El cuerpo fue trasladado en un helicóptero de la Guardia Civil hasta Fuentes de Invierno, y ya se encuentra en dependencias del Instituto de Medicina Legal de Asturias, en Oviedo, donde se le practicará la autopsia

Asturias sigue conmocionada desde que, en los primeros momentos de esta tarde, se anunciase el hallazgo del cuerpo sin vida de Ramón González, el ovetense de 52 años al que se buscaba desde la madrugada del martes en el entorno de San Isidro, y que era encontrado por agentes de la Guardería del Medio Natural cerca del refugio de montaña de Brañagallones, en Caso. A estas horas, el cadáver ya descansa en dependencias del Instituto de Medicina Legal de Asturias, a la espera de que se le practique la autopsia que esclarezca con precisión las causas de su muerte. Sin embargo, según han notificado fuentes oficiales de la Guardia Civil, todas las pruebas observadas hasta el momento apuntan a una caída desde una altura de casi cien metros. Un hecho que, más allá de las razones objetivas, ha sumido en el dolor a sus familiares y allegados; entre ellos, sus antiguos compañeros de la Brigada Central de Salvamento Minero de HUNOSA, de la que González fue miembro.
Fue alrededor de las 13 horas cuando los uniformados de Medio Rural dieron con el cuerpo, y de inmediato se desplazaron a la zona tanto efectivos del Servicio de Emergencias del Principado (SEPA), que solo pudieron certificar el fallecimiento del hombre, como miembros del instituto armado, encargados de asumir el control hasta el momento del levantamiento. De hecho, la retirada del cadáver, a cargo de agentes del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de Mieres, se demoró hasta las 14.45, una vez completados todos los análisis preliminares. Terminaba así, de manera trágica, un amplio despliegue activado a las 1.30 horas del martes, y en el que la esperanza fue una constante; sobre todo, después de que ese mismo día, solo cincuenta minutos después de activarse el dispositivo, el coche de González fuese encontrado al inicio de la senda de Wamba, en San Isidro.
Desde ese momento, y durante la jornada y media siguiente, medios tanto asturianos como castellanoleoneses, dependientes de diferentes organismos, se implicaron en la búsqueda, por tierra y por aire. Agentes del instituto armado, guías caninos, bomberos, sanitarios, guardas de Medio Natural y hasta voluntarios civiles peinaron cada metro de terreno en las escarpadas del lugar, asistidos desde el aire por helicópteros y drones. Todo ello, lamentablemente, solo para certificar el fatal desenlace.