Dos coches que circulaban por la AS-356 chocaron frontalmente a la altura de la curva, un tramo conocido por ser escenario usual de tales competiciones; se desconoce su hubo heridos, pero los vecinos claman por la toma de medidas «contundentes»

«Tú mira… ¡Mira! ¡Todavía se ve la goma ahí, pegada al asfalto!». La persona que, en la mañana de este martes, profería esa frase -y que, por prudencia, prefiere preservar su anonimato- lo hacía entre exclamaciones de sorpresa y con un deje de ira en la voz, sin dejar de señalar con el dedo las múltiples marcas de neumáticos que, efectivamente, ‘decoran’ el firme de la AS-356. Son el vestigio de las frecuentes carreras ilegales que se celebran allí, en la sinuosa carretera que conecta la parroquia de Somió con el Infanzón. Unas competiciones a la vez molestas y peligrosas, denunciadas por los lugareños una y otra vez desde hace años, y que, el pasado domingo, volvieron a irse de las manos de los improvisados corredores, degenerando en un suceso que podría haber sido trágico. Alrededor de las siete de la tarde, a pocos metros del bar La Cuesta del Infanzón, dos turismos que circulaban en direcciones opuestas colisionaron frontalmente y se salieron de la vía, sin que, por el momento, haya trascendido si se registraron heridos. Testigos presenciales aseguran que el choque ocurrió ante la mirada de decenas de jóvenes, reunidos con sus vehículos en las proximidades del mencionado negocio hostelero, en el que es uno de los epicentros de esos duelos automovilísticos irregulares en Gijón. Y ha bastado eso para que el clamor vecinal haya vuelto a alzarse, exigiendo a las Administraciones medidas «contundentes» para acabar con tales prácticas.
«Llevamos años reclamando que se haga algo, y no hay manera; no se hace lo suficiente», se quejaba la persona antes mencionada, quien presenció los últimos compases de un operativo, el del domingo, que requirió el despliegue de una UVI móvil y de varios agentes de la Policía Local. En su memoria, como en la de muchos otros habitantes de Gijón, sigue vivo el recuerdo de la reciente tragedia de Somonte, ocurrida en enero cuando un corredor ilegal perdió el control de su coche mientras practicaba drifting -técnica de conducción que consiste en deslizarse de costado, y a altas velocidades, al tomar una curva, a modo de derrape-, y se llevó por delante a varios espectadores, hiriendo a nueve de ellos; algunos, de gravedad. Una lección que, sin embargo, los habitantes de la zona lamentan que no se haya asimilado; ni entre los participantes en tales citas, ni entre el público que las presencia, ni tampoco entre las Administraciones. «¿Qué tiene que pasar para instalar en ese punto un triste badén?», plantea otra vecina, harta de tener que convivir, de forma recurrente, con el problema. Porque ya no se trata solo del estruendo de los motores, o del riesgo de que se dé una desgracia de mayor gravedad. Es que, incluso, «los que van a esas carreras, como te vean sacando fotos, tratan de intimidarte; se te ponen al lado y empiezan a acelerar, para meter miedo. Hacen lo que quieren, y nadie les para los pies».

Claro, que esa última afirmación no es del todo exacta. Consciente de lo jugosa que es esa carretera para quienes disfrutan de la velocidad, el Principado instaló allí una serie de badenes. Una decisión a celebrar, de no ser por un ‘pero’ en el que coinciden muchas voces de la zona: que dichos badenes están en un tramo inferior al de la curva, alejados del lugar más frecuentado por los corredores, sin que causen más efecto que «molestarnos a nosotros, los vecinos… Que no somos los que hacemos carreras, precisamente». Por si no fuese suficiente, tampoco es que intentos pasados por replicar esa estrategia más cerca de la ‘zona cero’ surtiesen efecto. Tal como relata otro habitante y afectado, «hará unos cinco o seis años pusieron otro badén delante del bar, que es donde los chavales se concentran para competir; al poco ellos mismos lo arrancaron y lo quitaron, y no se volvió a poner». De ahí que la demanda colectiva -a menudo canalizada a través de la Asociación Vecinal ‘Fontevilla’ de Cabueñes– sea desplegar tácticas más activas y, por ende, efectivas. «Creo que todos pensamos en una mayor presencia policial en la zona; eso sería lo que funcionaría, y ojalá acabe pasando», concluyen los lugareños.