El ejemplar, de 82 centímetros y 6,2 kilos, ha sido pescado a mosca por Iván Alonso Peñayos, vecino de Gamonéu, y no ha sido subastado; IU-Convocatoria por Asturies aprovecha la larga demora para reivindicar de nuevo la urgente veda de la especie

Como se dice que suele ocurrir con las celebridades, han hecho falta un mes y un día de espera, desde el pasado 18 de abril, hasta que el campanu se ha dejado ver pero, al fin, el primer salmón de la temporada ha salido del río Sella… A la altura de Cangas de Onís. Allí, apostado junto a las caudalosas aguas cuando los relojes marcaban las 9.30 horas, Iván Alonso Peñayos, vecino de Gamonéu, se hacía con una pieza que ha medido 82 centímetros, y pesado 6,2 kilogramos. Un hito empañado por la inquietante y creciente escasez de animales de esta especie en el Sella, que llevó al Ayuntamiento cangués y a la Asociación de Pescadores ‘El Esmerillón’ a suspender la tradicional subasta en el Puente Romano, una medida adoptada el 11 de mayo, tres semanas después de arrancar la temporada. Así, el Gobierno local destinará los 2.500 euros que aporta cada año al pescador a la mencionada ‘El Esmerillón’. Sin embargo, este hecho tan inusual como preocupante ha vuelto a hacer saltar las alarmas sobre la precaria salud del salmón en los cauces asturianos.
Sobre ese particular se ha pronunciado hoy el diputado de IU-Convocatoria por Asturies Xabel Vegas, quien ha vuelto a pedir la veda, mediante su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE), a fin de favorecer su recuperación y evitar una extinción que cada vez parece más plausible. «Lejos de ser un motivo de celebración, la salida del campanu supone un enorme motivo de preocupación sobre el estado de esta especie del salmón atlántico», ha aseverado, advirtiendo de que el capturado por Peñayos podría ser «uno de los últimos salmones que se pesquen». Y es que, ha recordado Vegas, este animal es parte «de la identidad ambiental, cultural y emocional de Asturias», igual que especies emblemáticas como el oso o el urogallo. Por ello, ha concluido su alegato aseverando que su desaparición supondría renunciar «a una parte esencial de lo que significa Asturias como paraíso natural».