores y distribuidores para acercarse hasta determinados establecimientos.

Pero detrás de sus quejas aparece también un debate más amplio sobre la convivencia entre residentes y actividad económica. Los comerciantes consultados consideran que no todas las personas tienen la misma percepción de lo que resulta molesto y creen que, en determinadas ocasiones, se formulan exigencias que consideran difíciles de compatibilizar con la vida habitual de una ciudad.

Utilizan para explicarlo una comparación sencilla: hay personas a las que puede resultarles insoportable el pequeño tic-tac de un reloj y otras que apenas lo perciben o incluso lo encuentran agradable. Con el ruido, el tráfico, las terrazas o las operaciones de carga y descarga, sostienen, sucede algo parecido.

Por eso apelan al concepto de «buena vecindad». A su juicio, la convivencia no consiste únicamente en exigir el cumplimiento de las normas, sino también en asumir cierto grado de tolerancia y entendimiento entre quienes comparten un mismo espacio urbano.

«Tiene que haber convivencia y actividad. Esto es una ciudad», señalan.

Especialmente, añaden, cuando se reside en zonas céntricas o en el casco antiguo, donde existe una mayor concentración de comercios, establecimientos hosteleros, visitantes y actividades. Los empresarios creen que esa realidad debería tenerse en cuenta, del mismo modo que consideran necesario respetar el descanso de quienes viven en esas calles.

También recuerdan que Gijón atraviesa momentos del año con una elevada afluencia turística y una actividad especialmente intensa. Verano, fiestas o grandes eventos generan inevitablemente, argumentan, jornadas con mayor movimiento de personas, mercancías y vehículos. Para los comerciantes, el reto debería estar en encontrar un equilibrio y no en plantear el debate como una confrontación entre vecinos y negocios.

Uno de los principales reproches se dirige precisamente a la aplicación práctica de las restricciones. Los afectados reconocen que la Policía Local tiene la obligación de hacer cumplir las ordenanzas y entienden que, cuando existe una denuncia o se detecta una infracción, los agentes deben intervenir.

Sin embargo, reclaman también cierto margen de criterio ante situaciones puntuales. «La Policía Local no solo está para ejecutar la legalidad, también debería poder explicar al ciudadano y advertir», sostienen. Ponen como ejemplo paradas de «un minuto o medio minuto» destinadas exclusivamente a recoger o entregar mercancía, siempre que no generen un problema de tráfico o seguridad.

La proliferación de elementos que impiden el acceso de vehículos es otra de las cuestiones que generan críticas. «No paran de poner pivotes», lamentan. Una situación que, según estos comerciantes, termina afectando no solamente a los propios negocios, sino también a los clientes.

Y ahí aparece una de sus mayores preocupaciones: la competencia del comercio electrónico y de las grandes superficies. «Al final acabamos comprando por Amazon y después nos rasgamos las vestiduras porque cierran los comercios», lamenta uno de ellos. Aseguran que acudir al centro en coche puede convertirse en «una odisea», especialmente cuando el consumidor tiene que asumir además «10 o 15 euros de parking».

Frente a ello, recuerdan que los centros comerciales ofrecen grandes aparcamientos y un acceso sencillo, lo que puede terminar inclinando la decisión del consumidor.

El debate alcanza también directamente a la hostelería. «Parece que somos el enemigo. Todo el mundo quiere ir a una cafetería, pero nadie quiere que esté debajo de su casa», resume gráficamente uno de los consultados.

Los empresarios consideran que una ciudad debe poder mantener simultáneamente su carácter residencial, comercial, hostelero y turístico. Temen que una aplicación excesivamente rígida de las normas termine desincentivando determinadas actividades y provocando que algunas calles pierdan progresivamente tejido económico.

Las restricciones afectan igualmente a la logística. Los establecimientos situados en calles peatonales o semipeatonales necesitan recibir mercancías regularmente y los vehículos de distribución, especialmente los que abastecen a la hostelería, encuentran dificultades para acceder.

Por ello, los comerciantes consultados no plantean eliminar las zonas peatonales ni cuestionan el derecho al descanso de los vecinos. Tampoco reclaman dejar de aplicar las ordenanzas. Lo que piden es una revisión de las condiciones de acceso, carga y descarga, proporcionalidad ante determinadas situaciones y, sobre todo, recuperar lo que consideran un elemento fundamental de cualquier ciudad: la convivencia.

En definitiva, reclaman un modelo en el que las calles puedan ser espacios agradables para vivir sin dejar de ser lugares en los que también sea posible trabajar, recibir mercancías, comprar, tomar algo y mantener abiertos los negocios.

Comentarios 7

  1. Galindo says:
    2 semanas ago

    Antes los tontos eran conocidos en su entorno, ahora tienen web, escriben en redes sociales y hasta se ponen nombres institucionales para parecer menos tontos. El problema es cuando la gente los escucha y alguno se lo cree. Si al tonto le parece mal que una furgoneta invada una zona peatonal para una carga y descarga puntual quizá la policía a quien tiene que detener es al tonto y dejar a la furgoneta en paz.

    Responder
    • Sara says:
      2 semanas ago

      Quizá en vez de pelear para que los vecinos no llamen a la policía y estos hagan como que no vieron nada, se debería pelear por una implantación de zonas de carga y descarga como es debido y como tienen en la mayoría de las ciudades del tamaño de Gijón. De esta manera no se tendrían que ocupar las aceras con furgonetas y todos saldríamos ganando.

      Responder
      • Galindo says:
        2 semanas ago

        En una zona peatonal no se puede «legalizar» ninguna carga y descarga porque entonces deja de ser peatonal. Simplemente tiene que existir sentido común. Nunca he visto a ningún policía multar por quien espera en su coche a quien baja del portal y no por eso hay que normalizarlo o regularizarlo. No se trata de hacer normas sino de apartar a los tontos y dejar de escucharlos.

        Responder
        • Sara says:
          2 semanas ago

          Nadie dijo que la zona de carga y descarga tenga que estar en una zona peatonal. Siempre hay alguna calle al lado donde se pueda poner. Está ya todo inventado. Por ejemplo, la calle Corrida está plagada de comercios y nunca vi un camión en medio descargando mercancía. Si se quiere, se puede perfectamente.

          Responder
    • Fran medina says:
      2 semanas ago

      Antes los tontos eran conocidos en su entorno, ahora no tienen web, comentan anónimamente en redes sociales y hasta se ponen nombres falsos para parecer ciudadanos anónimos. El problema es que la gente ya los tiene calados y no se los cree. Si al tonto le parece mal que la gente proteste porque destrozan las baldosas del suelo y generan una mala accesibilidad, si que se le escuche clamar por que se creen más espacios de carga y descarga, quizás la policía debería de hacer su trabajo para que estos tontos de verdad, no se crezcan y piensen que ancha es Castilla y que la ciudad les pertenece y el resto que se calle.

      Responder
  2. Cochista says:
    2 semanas ago

    Hosteleros y empresariucos de 3/4 quejandose del acceso en coche en Gijón, esto si que es un buen chiste. La ciudad en la que puedes tirar el coche en cualquier esquina sin que nadie te multe, la ciudad en la que se para en doble fila allá donde se quiere. Hay que tenerlos cuadrados

    Responder
  3. Miguel says:
    2 semanas ago

    Si quieres aparcar gratis en Gijón cómprate una furgoneta con el vinilo de una empresa y puedes dejarlo en carga y descarga el tiempo que quieras

    Responder

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